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miércoles, 30 de diciembre de 2020

 Hoy los tiempos no son propicios para el nacimiento de la individualidad. El encadenamiento de todo con todo es la gran hora del conformismo.


La mayor parte de las cosas que descubría le gustaban. Y le gustaba también lo que lograba. Si esto no agradaba a los demás, a la postre le daba igual. El tiempo de la vida le parecía demasiado valioso para dilapidarlo con los críticos. «El adversario no se toma en consideración», dijo una vez.


«Extraer de los objetos comunes una faceta poética»

martes, 29 de diciembre de 2020

"Sería una pena que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o parecieran hombres" (Virginia Woolf)

los libros son la continuación unos de otros a pesar de nuestra costumbre de juzgarlos por separado

las novelas son tan a menudo un sedante y no un estimulante, y la sumen a uno en sueños pesados en vez de despertarla con una antorcha encendida,

Para empezar, recorrí con la vista la página de arriba abajo. Voy a atrapar primero el ritmo de sus frases, me dije, antes de cargar la memoria con ojos azules y negros y con las relaciones posibles entre Chloe y Roger. Será tiempo cuando haya decidido si tiene en la mano una pluma o una piqueta.

Porque mientras Jane Austen va de melodía en melodía como Mozart de canto en canto, leer estas páginas era como estar en un bote en alta mar. Primero uno subía, luego se hundía. Esta concisión, esta falta de aliento puede significar que tenía miedo de algo; miedo, tal vez, de que la llamaran «sentimental»; o quizá recordaba que los escritos de mujeres han sido llamados floridos, y ella por consiguiente suministra una superabundancia de espinas;

elogiar el propio sexo es siempre sospechoso, y a veces tonto;

Sería una pena que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o parecieran hombres, porque si apenas dan abasto dos sexos, considerando la amplitud y variedad del mundo, ¿cómo nos manejaríamos con uno solo? ¿No debe la educación desarrollar y reforzar las diferencias, más bien que las similitudes? Porque ya demasiado nos parecemos, y si un explorador pudiera volver con noticias de otros sexos, atisbando otros cielos a través de las ramas de otros árboles; nada sería de mayor servicio a la humanidad; y de yapa tendríamos el placer de ver al Profesor X empuñando sus varas de medir y demostrándose «superior».




De veras temo que sucumba a la tentación de ser la rama menos interesada de la especie: la novelista realista, no la contemplativa. 

las novelas, sin quererlo, mienten inevitablemente

en la imaginación yo había entrado en una tienda; estaba embaldosada en blanco y negro; estaba empavesada con cintas de colores azarosamente hermosos. Pensé que bien podía Mary Carmichael echarle un vistazo al pasar, porque era un espectáculo no menos digno de la pluma que una cumbre nevada o que un desfiladero rocoso en la cordillera.

nadie en su sano juicio le aconsejaría el deliberado escarnio y la burla: la literatura ha demostrado la futileza de lo que se escribe con ese propósito. Sé veraz, le diría, y el resultado tiene que ser interesantísimo. Se enriquecerá la comedia. Se descubrirán nuevos hechos.

El hecho es que ni Mr. Kipling ni Mr. Glasworthy tienen una sola chispa de mujer. Por eso, todas sus cualidades le resultan a una mujer —si es lícito generalizar— toscas e inmaduras. Carecen de poder sugestivo. Y cuando un libro carece de poder sugestivo, no puede penetrar en la mente por más que golpee la superficie.

Las personas, a medida que crecen, dejan de creer en «lados» o en Directores o en copas de lo más artísticas. Por lo demás, en lo concerniente a libros, es notoriamente difícil pegar etiquetas de mérito de modo que no se despeguen. ¿No son acaso las notas bibliográficas de literatura corriente una perpetua demostración de la dificultad de juzgar? «Este gran libro», «este libro nulo»; se aplican los dos nombres a un mismo libro. Elogio y vituperio nada significan. No, por delicioso que sea el pasatiempo de medir, es de todas las ocupaciones la más inútil, y someterse a los decretos de los mensores, la más servil de las actitudes. Escribir lo que uno quiere escribir, es lo único que importa, y que eso importe por siglos o por horas, es lo de menos. Pero sacrificar un pelo de la cabeza de su visión, un matiz de su color, para complacer a algún Director con una copa de plata en la mano, o a un profesor con una vara de medir en la manga, es la más abyecta traición, y el sacrificio de la fortuna y de la castidad, que se consideraba el mayor de los desastres humanos, es en comparación una simple picadura de pulga.

Porque los libros influyen unos en otros. La novela será mucho mejor si se codea con la filosofía y los versos.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Las madres no deben morir nunca

Las madres no deben morir nunca

nunca

las madres no deben morir

Dios, escucha

no puede, no debe

esa anciana hermosa

con cabellos de plata 

y arrugas de amor

esa hermosa mujer

no debe morir nunca

nunca

escucha, Dios

no puede ser

Tu madre no murió

oh Dios, escucha

que ya no muera más ninguna

ninguna

ya no

nunca más

La manipulación del lenguaje

La principal manipulación es la del lenguaje, y ella es la primera (y casi la única) que se debe combatir. Quien desea engañar, arrimar el ascua a su sardina, distorsiona las palabras, las emplea de modo falaz.

Ejemplo: democracia, que significa gobierno del pueblo. 

El pueblo no existe, es una abstracción. Existen personas, ciudadanos concretos. Una abstracción no puede gobernar y, de hecho, no ha gobernado nunca. Puede gobernar un representante del pueblo, esto es, de los ciudadanos, de los que poseen derecho a voto, o sea, de parte de los ciudadanos. Un representante representa, hace presente a alguien. Pero normalmente un político, al menos en España, no es tanto representante de sus votantes como delegado de su partido, plataforma que se interpone y a menudo opaca a los ciudadanos. 

De modo que una democracia es un régimen político donde toman las decisiones unos individuos que siguen más las directrices de una estructura piramidal llamada partido que las de los ciudadanos que les han votado. Nos acercamos a concluir que una democracia (a la española) es más bien una partitocracia, esto es, una oligarquía: un consorcio de grupos oligárquicos llamados partidos. Se llama democracia a una oligarquía. He aquí el engaño. 

