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viernes, 17 de febrero de 2017

Libros de 2017

1    Ramón Gómez de la Serna. Descubrimiento de Madrid. Cátedra. Madrid. 1993.
Semblanzas del Madrid del primer tercio del siglo XX desde la imaginación portentosa y la pluma magnífica de Gómez de la Serna. La ciudad es un ser vivo poblada de seres vivos. Saber mirarla.
2 Jorge Manrique. Poesías. Cátedra. Madrid.
3 Rubén Darío. Cantos de vida y esperanza. Austral. Madrid.
Walter Benjamin. Desembalo mi biblioteca. El arte de coleccionar. José J. de Olañeta. 2015.
5 Óscar Tusquets Blanca. Todo es comparable. Anagrama. Barcelona. 1998.
6 Jorge Guillén. El hombre y la obra. Valladolid. 1990.
7 Gerardo Diego. Primera antología de sus versos (1918-1941). Espasa Calpe. Madrid, 1980.
8 Novalis. Poemas tardíos. Linteo poesía. Orense. 2011. ed. Antonio Pau.
9 C. S. Lewis. Los cuatro amores. Rialp. Madrid. 2008.
10 Biblioteca Universitaria. Universidad de Castilla-La Mancha. Uno y mil quijotes: la visión de los ilustradores. 2016.
11 Ricardo García-Villoslada. Martín Lutero (I). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 2008.
12 T. S. Eliot. Cuatro cuartetos. Cátedra, Madrid, 1999.
13 Nicholas Carr. Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas. Alfaguara. 2014.
14 Virginia Woolf. ¿Cómo debería leerse un libro? Centellas. Barcelona. 2016.
15 Rainer Maria Rilke. Vergeles. Poema XXXIV
16 Simone Weil. Nota sobre la supresión general de los partidos políticos. José J. de Olañeta. 2014.
17 Simone Weil. La persona y lo sagrado. José J. de Olañeta. 2014.
18 Franz Kafka. Cuentos completos. El deseo de ser un indio. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
19 Franz Kafka. Cuentos completos. La negativa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
20 Franz Kafka. Cuentos completos. Los árboles. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
21 Franz Kafka. Cuentos completos. Vestidos. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
22 Franz Kafka. Cuentos completos. El comerciante. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
23 Franz Kafka. Cuentos completos. El camino a casa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
24 Franz Kafka. Cuentos completos. Contemplación dispersa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
25 Franz Kafka. Cuentos completos. Gente que viene a nuestro encuentro. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
26 Franz Kafka. Cuentos completos. El pasajero. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
27 Luis Barahona de Soto. Fábulas mitológicas.
28 El placer de leer. XII Certamen fotográfico. Ayuntamiento de Salamanca 2005.
29 François Rabelais. Los sueños droláticos de Pantagruel. José J. de Olañeta. 2011.
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miércoles, 8 de febrero de 2017

Barthes: "Las fotos son signos que no cuajan, que se cortan, como la leche"

p. 31: Lo que la Fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. En ella el acontecimiento no se sobrepasa jamás para acceder a otra cosa: la Fotografía remite siempre el corpus que necesito al cuerpo que veo, es el Particular absoluto, la Contingencia soberana, mate y elemental, el Tal (tal foto, y no la Foto), en resumidas cuentas, la Tuché, la Ocasión, el Encuentro, lo Real en su expresión infatigable.

p. 34: Esta fatalidad (no hay foto sin algo o alguien) arrastra la Fotografia hacia el inmensa desorden de los objetos - de todos los objetos del mundo: ¿por que escoger (fotografiar) tal objeto, tal instante, y no otro?­ La Fotografia es inclasificable por el hecho de que no hay razón para marcar una de sus circunstancias en concreto; quizá quisiera convertirse en tan grande, segura y noble como un signo, lo cual le permitiría acceder a la dignidad de una lengua; pero para que haya signo es necesario que haya marca; privadas de un principio de marcado, las fotos son signos que no cuajan, que se cortan, como la leche. Sea lo que sea lo que ella ofrezca a la vista, y sea cual sea la manera ernpleada, una foto es siempre invisible; no es a ella a quien vemos.

p. 39: Ese algo terrible que hay en toda fotografía: el retorno de lo muerto.

p. 42-43:  Yo quisiera en suma que mi imagen, móvil, sometida al traqueteo de mil fotos cambiantes, a merced de las situaciones, de las edades, coincida siempre con mi “yo” (profundo, como es sabido); pero es lo contrario lo que se ha de decir: es “yo” lo que no coincide nunca con mi imagen; pues es la imagen la que es pesada, inmóvil, obstinada (es la causa por la que la sociedad se apoya en ella) y soy yo quien soy ligero, dividido, disperso…”

p. 56: la Fotografia, esencialmente, si asi puede decirse (contradiccion en los terminos), no es
mas que contingencia, singularidad, aventura.

p. 72: la Foto es como un teatro primitivo, como un Cuadro Viviente, la figuraci6n del aspecto
inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos.

p. 77: En un primer tiempo, la Fotografía, para sorprender, fotografía lo notable; pero muy pronto, por una reacción conocida, decreta notable lo que ella misma fotografía. El «cualquier cosa» se convierte entonces en el colmo sofisticado del valor.

p. 152-155: Es el advenimiento de la Fotografía, y no, como se ha dicho, el del cine, lo que divide a la historia del mundo. Es precisamente por el hecho de ser la Fotografía un objeto antropológicamente nuevo por lo que debe situarse al margen, me parece, de las discusiones corrientes sobre la imagen. La moda actual entre los comentaristas de Fotografía (sociólogos y semiólogos) tiende a la relatividad semántica: nada de «real» (perfecto desprecio por los «realistas», que no ven que la foto esta siempre codificada), tan solo artificio: Thesis, y no Physis; la Fotografía, dicen ellos, no es un analogon del mundo; lo que representa está fabricado, ya que la óptica fotográfica se encuentra sometida a la perspectiva albertiniana (perfectamente histórica) y que la inscripción en el cliché hace de un objeto tridimensional una efigie bidimensional. Tal debate es vano: nada puede impedir que la "Fotografía sea analógica; pero al mismo tiempo el noema de la fotografía no reside en modo alguno en la analogía (rasgo que comparte con toda suerte de representaciones).
Los realistas, entre los que me cuento y me contaba ya cuando afirmaba que la Fotografía era una imagen sin código incluso si, como es evidente, hay códigos que modifican su lectura-, no toman en absoluto la foto como una «copia» de lo real, sino como una emanación de lo real en el pasado: magia, no un arte. Interrogarse sobre si la fotografía es analógica o codificada no es una vía adecuada para el análisis, Lo importante es que la foto posea una fuerza constativa, y que lo constativo de la Fotografía ataña no al objeto, sino al tiempo. Desde un punto de vista fenomenológico, en la Fotografía el poder de autentificación prima sobre el poder de representación.

p. 155-156: Todos los autores están de acuerdo, dice Sartre, en señalar la pobreza de las imágenes que acompañan a la lectura de una novela: si me encuentro subyugado por esa novela, no poseo ninguna imagen mental. A la Parquedad de Imagen de la lectura corresponde la Abundancia de la Imagen de la Foto; no tan solo porque la Foto es ya en sí misma una imagen, sino porque esta imagen tan especial se da como completa -integra, se dirá, jugando con el término-. La imagen fotográfica está llena, abarrotada: no hay sitio, nada Ie puede ser añadido En el cine, cuyo material es fotográfico, la foto, sin embargo, no posee esta completud (y es una suerte para él). ¿Por qué? Porque, presa en un fluir, Ia foto es empujada, estirada sin cesar hacia otras vistas; sinn duda, hay siempre en el cine un referente fotográfico, pero dicho referente se escurre, no reivindica su realidad, no protesta por su antigua existencia; no se agarra a mí no es ningún espectro. Al igual que el mundo real, el mundo fílmico se encuentra sostenido por la presunción de «que la experiencia seguirá transcurriendo constantemente en el mismo estilo constitutivo»: mientras que la Fotografia rompe con el «estilo constitutivo» (y de ahí e]l asombro que produce); no hay futuro en ella (de ahí su patetismo, su melancolía); nada de protensión en ella, mientras que el cine es de por si protensivo y por ello en modo alguno melancólico (¿qué es, pues, el cine entonces? Pues bien, el cine es simplemente “normal», como la vida). Inmóvil, la Fotografía vuelve de la presentación hacia la retención.


p. 159: La Fotografía es violenta no porque muestre violencias, sino porque cada vez llena a La fuerza la vista y porque en ella nada puede ser rechazado ni transformado (el que a veces pueda afirmarse de ella que es dulce no contradice su violencia; muchos dicen que el azúcar es dulce, pero yo encuentro el azúcar violento).