El engaño es llamar a una cosa por otra, no el hecho de que gobiernen unos pocos que se disputan el poder. Porque eso: unos pocos que se disputan el poder es la única forma de gobierno posible en la sociedad humana. No en vano Ronald Syme escribió que todo régimen político es oligárquico "se llame como se llame". 

Solo en grupos reducidos puede hablarse realmente de democracia, en el sentido de que los electores conocen a los elegidos (sin mediación de pantallas), y pueden conocer la realidad de su gobierno (sin propagandistas). Véase una comunidad de vecinos, un pueblo muy pequeño, un departamento universitario... Cuando desaparece esa cercanía y conocimiento entre votante y votado es imposible que haya democracia: hay populismo, dirección de masas, publicidad engañosa, políticas coercitivas, mercadotecnia y mil cosas más. 

El sufragio directo suele ser una pantomima. Véase el caso del Brexit. Se pregunta a los ciudadanos por un proceso del que ni siquiera los parlamentarios conocían bien las consecuencias. Es un insulto a la inteligencia plantear a una masa de millones de personas una pregunta simple con una respuesta bipolar (sí, no), cuando casi ninguna política es simple ni puede ser refrendada por una respuesta simple. También es ridículo que una grave decisión se solvente con una mitad más uno de los votos (caso de un referéndum de independencia), cuando ni siquiera un simple examen puede cambiar de fecha con solo un alumno que se oponga. 

La falacia de identificar democracia y partitocracia se salda con un sinfín de despropósitos, con el espejismo de que el pueblo (lo no existente) es quien lleva las riendas de la sociedad (algo completamente imposible).




sábado, 26 de diciembre de 2020

Eutanasia, una ley injusta

 Antonio Barnés. Doctor en Filología.

 

No existe el derecho al suicidio asistido porque no existe el deber de matar a un inocente.

No hay derecho sin deber correlativo. Si existe derecho a la educación es porque padres y gobernantes poseen el deber de proveer a ese derecho. Los derechos no son palomas que salen de un sombrero por obra de un prestidigitador, responden a hechos, se relacionan con deberes. Nadie puede exigir que se le ayude a suicidarse porque pues nadie está obligado a facilitarlo, por mucha compasión que pueda sentir. Existe el deber de socorro, pero no el deber de homicidio, aunque se le denomine con el eufemismo de eutanasia (buena muerte). No hay buena muerte sin justicia, y justicia es la voluntad de dar a cada uno lo suyo. Lo “suyo” del enfermo o del moribundo es la medicina, el afecto, la compañía, los cuidados paliativos, desarrollados eficazmente en la actualidad.

No es bueno el encarnizamiento terapéutico, ni se puede obligar a emplear medios desproporcionados para mantener la vida, pero no es lícito quitar la vida de nadie por acción u omisión simplemente porque el interesado (o sus familiares o facultativos) lo solicite.

Una ley de eutanasia es un abuso de poder, pues ninguno, tampoco el Estado, posee un derecho de vida o muerte sobre los ciudadanos.

La ley de eutanasia es ilegal. No es recta ordenación de la razón: es desorden torcido de un falso sentimiento de compasión, que encubre el afán de aligerar el erario público, disminuir el número de comensales, enriquecer a trabajadores de la muerte... Y no está dirigida al bien común. La eutanasia no protege al enfermo ni al moribundo. Los pone entre la espada y la pared, los conmina a solicitar su eliminación, los acucia con conciencia de sobrantes.

La eutanasia constituye un abuso de parlamentarios que han perdido el norte, que se sienten investidos del derecho a decidir sobre el bien y el mal, que suplantan el papel de Dios. La eutanasia atenta contra la dignidad de la vida humana. Cierra el círculo abierto con el aborto, hace ya 35 años en el caso de España. El legislador se juzga autorizado para promover la eliminación de seres humanos antes de su nacimiento, y ahora el homicidio con excusa de compasión y de una libertad mal entendida.

La eutanasia pervierte la medicina, la profesión médica. Un médico es un sanador, no un verdugo. La medicina conlleva sentido de justicia. Eso significa, en latín, la palabra “medicus”: el que indica lo que es justo, lo que está en el “medio”: entre la crueldad (encarnizamiento) y la compasión homicida (eutanasia). ¿Dónde están los médicos ante la ley de eutanasia? ¿Dónde está el juramento hipocrático? ¿Dónde sus protestas, sus manifestaciones, sus movilizaciones, sus proclamas? ¿O es que solo les interesa el sueldo? En esto no les aplaudo.

Hace unos años, en una mesa redonda que yo moderaba, un profesor de filosofía del derecho defendía la eutanasia argumentando que la libertad humana era absoluta. Qué disparate. ¿Cómo ha de ser absoluta una dimensión de un ser limitado y contingente como es el hombre? ¿Acaso nos hemos dado la vida, hemos decidido en qué lugar y hora nacer? ¿Acaso somos inmortales? La libertad del hombre es finita como finito es el hombre. Un ser humano puede decidir suicidarse, jamás exigir que se le ayude a hacerlo. ¿O se busca en la ley la aquiescencia que la conciencia no puede dar? Y si la libertad de un hombre es absoluta, también lo es la de todos los demás hombres, que pueden negarse a satisfacer la petición de su congénere. ¿O es que el Estado debe subvenir a cualquier necesidad emanada de una pretendida libertad absoluta? ¿Y si la libertad absoluta proclama la necesidad de eliminar a judíos o a propietarios, el Estado ha de complacer también a nazis y comunistas?

Un partido que promueve la eutanasia es un partido totalitario, que en lugar de gobernar, dirigir la nave, se erige en Leviatán, absorbe el papel de sumo pontífice y, como tal, decide sobre la vida y la muerte. Los votantes de estos partidos son corresponsables: si conscientes, por conscientes; si inconscientes, por borregos, tontos útiles de una partitocracia deplorable, revestida de democracia.