p. 162-163: Las antiguas sociedades se las arreglaban para que el recuerdo, sustituto de la vida, fuese eterno y que por lo menos la cosa que decía la Muerte fuese ella misma inmortal: era el Monumento. Pero haciendo de la fotografía, mortal, el testigo general y algo así como natural de “lo que ha sido”, la sociedad moderna renunció al Monumento. Paradoja: el mismo siglo ha inventado la Historia y la Fotografía. Pero la Historia es una memoria fabricada según recetas positivas, un puro discurso intelectual que anula el Tiempo mítico; y la fotografía es un testimonio seguro, pero fugaz; de suerte que todo prepara hoy a nuestra especie para esta impotencia: no poder ya, muy pronto, concebir, efectiva o simbólicamente, la duración: la era de la Fotografía es también la de las revoluciones, de las contestaciones, de los atentados, de las explosiones, en suma, de las impaciencias, de todo lo que se niega a la madurez.

p. 199: Lo que caracteriza a las sociedades consideradas avanzadas es que tales sociedades consumen en la actualidad imágenes y ya no, como las de antaño, creencias; son más liberales, menos fanáticas, pero también más “falsas” (menos “auténticas”), -cosa que nosotros traducimos en la consciencia corriente por la confesión de un tedio nauseabundo, como si la imagen al universalizase, produjese un mundo sin diferencias (indiferente) del que sólo pueden surgir aquí y allí el grito de los anarquismos, marginalismos e individualismos: eliminemos las imágenes, salvemos el Deseo inmediato (sin mediación).

Roland Barthes, La cámara lúcida, Paidos: Barcelona, 1990..

martes, 7 de febrero de 2017

para que florezcan las historias tiene que darse el orden, la subordinación y el trabajo

"Por qué se acaba el arte de contar historias es una pregunta que me he hecho siempre que, aburrido, he dejado pasar largas horas de sobremesa con otros comensales". "... quien no se aburre no sabe narrar. Pero el aburrimiento ya no tiene cabida en nuestro mundo. Han caído en desuso aquellas actividades secretas e íntimamente unidas a él. Ésta y no otra es la razón de que desaparezca el don de contar historias, porque mientras se escuchan, ya no se teje ni se hila, se rasca o se trenza. En una palabra, pues, para que florezcan las historias tiene que darse el orden, la subordinación y el trabajo. Narrar no es sólo un arte, es además un mérito, y en Oriente hasta un oficio".

Walter Benjamin, "El pañuelo", 
Historias y relatos, Muchnik Editores, Barcelona, 2000, p. 39-40, traducción al español de Gonzalo Hernández Ortega.




el mercado ignora que lo que importa del arte es su vida subterránea

"El éxito en la sociedad actual", prosigue John Berger, "es una cuestión de cantidades: número de copias de un disco, de visitantes en una exposición, de libros vendidos. Es ahí donde manda el mercado, pero el mercado ignora que lo que importa del arte es su vida subterránea, lo que ocurre cuando una persona se ve afectada por lo que ha visto, ha escuchado, ha leído. Esa persona deja ya de ser la que ha sido, puede actuar de manera diferente. Pero es eso, precisamente, lo que no se puede cuantificar. Esos minúsculos cambios que el arte desencadena ni siquiera son fáciles de explicar".

Fuente


jueves, 2 de febrero de 2017

Con cierta perspectiva, entonces, podría decirse que Harun Farocki
comparte con Adorno y Horkheimer esa pregunta fundamental
que intenta rastrear, tal como lo plantean las primeras páginas de
Dialéctica de la Ilustración, "la autodestrucción de la Ilustración"
en "el poder que controla la técnica"." ¿Por qué "la tierra enteramente
ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad"?"
¿Por qué ese "saber, que es poder, no conoce límites, ni en
la esclavización de las criaturas ni en la condescendencia para con
los señores del mundo"?24 Estas son preguntas recurrentes en la
obra de muchos pensadores, entre ellos Aby Warburg y Sigmund
Freud, Walter Benjamin y Siegfried Gideon, Hannah Arendt y
Günther Anders pero, también, Gilles Deleuze o Michel Foucault,
Guy Debord o Giorgio Agamben, Friedrich Kittler o Vilém Flusser,
Jean Baudrillard o Paul Virilio. Son preguntas comunes, solo que
Farocki las ataca desde el punto de vista privilegiado de la observación
específica e intensiva: todos estos fenómenos de autodestrucción
implican, hoy —ciertamente hoy tanto como ayer, pero
así y rodo también hoy más que nunca—, un cierto trabajo sobre
las imágenes.

...

Como Aby Warburg, que se pasó la vida obsesionado con la dialéctica
de lo que él llamaba los Monstra y los Astra —una dialéctica
que, según él mismo, encerraba toda la "tragedia de la cultura"—,
y Theodor Adorno, continuamente preocupado por la
dialéctica de la razón aurodestructiva, Harun Farocki formula
incansablemente la misma pregunta terrible (la misma pregunta
que, me atrevería a decir, ha estimulado mi trabajo por "siempre",
y que, en cualquier caso, es ta que me da esa sensación de una verdadera
identificación cada vez que me enfrento a los montajes de
Farocki). La pregunta es la siguiente: ¿por qué, de qué manera y
cómo es que la producción de imágenes participa de la destrucción
de los seres humanos?

Georges Didi-Huberman

miércoles, 1 de febrero de 2017

Toda pasión, sin duda, confina con el caos

p. 33: Toda pasión, sin duda, confina con el caos, y la pasión del coleccionista confina con el caos de los recuerdos.

p. 38-39: Quien pide prestados libros en cantidad, tal como lo consideramos aquí,  se revela como un coleccionista inveterado, no sólo por el ardor con el que vela el tesoro acumulado de este modo, haciendo oídos sordos a todas las admoniciones judiciales, sino también, y sobre todo, por el hecho de que tampoco lee los libros. Si quieren creer en mi experiencia, son más los casos en los que se me ha devuelto un libro prestado sin leerlo, que aquellos en los que se ha leído. ¿Será entonces ésa –se preguntarán ustedes- la marca propia de los coleccionistas? ¡No leer! Esto sí que es nuevo. Bien, pues no. Los expertos confirmarán que es, al contrario, algo muy antiguo, y me limitaré a citar la respuesta que Anatole France, por su parte, tenía reservada y dispuesta para cuando algún individuo corto de miras, tras admirar su biblioteca, le soltase finalmente la pregunta inevitable: “¿Y usted ha leído todo eso, señor France?” “No, ni la décima parte. ¿O es que tal vez usted cenaría todos los días con su vajilla de Sèvres?

Walter Benjamin. Desembalo mi biblioteca. El arte de coleccionar. José J. de Olañeta. 2015.



viernes, 27 de enero de 2017

Un poeta debe sentir todas sus palabras, pero el burgués no tiene tiempo, y de ahí esos puentes cómodos que se llaman «clichés».



Aquí podría situarse la cuestión tan grave de los clichés. El cliché es una contraseña cómoda en la conversación para no tener que sentir. Un poeta debe sentir todas sus palabras, pero el burgués no tiene tiempo, y de ahí esos puentes cómodos que se llaman «clichés». El poeta dosifica sus clichés: sólo puede renunciar a ellos so pena de ser incomprensible, a él le corresponde saber cuándo puede introducir la palabra que no es una fórmula estereotipada, de modo que sea nueva sin ser Oscura.  


¡La inspiración! ¿Si creo en la inspiración? ¡Naturalmente! Creo incluso que todos los hombres están inspirados. Se llama intuición. Se llama tentación. Depende de la persona que inspira. Se es inspirado por los ángeles, por los demonios, y hay toda clase de ángeles y de demonios. Pero entre los ángeles hay genios. Cuando se tiene un genio inspirador, los críticos dicen: «Tiene genio». La escala de Jacob en la Biblia se apoya en Dios: los ángeles van y vienen a lo largo de ella. Los ángeles son emanaciones planetarias no más listas que los hombres; por lo tanto hay que discutir, apoyándose en Dios, sus pobres inspiraciones. Hay ángeles extraordinarios, también; hay que merecerlos, o bien recibirlos de la bondad de Dios. Hay demonios inspiradores de robos, de crímenes, de terquedad. Debe rogar a Dios que le libre de ellos. Así pues, la inspiración debe ser vigilada.

Lo que hace a un gran médico o a un gran poeta no es la cantidad de libros que han leído, sino la calidad de su vida interior: la digestión de los conocimientos y la investigación. 

Preguntaron a RockefeIler cómo había hecho fortuna: «Buscando cómo se podía hacer fortuna con cada uno de los objetos que tocaba». Ídem para la poesía, la literatura. 

Debe creer que la boca habla de lo que abunda en el corazón. Si usted es un bello corazón y un bello cerebro creará belleza. Si no, creará fealdad, pues el demonio no crea belleza. Los creadores de cosas sublimes eran sublimes en su vida. La bajeza de la literatura del siglo XX viene del hecho de que es una época baja, calculadora, inventora del sistema D y otras ignominias.  