La eutanasia es una ley gravemente injusta. Legislarla sin escuchar a expertos (como ha hecho el Parlamento español) es antidemocrático. Aprobarla en tiempo de pandemia es obsceno. Injustos, antidemocráticos y obscenos son calificativos atribuibles también a los votantes de esos partidos, si no exigen una rectificación.




miércoles, 23 de diciembre de 2020

El sueño de la tecnología es reconstruir al ser humano a través de la imagen

 



El hombre, deslumbrado consigo mismo, fabrica su doble, su espectro inteligente, y confía la tesaurización de su saber a un reflejo. Una vez más estamos en el ámbito de la ilusión cinemática, del espejismo que produce la precipitación de la información en la pantalla del ordenador. Pero lo que se ofrece es justamente información, no sensación: se trata de la apátheia, esa impasibilidad científica que hace que cuanto más información está el hombre, tanto más se extienda a su alrededor el desierto del mundo. La repetición de la información (ya conocida) perturbará cada vez más los estímulos de la observación extrayéndolos automática y rápidamente no sólo de la memoria (luz interior) sino, ante todo, de la mirada, hasta el punto de que, a partir de entonces, la velocidad de la luz limitará la lectura de la información y lo más importante en la electrónica informática será lo que se presenta en la pantalla y no lo que se guarda en la memoria.

"Ver desfilar un paisaje por la ventanilla del vagón y del coche o mirar la pantalla del cine y del ordenador como se mira a través de una ventanilla, a menos que el vagón o la cabina se transformen a su vez en salas de proyección...ferrocarril, coche, jet, teléfono, televisión...nuestra vida entera transcurre en las prótesis de los viajes acelerados, de los que ya ni siquiera tenemos conciencia... 'la necesidad de peregrinación ha terminado por colocar la fijeza de la vida en el desplazamiento' "

Gaston Rageotm L´homme standard, extraído de VIRILIO, Paul, Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988, pág 68-69

***

La industria del cine entrará en crisis cuando deje de producir días ficticios y aspire a la verosimilitud.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Un poema de Gastón Baquero

 La esperanza

Recuerdo siempre al moribundo aquel,
el que prorrogaba su vida contemplando una rama,
al extremo de la cual, sólo quedaba una hoja,
nada más que una hoja resistiendo el cierzo
y a la tramontana: una hoja empeñada en no morir.

El moribundo asombraba todos los días a los doctores,
a los que no conocían el secreto de su resistencia,
a los que no veían la trama urdida en silencio,
entre la hoja tenaz y el moribundo, olvidado de morir

Siempre, siempre recuerdo al moribundo aquel,
mirando desde su lecho, tras la ventana, la hoja solitaria,
desafiando las leyes de la duración humana,
viviendo cuando todos, médicos y sacerdotes,
tenían decidido que aquello había terminado. Definitivamente.

Y su apresurada viuda, con largos velos y lágrimas,
y sus dulces herederos, formados ante el notario,
compungidamente;
todos coincidían en pensar que era excesiva tanta persistencia:
coincidían los sabios doctores con los no afligidos deudos
y con los parsimoniosos sacerdotes.

Braceaban todos a uno en el gran desconcierto,
de una vida escapándose a la vieja costumbre de perecer.
Porque no sabían que una débil hoja indicaba el camino
y el moribundo resistía, insistiendo en vivir,
humillando el sentido común de los sagaces,
mortificando el prestigio de quienes, en asuntos de esos,
poseían una larga autoridad y una irrefutable experiencia.


Eso,

 eso es la esperanza,
la esperanza es un pavo real disecado,
que canta incesante en el hombro de Neptuno.




viernes, 18 de diciembre de 2020

así como el filántropo representa el castigo de la esfera ética, el castigo de la esfera intelectual es el hombre tan ocupado siempre en la educación de los demás, que no ha tenido nunca tiempo de consagrarse a la suya.

 Inglaterra no será nunca civilizada mientras no anexione la Utopía a sus dominios. Podría cambiar ventajosamente alguna de sus colonias por tan hermosa comarca. Necesitamos gentes imprácticas que vean más allá del momento y piensen más allá de la época. Los que intentan guiar al pueblo sólo pueden lograrlo siguiendo al populacho. Los senderos de los dioses se preparan únicamente por la voz de alguien que predica en el desierto. Puede que crea usted que el hecho de observar y de contemplar, por el mero placer de hacerlo, es egoísta. Aunque crea usted eso, no lo diga.

Rendir culto al sacrificio es cosa que seduce a una época tan egoísta como la nuestra. Sólo una época tan avara como esta en que vivimos puede colocar por encima de las bellas virtudes intelectuales esas otras bajas y emocionales que le reportan un beneficio práctico inmediato.

Oscar Wilde en El crítico artista.


así como el filántropo representa el castigo de la esfera ética, el castigo de la esfera intelectual es el hombre tan ocupado siempre en la educación de los demás, que no ha tenido nunca tiempo de consagrarse a la suya.

hay mucho que decir en favor del periodismo moderno.
Facilitándonos las opiniones de gente inculta, nos advierte de la ignorancia de la sociedad. Relatando cuidadosamente los sucesos corrientes de la vida contemporánea, nos muestra su ínfima importancia. Discutiendo invariablemente sobre lo inútil, nos hace comprender lo que es necesario para la cultura intelectual y lo que no lo es.

***

Inglaterra hizo una cosa: inventó y estableció la Opinión Pública, lo cual era un ensayo para organizar la ignorancia de la sociedad, elevándola a la dignidad de fuerza física. Pero la Sabiduría sigue estando oculta para ella. Como instrumento de pensamiento, el espíritu inglés es tosco y limitado, únicamente el progreso del instinto crítico puede purificarlo. Y es asimismo la crítica la
que hace posible, por concentración, la cultura intelectual. Coge el montón entorpecedor de obras creadoras y lo destila en una esencia más delicada.
¿Quién, dotado de cierto sentido de la forma, podría moverse entre tantos libros monstruosamente innumerables como ha producido el mundo y en los que el pensamiento balbuce y la ignorancia vocifera? El hilo que debe guiarnos por ese fastidioso laberinto está en manos de la crítica.