¿Quiere esto decir que hay que escribir sermones? ¡Por supuesto que no! ¡Mire a Rabelais! ¡Gran iniciado equiparable a Platón! Se puede ser un autor cómico y ser un alma de primera calidad. Sea un alma de primera calidad. Sea cristiano, frecuente los sacramentos, confiésese, examínese. El siglo XVII era cristiano. Voltaire creía en Dios. Renan también. Picasso me decía: «Piensa en Dios y trabaja». El examen de conciencia cotidiano es el ABC de la literatura. Pasteur y Branly comulgaban todas las mañanas. Si le dicen lo contrario, juzgue primero el valor de quien le hable; raramente será alguien notable. 

Haga una meditación cotidiana al levantarse, ya me contará cómo le ha ido este deporte. No es tiempo perdido, sino tiempo ganado. El que le diga lo contrario es un imbécil, y yo sé por qué. Poco a poco, usted llevará la meditación hasta la medicina y la poesía y se convertirá en un hombre, lo cual es la primera condición para llegar a ser un gran hombre. 

No lea mediocridades. Lea las obras de los grandes creadores y compita con ellos. O bien instrúyase, cultive su memoria. La memoria es la clave de todo, créame.  

Una manía de la época, desde los dibujos de Victor Hugo, es tener varias artes a la vez. Una vida humana es insuficiente para un solo arte. Sobre todo cuando además se tiene un oficio. Deje, pues, de lado música, pintura y danza. He perdido mi vida literaria a causa de la pintura y he perdido mi vida pictórica a causa de la literatura. Ahora todo ha terminado. ¡Buen viaje! 

No hay que trabajar todo el tiempo. Debe tomarse sus momentos, debe tomarse su tiempo. Hay que digerir. Sí. Es en la digestión de los conocimientos donde reside el talento. Lo esencial es no tener minutos vulgares o insignificantes. * Amar las palabras. Amar una palabra. Repetida, saboreada. Igual que un pintor ama una línea, una forma, un color. (MUY IMPORTANTE)  

Por supuesto que al público todo esto le importa un bledo. Pero no trabajamos para el público, o bien, si trabajamos para el público, hay que cambiarlo todo. Entonces hay que estudiar su gusto y servirlo palabra por palabra: hablarle de sus sucias pasiones y hundirse con ellas en el infierno. 



No desprecie los artículos de los críticos. Verá lo que se alaba de un autor y lo que se le critica. Sin embargo, desconfíe, porque hay infinitamente pocos buenos críticos. Critique al crítico. Tenga confianza en su personalidad cuando esté formada, dentro de diez o veinte años.  

Se celebran mucho las «obras de juventud». Yo soy de la opinión contraria. Hay obras de juventud que son un remordimiento vivo (y todavía hay suerte si no es vivo, es decir, si la obra se ha olvidado, podrido). Si usted supiera lo doloroso que es encontrar estúpida la elucubración perpetrada hace treinta años, sobre todo cuando además es pretenciosa. Creo que es necesario esperar... esperar...  

Sobre esto, me dicen: sí, pero usted es de una época que tiene su color. Si no habla, otro hablará antes que usted. Pues yo pretendo que es precisamente este color de la época, es decir, la moda, lo que es malo. Lo que es bueno en usted es lo que es eterno, tiene tiempo para decirlo. Cervantes escribió el Quijote a los sesenta años, y Jean-Jacques no escribió nada antes de los cuarenta. Fórmese antes de escribir.  

Trabajar. Se dice deprisa. El todo es el «cómo». El «quién». El «qué». El «por qué». 

El tercer gesto del trabajo es la ignorancia. La ignorancia con una formidable erudición. Desde la primera palabra erudita, hágase la pregunta: «¿La conoce? ¿Cómo la conoce? ¿De dónde le viene este conocimiento?» De ahí una revisión constante de los valores. Entonces lanzará esa carcajada que sugieren el mundo, la ciencia, la filosofía, las ciencias, las filosofías. Esta carcajada es la sabiduría, que es la escalera hacia Dios. 

El gesto de la sublime ignorancia es el asombro. El asombro es el candor y el candor es la ruta de todos los descubrimientos, tanto en el arte como en la ciencia. «Dejad que los niños se acerquen a mí porque el Paraíso pertenece a los que son como ellos». Ahora bien, el Paraíso está también en la tierra. El Paraíso es la sabiduría. 

Relaciones entre el amor carnal y la fuerza moral. No conozco la fisiología. Celibato de los sacerdotes en las religiones serias. (No hablo del protestantismo, que no tiene mística y es solamente una moral.) 

Frecuente la sociedad lo menos posible. Todos llevan máscara. No se aprende absolutamente nada en la sociedad. O lo que se aprende no vale el tiempo que se pierde en ella. No cenar fuera de casa, sobre todo a su edad, que es la del estudio. La sociedad no es más que una estúpida seducción. Lo verá de sobra en las cabeceras de sus enfermos. Le invitarán para decir: «Tenemos a J.E.». Son muy aficionados a los jóvenes intelectuales, y no sospechan que son la causa de vidas malogradas, de obras superficiales, de exámenes fracasados, los asesinos... pretextarán parentescos, noviazgos, etc., rechácelo todo sin piedad. Le recomiendo diez años de egoísmo, de independencia loca, de inflexibilidad enorme.  

Está la cadencia misma de la prosa; está el leit-motiv más o menos velado que da la unidad. Hablaré del leit-motiv. En una novela, el leit-motiv son los tipos que vuelven con su carácter uniforme o evolucionado (una novela mala es una novela cuyos caracteres no evolucionan). 

Manera de graduar el interés, de atraer al lector… Esto no lo sé... Estudie a Balzac, es el maestro de la novela apasionante, y sobre todo a Dostoievsky. Lea mucho, lea despacio, tome notas. 

Una novela es el desarrollo de una idea a través de los personajes que luchan entre sí. No hablo de la novela de tesis. 

miércoles, 25 de enero de 2017

"La moda es aun más poderosa sobre la ciencia que sobre la forma de los sombreros"

Fuente

...allí donde hay un grave error de vocabulario es difícil que no haya un grave error de pensamiento.

El bien es la única fuente de lo sagrado. No hay nada sagrado que no sea el bien y lo relacionado con el bien.

La perfección es impersonal. La persona en nosotros es la parte en nosotros del error y del pecado. Todo el esfuerzo de los místicos se orientó siempre a obtener que dejara de haber en sus almas ninguna parte que di-jera "yo". Pero la parte del alma que dice "nosotros" es todavía infnitamente más peligrosa.

solamente, la persona participa más de lo sagrado que la colectividad.
No solamente la colectividad es extraña a lo sagrado, sino que se confunde haciendo de ello una falsa imitación.
El error que atribuye a la colectividad un carácter sagrado es idolatría; en todos los tiempos, en todos los países es el crimen más extendido.

los artistas y escritores más inclinados a considerar su arte como desarrollo pleno de su persona son precisamente en realidad los más sometidos al gusto del público. Hugo no encontraba ninguna dificultad en conciliar el culto de sí y el papel de "eco sonoro". Ejemplos como Wilde, Gide o los surrealistas son todavíamás claros. Los científicos situados en el mismo nivel están también ellos esclavizados a la moda, la cual es aun más poderosa sobre la ciencia que sobre la forma de los sombreros. La opinión colectiva de los especialistas es casi soberana sobre cada uno de
ellos.

El ser humano no escapa a lo colectivo si no es elevándose por encima de lo personal para penetrar en lo impersonal. En ese momento hay algo en él, una parcela de su alma, sobre la cual nada de lo colectivo puede ejercer ninguna influencia. Si él se puede arraigar en el bien impersonal, es
decir, volverse capaz de extraer de ahí una energía, está en estado, todas las veces que piense estar obligado, de volver contra no importa qué colectividad, sin apoyarse sobre ninguna otra, una fuerza sin duda pequeña, pero real.

Hay ocasiones en las que una fuerza casi infinitesimal es decisiva. Una colectividad es mucho más fuerte que un hombre solo; pero toda colectividad tiene necesidad para existir de operaciones, de las que la adición es el ejemplo elemental, que sólo se realizan en un espíritu en estado de soledad.

Cada uno de aquellos que han penetrado en el dominio de lo impersonal encuentran allí una responsabilidad hacia todos los seres humanos. La de proteger en ellos, no la persona, sino todo lo que la persona reviste de frágiles posibilidades de pasaje a lo impersonal.

Es inútil explicarle a una colectividad que en cada una de las unidades que la componen hay algo que ella no debe violar. Primero una colectividad no es alguien, sino por ficción; no tiene existencia, si no es abstracta; hablarle es una operación ficticia. Luego, si ella fuera alguien, sería alguien sin disposición a respetarse más que a sí misma.