***

ERNEST.- Usted ha hablado esta noche de cosas muy extrañas, querido Gilbert. Me ha dicho usted que es más difícil hablar de una cosa que hacerla, y que no hacer absolutamente nada es lo más difícil que hay en el mundo; me ha dicho usted que todo arte es inmoral, todo pensamiento peligroso; que la crítica es más creadora que la creación misma, y que la crítica más sublime es la que revela en la obra de arte lo que el artista no ha puesto en ella; que precisamente porque un hombre no puede hacer una cosa es por lo que es el juez perfecto para ella; y que el verdadero crítico es parcial, falto de sinceridad e ilógico en muchas ocasiones. Amigo mío, creo que usted es un auténtico soñador.
GILBERT.- Sí, lo admito. Soy un soñador. Porque sólo el que sueña puede hallar su camino bajo la luz de la luna y, como castigo, ve la aurora antes que el resto de los mortales.
ERNEST- ¿Como castigo?
GILBERT.- Sí, y también como recompensa.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

"no hay arte dotado de belleza sin conciencia de sí mismo", y la conciencia de sí mismo y el espíritu crítico son una sola cosa.

 Los griegos han sido quienes nos han legado todo nuestro sistema de crítica de arte; y podemos apreciar la delicadeza de su instinto por el hecho de que el arte que criticaban con el mayor cuidado era, repito, el lenguaje. Porque la materia que emplean los pintores y los escultores es pobre comparada con las palabras. Las palabras no sólo poseen una música tan dulce como la de la viola y el laúd, colores tan ricos y vivos como los que nos hacen adorables los lienzos de los venecianos o de los españoles, y una forma plástica tan cierta y segura como la que se revela en el mármol o en el bronce, sino que sólo ellas poseen el pensamiento, la pasión y la espiritualidad. Aunque los griegos no hubieran hecho más que la crítica del lenguaje, no por eso dejarían de ser los más grandes críticos de arte del mundo; pues conocer los principios del arte supremo es conocer también los principios del resto de las artes.


"no hay arte dotado de belleza sin conciencia de sí mismo", y la conciencia de sí mismo y el espíritu crítico son una sola cosa.

***

no hay arte sin estilo, no hay estilo sin unidad, y la unidad pertenece al individuo. Evidentemente, Homero utilizó viejas narraciones y antiguas baladas, lo mismo que Shakespeare eligió crónicas, obras de teatro y novelas como elementos de  trabajo; pero estas cosas sólo fueron la materia en bruto de su obra. Las tomó y las modeló en cantos, Las hizo suyas porque las revistió de belleza. Fueron construidas con música, "y de esta manera, sin intención de construir nada, quedaron construidas para la eternidad". Cuanto más se estudia la vida y la literatura, mi querido amigo, más hondamente se siente que, detrás de todo lo que es maravilloso, está el individuo, y que no es el momento el que hace al hombre, sino el hombre el que define su época.

***

ERNEST.- No me mal interprete, querido amigo; pero creo que se deja usted llevar demasiado por su pasión hacia la crítica. Ya que, después de todo, debe admitir que es mucho más difícil hacer algo que luego hablar de ello.

GILBERT.- ¿Más difícil hacer algo que hablar de ello? ¡Todo lo contrario!

Incurre usted en un grave error. Es infinitamente más difícil hablar de una cosa que hacerla. Es más, la vida moderna es un claro reflejo de esto que le digo: cualquiera puede hacer historia. En cambio, sólo un gran hombre puede escribirla. No hay ninguna forma de acción o de emoción que no compartamos con los animales que nos son inferiores. Únicamente por la palabra nos hallamos por encima de ellos, o nos elevamos, entre los hombres, unos sobre otros, únicamente, por el lenguaje, que es la causa y no la consecuencia del pensamiento. La acción siempre es fácil, y cuando se presenta a nosotros bajo su forma más grave, por ser la más continua, es decir, bajo la del trabajo real, se convierte simplemente en el refugio de la gente que no tiene absolutamente nada que hacer. No, Ernest; no hable usted de la acción. Es una cosa ciega, sometida a influencias exteriores, movida por un impulso cuya naturaleza desconoce ella. Es una cosa esencialmente incompleta, puesto que está limitada por el azar y desconoce su destino y jamás está de acuerdo con su finalidad. Su origen es la falta de imaginación. Se trata del último recurso para aquellos que no saben fantasear.

***

El hombre, cuando actúa, no es más que una marioneta. Cuando describe es un poeta. Todo el secreto consiste en eso.

***

Las cosas fáciles de comprender son las únicas que no valen la pena de contemplarse.

lunes, 14 de diciembre de 2020

No se puede juzgar una obra de arte nada más que por las leyes que la han inspirado: todo se reduce a saber si sus diferentes partes se armonizan entre sí.

 "No se puede juzgar una obra de arte nada más que por las leyes que la han inspirado: todo se reduce a saber si sus diferentes partes se armonizan entre sí."

Thomas Griffiths Wainewrigth, en Pluma, lápiz y veneno (Oscar Wilde)


"Los pueblos -dicen deben
tener siempre cerca obras maestras."

La idea de describir un poema en prosa, inspirado en un cuadro, es excelente. Gran parte de la mejor literatura moderna lo pretende. En un siglo prosaico, pero inteligente, las artes desean inspirarse en las artes gemelas y no en la vida.

domingo, 13 de diciembre de 2020

El realismo como método, es un completo fracaso, y el artista debe evitar la modernidad en la forma y también la modernidad del tema.

 El Arte no se expresa más que a sí mismo. Tiene una vida independiente, como el pensamiento, y se desarrolla puramente en un sentido que le es peculiar. No es necesariamente realista en una época de realismo, ni espiritual en una época de fe. Lejos de ser creación de su tiempo está generalmente en oposición directa con él, y la única historia que nos ofrece es la de su propio desarrollo. A veces vuelve sobre sus pasos y resucita en alguna forma antigua, como sucedió en el movimiento arcaico del último arte griego y en el movimiento prerrafaelista contemporáneo. Otras veces se adelanta a su época y produce una obra que otro siglo posterior sabrá comprender y apreciar. En ningún caso representa su época. Pasar del arte de una época a la época misma es el gran error que cometen todos los historiadores.