Las relaciones entre la colectividad y la persona deben ser establecidas con el único objeto de separar lo que es susceptible de impedir el crecimiento y la germinación misteriosa de la parte impersonal del alma.
Para ello es necesario por un lado que haya alrededor de cada persona espacio, un grado de libre disposición del tiempo, posibilidades para el pasaje a grados de atención más y más elevados, soledad, silencio. Al mismo tiempo hace falta que se halle en la calidez, para que el desamparo no
la obligue a ahogarse en lo colectivo.

Si tal es el bien, parece difícil ir mucho más lejos en el sentido del mal que la sociedad moderna, incluso la democrática. Sobre todo una fábrica moderna no puede estar muy lejos del límite del horror. Cada ser humano es allí continuamente hostigado, espoleado por la intervención de voluntades extrañas, y al mismo tiempo el alma está en el frío, el desamparo y el abandono. El hombre necesita un silencio cálido, se le da un tumulto glacial.
El trabajo físico, aunque sea una pena, no es en sí mismo una degradación.
No es arte; no es ciencia; pero es otra cosa que tiene un valor absolutamente igual al del arte y la ciencia. Porque procura una posibilidad igual ara el acceso a una forma impersonal de la atención.

Exactamente en la misma medida que el arte y la ciencia, aunque de una manera diferente, el trabajo físico es un cierto contacto con la realidad, la verdad, la belleza de este universo y con la sabiduría eterna que constituye su orden.
Por eso envilecer el trabajo es un sacrilegio exactamente en el sentido en que pisotear una hostia es un sacrilegio.

En lugar de alentar el florecimiento de los talentos, como se propuso en
1789, hay que querer y cuidar con un tierno respeto el crecimiento del genio;
porque solo los héroes realmente puros, los santos y los genios pueden
ser un socorro para los desgraciados. Entre los dos, las gentes de talento,
de inteligencia, de energía, de carácter, de fuerte personalidad, obstaculizan
e impiden el socorro. No hay que hacerle ningún daño al obstáculo,
sino dejarlo suavemente de lado, procurando que 10 advierta 10 menos
posible. Y es necesario quebrantar el obstáculo mucho más peligroso
de 10 colectivo, suprimiendo toda la parte de nuestras instituciones y de
nuestras costumbres en las que habite una forma cualquiera del espíritu de
partido. Ni las personalidades ni los partidos prestan jamás oídos a la verdad
ni a la desgracia.

Todo espíritu encerrado por e11enguaje es capaz solamente de opiniones.
Todo espíritu devenido capaz de asir pensamientos inexpresables a causa
de la multitud de relaciones que se combinan allí, aunque más rigurosos y
más luminosos que aquello que expresa e11enguaje más preciso, todo espíritu
arribado a este punto permanece ya en la verdad. La certidumbre y
la fe sin sombra le pertenecen. E importa poco si tuvo en el origen escasa
o mucha inteligencia, si estuvo en una celda estrecha o grande. Lo único
que importa es que habiendo llegado a la cima de su propia inteligencia,
cualquiera que pudiera ser, haya ido más allá. Un idiota de aldea está tan
cerca de la verdad como un niño prodigio. Uno y otro están separados solamente
por un muro. No se entra en la verdad sin haber pasado a través
del propio anonadamiento; sin haber permanecido largo tiempo en un estado
de extrema y total humillación.

Sólo la operación sobrenatural de la gracia hace pasar a un alma a través
de su propio anonadamiento hasta el lugar en el que se cosecha la sola especie
de atención que permite estar atento a la verdad y a la desgracia. Es
la misma para los dos objetos. Es una atención intensa, pura, sin móvil,
gratuita, generosa. Y esta atención es amor.

Porque la desgracia y la verdad tienen necesidad para ser oídas de la misma
atención, el espíritu de justicia y el espíritu de verdad son uno. El espíritu
de justicia y de verdad no es otra cosa que una cierta especie de
atención, que es puro amor.
Por una disposición eterna de la Providencia, todo 10 que un hombre produce
en todo dominio cuando el espíritu de justicia y de verdad 10 conduce
está revestido del resplandor de la belleza.
La belleza es el misterio supremo de aquí abajo. Es un resplandor que solicita
la atención, pero no le ofrece ningún móvil para durar. La belleza
promete siempre y no da nunca nada; suscita un apetito, pero no hay en
ella alimento para la parte del alma que procura saciarse aquí abajo; sólo
tiene alimento para la parte del alma que mira. Suscita el deseo, y hace
sentir claramente que en ella no hay nada que desear, porque de ella se espera
antes que nada que no cambie.
Si no buscamos recursos para salir del tormento delicioso que ella inflige,
el deseo poco a poco se transforma en amor, y se forma un germen de la
facultad de la atención gratuita y pura.