La segunda doctrina es ésta. Todo arte mediocre proviene de una vuelta a la Vida y a la Naturaleza y de haber intentado elevarlas a la altura de ideales. La Vida y la Naturaleza pueden ser utilizadas a veces como parte integrante de los materiales artísticos: pero antes deben ser traducidas en convenciones artísticas. Cuando el arte deja de ser imaginativo, fenece. El realismo como método, es un completo fracaso, y el artista debe evitar la modernidad en la forma y también la modernidad del tema. A nosotros que vivimos en el siglo diecinueve, cualquier otro siglo, menos el nuestro, puede ofrecer un asunto artístico apropiado. Las únicas cosas bellas son las que no nos afectan personalmente. Citando gustoso, diré que precisamente porque Hécuba no tiene nada que ver con nosotros, es por lo que sus dolores constituyen un motivo trágico adecuado. Además, lo moderno se torna anticuado siempre. Zola se sienta para trazarnos un cuadro del Segundo Imperio. ¿A quién le interesa hoy el Segundo Imperio? Está pasado de moda. La vida avanza más deprisa que el Realismo; pero el Romanticismo precede siempre a la vida. 

La tercera doctrina es que la Vida imita al Arte mucho más que el Arte  imita a la Vida. Lo cual proviene no sólo del instinto imitativo de la Vida, sino del hecho de que el fin consciente de la Vida es hallar su expresión, y el Arte le ofrece ciertas formas de belleza para la realización de esa energía. Esta teoría, inédita hasta ahora, es extraordinariamente fecunda y arroja una luz enteramente nueva sobre la historia del Arte. De todo ello deducimos, a modo de corolario, que también la Naturaleza exterior imita al Arte. Los únicos efectos que puede mostrarnos son los que habíamos visto ya en poesía o en pintura. Este es el secreto del encanto de la Naturaleza y asimismo la explicación de su debilidad.

La revelación final es que la Mentira, o sea, el relato de las cosas bellas y falsas, es la finalidad misma del Arte. Pero ya he hablado de esto bastante. Ahora, salgamos a la terraza, donde "el pavo real blanco muere como un fantasma", mientras la estrella nocturna "baña de plata el gris cielo". Al caer la oscuridad, la Naturaleza es de un efecto increíblemente sugestivo y lleno de belleza, aunque quizá sirva sobre todo para ilustrar citas de poetas. ¡Vamos! Ya hemos hablado suficiente.

en Intenciones (Oscar Wilde).



miércoles, 2 de diciembre de 2020

La Ifigenia de Antonio Barnés

 Notae Tironianae




No llega tu ángel, Ifigenia

que descubra tus bellos ojos

cubiertos por la venda

que desate tus manos delicadas

y libere tus pies de las argollas

para que bailen sobre los talones.

No llega tu ángel, Ifigenia

que frene el puñal sobre

tu pecho

que busque un cabrito

para el sacrificio.

Ifigenia, no llega tu ángel

¿me dejas serlo?




sábado, 21 de noviembre de 2020

la poesía se hace o es fundamentalmente experiencia de la interioridad de la palabra

 


La palabra poética, la palabra del verso, "es de tal naturaleza que no conlleva, al menos en el uso normal del término, ninguna información. Palabra, en efecto, que no reconoce finalidad ni se sujeta a intención. No comunica propiamente, sino que convoca o llama hacia el interior de sí. Y de ese modo, la poesía se hace o es fundamentalmente experiencia de la interioridad de la palabra." p. 25.

 



 

viernes, 13 de noviembre de 2020

La lectura una buena compañera en la pandemia / Rosario Paniagua

 ¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer! (Marcelino Menéndez Pelayo) 


Siempre, y en este tiempo más si cabe, el hábito de leer debe estar presente en nuestra vida, lo consideramos de vital importancia en lo que supone de enriquecimiento del espíritu y “vivir sabiendo”, este es nuestro propósito. Decía Juan Ramón Jiménez: “…Por el pueblo pasa una racha de aire puro, los días son suaves, templados, la paz del campo, la amistad, el reposo, la música, la lectura …” Una buena lectura nos permite superar los límites del espacio y del tiempo, porque encierra todo el misterio y la luz del mundo. Duhamel en su obra la Defensa de las letras decía: “ El libro es el amigo de la soledad, nutre a la persona, lo libera de malos pensamientos, en la lectura solitaria el hombre que se busca así mismo, tiene bastantes posibilidades de encontrarse. La vida agitada, que se ha visto interrumpida por esta dura situación, es enemiga de la lectura, porque no es sosegada no es contemplativa. Se ha perdido mucho silencio con la radio, la televisión, internet, los móviles, todo ello es enemigo del reposo y la calma. El tiempo, aunque sea poco, para leer no debe faltar a nadie, ha de ser necesario, imprescindible para nuestro recreo y cultivo del ocio; se necesita de un libro como del aire y los alimentos, si se aspira a una vida rica en calidad y crecimiento. Siempre un libro en la mesilla, en el cuarto de estar, en el bolso. El tiempo dedicado a la lectura, beneficia también a los demás, porque al enriquecernos personalmente contribuimos, sin darnos cuenta, a la mejora de los próximos por extensión. Es una contradicción, de alguna manera, afirmar que la vida actual no favorece la lectura, precisamente cuando hay más material que nunca y la oferta es enorme; se puede constatar al pasar por las numerosas librerías que pueblan nuestras ciudades. Los jóvenes deben ser enseñados a leer desde sus primeros años, como el deporte o los hábitos de vida sana, se asimilan mejor desde la infancia. Al gustar de la buena literatura, sólo encontraremos beneficios, también propicia la comprensión de otros pueblos, otras culturas, de ahí que tenga un efecto conciliador indudable, se agranda el mundo y las fronteras del conocimiento. Leemos en el artículo X de la Carta del Libro de la Constitución de la UNESCO: En la mente de los hombres es donde debe erigirse el baluarte de la paz. El libro constituye una de las principales defensas de la paz y la unión entre los pueblos, tiene una gran influencia en la creación de un clima intelectual de amistad y mutua comprensión. Todos los que tengan que ver con los libros, tienen la obligación de velar para que sus contenidos favorezcan el desarrollo de las capacidades individuales de las personas, el progreso de los pueblos, la comprensión entre ellos y la paz. Las barreras entre las personas podrán superarse, entre otras cosas, desde la perspectiva de la lectura, basada en el desarrollo creciente del sentido crítico, que en el fondo es un propósito de comprensión y aproximación entre los hombres y los pueblos.” Además, con la lectura, entramos en contacto con facetas de nuestra personalidad que tal vez desconocíamos y esto nos hace crecer, y se enriquece nuestro propio conocimiento. De este modo experimentamos la inmersión en otro mundo, como una experiencia altamente gratificante, al sentir que la lectura hace mucho bien en el desarrollo personal y espiritual. ¡Abramos un buen libro y comencemos la aventura! Merece la pena… Aunque no se puede abarcar todo el saber que encierran los libros, la aproximación a ellos ya es una aventura en la que vale la pena adentrarse. El mundo que presenta el libro relativiza el mundo concreto en el que vivimos, nos hace entrar en otro, y mirar con sana distancia la vida cotidiana, desata tensiones a la que a menudo nos vemos sometidos en el vivir diario. Somos parte de un universo más amplio, y mucho de ese universo está en los librosLeer es una necesidad que puede convertirse en un auténtico placer, la lectura es un barómetro de la calidad de vida de las personas y de los pueblos. Flaubert, novelista francés daba este consejo “leer para vivir”. Leer es un arte que necesita aprendizaje, no se nace lector; cuando se descubre el placer de leer, se suele ejercer una sana pedagogía hacía otros, invitándoles a seguir este camino fascinante. No cabe duda que la lectura tiene un efecto muy positivo para todos, hay que encontrar el gusto por ella, elegir bien y ser constantes en la práctica de leer… Decía Kafka que “un libro es el hacha para el mar congelado que hay en nosotros”. En el antiguo Egipto los faraones escribían sobre las puertas de las bibliotecas “sanatorio de almas. Ha habido importantes experiencias terapéuticas en hospitales, desde la apertura de bibliotecas en las salas de los más enfermos, lo que se llama biblioterapia. Leer es una magnífica autoayuda y reactiva procesos curativos. Frente al libro estamos inmersos en una calma absoluta, en un acto de olvido de lo cotidiano y deslizamiento a otra realidad, una inmersión en la profundidad de nuestro yo. Acabo con unas preciosas reflexiones acerca de libro, como broche final a este artículo. El libro bueno es el amigo ejemplar que da todo y nada pide. El maestro generoso que no regatea su saber, y no se cansa de repetir lo que sabe. El fiel transmisor de la prudencia y la sabiduría antigua. El consuelo de las horas tristes…el sedante de nuestro dolor. El consejero de las grandes decisiones. El vigor en los momentos de flaqueza. Y después de todos estos beneficios tiene la humildad de volver en silencio a la estantería; no nos pide cuentas de lo que nos ha dado, y no nos guarda rencor si no somos agradecidos” (Gregorio Marañón). Ya que tenemos que aprender y/o reaprender tantas cosas nuevas con la situación que estamos viviendo todos y en todo el mundo, he querido señalar una habito muy saludable desde el convencimiento que un buen libro es un buen amigo.




viernes, 23 de octubre de 2020

solamente en el vacío existencial florece la libido sexual

Ni todo personaje literario es un enfermo psíquico ni el psicoanálisis es la única o la mejor de las terapias. La crítica literaria de corte freudiano es una intrusión de la psicología en la literatura que, más que aclarar, confunde. Distorsiona a los personajes, los neurotiza.

A no ser que se piense que la palabra de Freud es la más verdadera y definitiva sobre el hombre. Pero no es el caso.


Textos de Víktor Frankl y otros autores sobre el pensamiento freudiano

Freud quedó enmarañado en el ambiente, de un lado mojigato y lascivo de otro, que dominaba en su época, en la llamada cultura victoriana de terciopelo, y en segundo lugar, también en sentido formal, por cuanto todas sus concepciones se basan en un modelo mecanicista, que no por llamarle dinámico -usan­do un eufemismo- resulta un ápice más apro­vechable. (13)

A Max Scheler cabe el honor de haber sido el primero en llamar la atención sobre este punto álgido del psicoanálisis, es decir, sobre la aporía que representa este concepto de «censura de los sueños». La aporía consiste en que la instancia, que durante el sueño reprime, censura y sublima, no puede provenir en modo alguno de los instintos, porque éstos son justamente el quod u objeto de la inhibición y no pueden ser en consecuencia el «quien» o sujeto de la misma. A los alumnos que asisten a mis clases les suelo aclarar este punto, recordándoles que aún no se co­noce el caso de un río que haya construido su propia presa de contención. 

Pero no solamente en lo referente a la «Genealogía de la Moral» ha caído en error el Psicoanálisis, con su hipotética reducción de la misma a la represión de lo instintivo, también ha fallado en lo referente a la teleología que dirige la realidad psíquica, por cuanto el Psicoanálisis reduce el campo visual al suponer que el principio de la homeóstasis, tomado de la Biología, era vigente sin más, no sólo en el ámbito de la naturaleza, sino también en el de la cultura. Esto equivaldría a decir llanamente que el hombre está por naturaleza orientado, o lo que es lo mismo, que toda la actividad humana se puede dirigir a «liquidar y someter las magnitudes de estímulos o de excitaciones que, procedentes de dentro y fuera, llegan hasta él», a cuyo «intento sirve el aparato anímico» (S. Freud, Gesammelte Werke XI, 370). «Los conceptos fundamentales de la motivación humana están pensados por Freud en sentido de. la homeóstasis, es decir, Freud explica cualquier acción como encaminada al restablecimiento de un equilibrio perdido. Sin embargo, la hipótesis de Freud, basada en la Física de su tiempo, según la cual la única tendencia, fundamental y primaria, del ser vivo sería el relajamiento, no está de acuerdo con la realidad. El crecimiento. y la reproducción son fenómenos que se resisten a ser aclarados solamente a base del principio de la homeóstasis» (Charlotte Bühler, Psychologische Rundschau, t. VIII, 1, 1956).

En consecuencia, ni aun en el ámbito de lo puramente biológico tiene validez el principio de la homeóstasis, por no hablar de la dimensión psico-noológica del hombre. «El hombre que crea, por citar un ejemplo, instala lo que hace y lo que produce en una realidad positivamente concebida, mientras que en la tendencia a conservar un equilibrio, del que se acomoda a algo, la realidad es concebida de modo negativo» (1. c.). También Gordon W. Allport toma una actitud crítica y polemista frente al principio de la homeóstasis: «Motivation is regarded as a state of tenseness that leads us to seek equilibrium, rest, adjustment, satisfaction, or homeostasis. From this point of view personality is nothing more than our habitual modes of reducing tension. This formulation, of course, is wholly consistent with empiricism's initial presupposition that man is by nature a passive being, capable only of receiving impressions from, and responding to external goals. This formula, while applicable to opportunistic adjustments, falls short of representing the nature of propriate striving. The characteristic feature of such striving is its resistance to equilibrium, tension is maintained rather than reduced».

(15-17)

Cfr. J. H. SCHULTZ: «Es una deplorable moda de nuestro tiempo la de creer que la Psicoterapia "autén­tica" ha de ser siempre Psicoanálisis. Tales afirmaciones dan como cosa cierta, la opinión, completamente erró­nea, de que una neurosis en el fondo no es sino... una actitud fallida, que proviene, en todo caso, de la pri­mera infancia y que ha arraigado con la correspondiente profundidad en la personalidad, y que, por tanto, cualquier otro tratamiento psicoterapéutico significa sólo un sucedáneo de baja calidad, un tratamiento in­completo o una ilusión vana del médico, etc. Error tan pernicioso sólo ha podido tener su origen en ambientes científicos, donde se ha perdido por completo el contacto con la práctica médica corriente.» (Die seelische Krankenbehandtung, 7ª ed., Stuttgart, 1958, pág. 7.) (28)

Con otras palabras, es decir, con las del arzobispo coadjutor de Viena, doctor Franz Jachym, se podría decir: «No acabo de ver claro por qué razón haya de tener yo acceso a casa solamente por y a través del sótano y por qué toda reparación de la misma haya de efectuarse siempre comenzando desde abajo». Al traer esto a cuento nos viene a las mientes que ha sido el mismo Freud quien juzgó al Psicoanálisis del siguiente modo: «Yo me he parado en el subterráneo y en el parterre del edificio y no he salido de allí»; esto escribía en una carta a Ludwig Binswanger. (30 y 31)

Indudablemente que primero se ha de comenzar por poner en orden todo aquello que –si me es lícito expresarme así significa o representa las condiciones naturales de posibilidad para la existencia espiritual y personal del hombre; la equivocación está tan sólo en pretender localizar, de una manera tendenciosa y exclusivista, el origen de todas las perturbaciones en la zona de lo psíquico, como continuamente se viene haciendo. Esto equivaldría a localizarlas erróneamente, puesto que no solamente lo psíquico, sino tam­bién lo somático y lo noético pueden ser el origen de la enfermedad. Y el Psicoanálisis, desde el punto de vista de la etiología, es culpable de par­cialidad en dos aspectos, quiero decir, su hori­zonte visual está coartado por dos antiparras, sólo que no las lleva a la derecha y a la izquierda, sino una arriba y otra abajo, porque de un lado, al aferrarse a la psicogénesis, olvida la somatogénesis, y de otro la noogénesis de las afecciones neuróticas. (33)

Viktor E. Frankl. La idea psicológica del hombre. Rialp, Madrid, 1979.



Como queda dicho, el Psicoanálisis deja sin tocar no solamente la somatogénesis, sino también la noogénesis de las afecciones neuróticas; pero resulta que las neurosis no han de arraigar necesariamente en el complejo de Edipo, o en un sentimiento de inferioridad; también pueden asentarse en un problema de orden espiritual, sobre un conflicto moral, o bien en una crisis existencial.

El Psicoanálisis nos ha llamado la atención sobre la voluntad de placer, lo que podríamos llamar el principio de placer, y la Psicología individual nos ha hecho familiar el concepto de “voluntad de dominio”, bajo la forma de la tendencia a imponerse, a hacerse valer, pero mucho más profundamente está arraigado en el hombre lo que yo llamo la voluntad de sentido: sus esfuerzos por buscar un pleno sentido a su existencia.

Esta voluntad de sentido se presenta frecuentemente al psiquiatra de nuestro tiempo bajo la forma de su propia frustración. No solamente se da, pues, la frustración sexual, la frustración del instinto sexual, o en un sentido más amplio, de la voluntad del placer, sino también una frustra­ción existencial, como se llama en la Logoterapia, quiero decir, la sensación de la vaciedad o caren­cia de sentido de la propia existencia. Esta sensación acerca de la falta de sentido está muy por encima del sentimiento de inferioridad en lo que se refiere a la etiología de las afecciones neuróticas. El hombre de hoy padece no tanto bajo el sentimiento de tener, tal vez, menor valía que otro cualquiera, cuanto por la sensación de que su existencia carece de sentido. Y justamente, esta frustración es con frecuencia tan patógena, es de­cir, posible causa de afecciones psíquicas, como pueda serlo la tan inculpada frustración sexual. Con esto no está dicho, sin embargo, que ambos tipos de frustración hayan de ser nivelados con el mismo rasero o situados en el mismo plano, es decir, no se ha de cometer el error de equipararlas como cuando se equiparan religión y sexua­lidad, por ejemplo, en la sentencia de un librero que citó N. V. Peale: «Religion is much more po­pular than sex this year.»

El hombre que: padece esta frustración existencial no sabe de nada con lo que poder llenar su vacío existencial, como yo le llamaría. Decía Schopenhauer que la humanidad oscila entre dos polos: necesidad y aburrimiento. Pues bien: hoy día nos da más que hacer, incluso a nosotros los neurólogos, el aburrimiento que la necesidad; la necesidad sexual no ha de ser excluida, sino comprendida aquí-. Porque una y otra vez se pone de manifiesto que, bajo la apariencia de tal o cual caso de frustración sexual, lo que se esconde en realidad es la frustración de la voluntad de sentido: solamente en el vacío existencial, florece la libido sexual. (49-51)

Primeramente se entendió el hombre a sí mismo como una creatura, pero a imagen y semejanza de su Creador, Dios. Luego vino la época de las máquinas e inmediatamente comenzó a sentirse creador y a verse en concreto a través de la imagen de su creatura, o sea la máquina l’homme machine, como decía La Mettrie--. Y ahora nos encontramos metidos de lleno en la época de las máquinas de calcular y pensar. Y ya podemos leer: en la Wiener Zeitschrift für Nervenheilkunde (revista vienesa de neurología), tomo 1954, cómo, según un psiquiatra suizo, una máquina electrónica de calcular se diferencia del espíritu humano solamente en que aquélla trabaja prácticamente sin error, lo que desgraciadamente no se puede decir del pensamiento...

Hoy nos acecha el peligro -al menos aquí lo presiento yo- de un nuevo homunculismo. El peligro de que el hombre se malentienda otra vez a sí mismo y de nuevo interprete falsamente su propia imagen, como un «nada más que... ». Porque los tres grandes homunculismos que hasta ahora se han dado -el biologismo, el psicologismo, el sociologismo, esto es lo que han hecho: presentarle la imagen de sí mismo, pero desdibujada, caricaturesca, como la que re­produce un espejo cóncavo no bien enfocado: así no era el hombre «otra cosa que» un autómata de reflejos, un mecanismo de instintos, un meca­nismo psíquico o un simple producto de los coe­ficientes de producción, respectivamente. A esto había quedado reducido el hombre, el hombre a quien el Salmista llamaba paulo minor Angelis, a que, por tanto, había colocado muy poco por debajo, de los seres puramente espirituales. Lo, auténticamente humano- era, en todo caso, exclui­do del, hombre. Y no lo olvidemos: el homunculismo puede hacer historia, mejor dicho, la ha hecho ya. Recordemos solamente la historia de los últimos años, cuando, según, la concepción dominante, no era el hombre otra cosa que un producto de la herencia, o del mundo en torno (Umwelt), o de la «sangre y –el suelo», como en­tonces se decía, y en las catástrofes históricas a que nos ha empujado a todos, en las catástrofes inherentes a todo homunculismo. De todos mo­dos, y según mi modo de ver, de una cualquiera de esas concepciones «homunculísticas» del hom­bre a la cámara de gas solamente hay un paso, el paso de la consecuencia lógica. ¡Créanme uste­des, señoras y señores, ni Auschwitz, ni Treblinka, ni Maidanek fueron preparados fundamentalmen­te en los ministerios nazis de Berlín, sino mucho antes en las mesas de escritorio y en las aulas de clase de los científicos y filósofos nihilistas! Y no me cansaré nunca de advertir, sea en el ex­tranjero, sea en ultramar, dondequiera que sea llamado con motivo de mis conferencias, que tam­bién existen filósofos y científicos nihilistas allí donde, por ejemplo, un autor, un Premio Nobel, diga que él, en definitiva, no ve en el hombre «otra cosa que minúsculos aglomerados de in­mundo carbono y agua, los cuales se desintegran de nuevo en sus elementos constituyentes una vez que hayan rodado por unos decenios sobre la su­perficie terrestre». Pero aún hay otro peligro a largo plazo: la corrupción del hombre por la «automatización»; claro que, al fin de cuentas, -para eso estamos los médicos, no sólo para reco­nocer y si es preciso tratar, sino también para prevenir, cuando es posible, las enfermedades, y las enfermedades del espíritu y las del espíritu de su tiempo, y por eso es nuestro deber elevar nuestra voz de advertencia. (53-55)

 Toda Psicotera­pia se hace su Antropología -sin excluir el Psi­coanálisis-: nada menos que el psicoanalista Paul Schilder es quien ha reconocido que el Psi­coanálisis es una «visión de la realidad». Mi opi­nión personal es que toda Psicoterapia se basa en premisas antropológicas, a no ser que el psico­terapeuta no se haya hecho consciente de ello, en cuyo caso se apoya en implicaciones antropo­lógicas. Lo cual es aún más grave: precisamente a Sigmund Freud debemos el descubrimiento del peligro que encierran los contenidos de conciencia, y podríamos añadir las actividades mentales mientras son inconscientes. No tengo reparos en afirmar que en cuanto un psicoanalista ordena al paciente que se acueste en la camilla y que comience a asociar libremente ya le sugiere una concreta imagen del hombre, pero, además, una imagen del hombre que desatiende la auténtica personalidad del paciente, lo que permite al psi­coanalista evitar el encuentro personal de hombre a hombre, de rostro a rostro, frente a frente. Cuando un psicoanalista asegura que él se mantiene al margen de toda valoración, quiere decir que esta misma ἐποχή constituye ya en sí misma un juicio de valores. (85-86)

domingo, 27 de septiembre de 2020

Ya en la calle El corazón de la libélula, de Antonio Barnés

 Ya en la calle El corazón de la libélula, de Antonio Barnés (Madrid, Kolaval por Hispanoamérica, la cultura y los valores, S.C.)

Cómpralo en Neblí.

Del prólogo de Jaime Siles:

(...) con una tan amplia como rica paleta de formas y recursos, que incluye desde la nana y la canción infantil hasta el soneto, todo ello con una tonalidad fonética que recuerda tanto a la de los modernistas tardíos y feístas como a la musical prosodia de Valle-Inclán, no desdeña la incursión en estampas de nuestras postmodernidades (unos botines blancos se enfundan/ en vaqueros…), como, recordando a Unamuno, aspira a desnudar / el alma/ en unos versos/ o en unas palabras. (...) Antonio Barnés nos devuelve la fe en una poesía que es vida y redención a la vez.


Antonio Barnés, profesor del Departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense de Madrid.

Que vuele la palabra
que transfigure
ligera la existencia
que sobrevuele
el macizo léxico
de la prosa
realista y descriptiva
que golpea nuestra mente
y frena nuestra lengua
y nuestra alma.
La palabra es brisa
es movimiento
aire
de esa lluvia negra
lacia y limpia
como los manantiales
de montaña roja
como la sangre
tibia y húmeda
flexible
como la sonrisa
y el rictus
versátil
etrusco.