Así como la desgracia es repelente, la verdadera expresión de la desgracia
es soberanamente bella. Se pueden dar como ejemplos, incluso en los siglos
recientes, Fedra, La escuela de las mujeres, Lear, los poemas de Villon,
pero más todavía las tragedias de Esquilo y Sófocles; y más todavía
la Ilíada, el Libro de Job, algunos poemas populares; y más todavía los relatos
de la Pasión en los Evangelios. El resplandor de la belleza se difunde
sobre la desgracia por la luz del espíritu de justicia y de amor, el único
que permite a un pensamiento humano mirar y representar la desgracia tal
cual es.

Cuando se habla del poder de las palabras se trata siempre de un poder de
ilusión y de error. Pero, por el efecto de una disposición providencial, hay
algunas palabras que, si se hace de ellas buen uso, tienen en sí mismas la
virtud de iluminar y elevar hacia el bien. Son las palabras a las cuales corresponde
una perfección absoluta e inasible para nosotros. La virtud de
la iluminación y del impulso hacia lo alto reside en estas palabras en sí
mismas, en estas palabras como tales, no en ninguna concepción. Porque
hacer un buen uso, es antes que nada no hacerles corresponder ninguna
concepción. Lo que expresan es inconcebible.
Dios y verdad son palabras como esas. También justicia, amor, bien.
El empleo de estas palabras es peligroso. Su uso es una ordalía. Para que
se haga un uso legítimo de ellas, es necesario a la vez no encerrarlas en
ninguna concepción humana y unirles concepciones y acciones directa y
exclusivamente inspiradas por su luz. De otro modo son rápidamente reconocidas
por todos como mentiras.
Son compañeros incómodos. Palabras como derecho, democracia y persona
son más cómodas. En este sentido son naturalmente preferibles a los
ojos de aquellos que, incluso con buenas intenciones, han asumido funciones
públicas. Las funciones públicas no tienen otra significación que la
posibilidad de hacer al bien a los hombres, y aquellos que las asumen con
buena intención desean infundir el bien sobre sus contemporáneos; pero
cometen por 10general el error de creer que primero podrán ellos mismos
adquirirlo a bajo precio.

...la persona solo puede ser protegida contra lo colectivo,
y la democracia asegurada, por una cristalización en la vida pública del
bien superior, que es impersonal y sin relación con ninguna forma política.


martes, 24 de enero de 2017

"Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva"

p. 22: en el continente europeo el totalitarismo es el pecado original de los partidos.

p. 23: primero hay que reconocer cuál es el criterio del bien.
No puede ser otro que la verdad y la justicia, y, en segundo lugar, la utilidad pública.
La democracia, el poder del mayor número no son bienes. Son medios con miras al bien, considerados eficaces con o sin razón. Si la República de Weimar, en lugar de Hitler, hubiera decidido por las vías más rigurosamente parlamentarias y legales meter a los judíos en campos de concentración y torturarlos con refinamiento hasta la muerte, las torturas no habrían tenido ni un átomo más de legitimidad de la que tienen ahora. Pues bien, una cosa tal no es en absoluto inconcebible.
Solo lo que es justo es legítimo. El crimen y la mentira no lo son en ningún caso.


Texto completo  siguiendo esta edición: Texto incluido en los Ècrits de Londres et demières lettres (Escritos de Londres y otras cartas), Èditions Gallimard, 1957. Fechado entre diciembre de 1942 y abril de 1943. Los epígrafes en números romanos son de esta edición.

Apartir de aquí, las citas  proceden de esta edición.

Una voluntad injusta, común a toda la nación, no era en absoluto superior, a ojos de Rousseau —y tenía razón—, a la voluntad injusta de un hombre. Rousseau pensaba, tan solo, que casi siempre una voluntad común de todo un pueblo era, de hecho, conforme con la justicia, por neutralización mutua y compensación de pasiones particulares. Ese era para él el único motivo de preferir la voluntad del pueblo a una voluntad particular.

[...]

Es del todo evidente que el razonamiento de Rousseau se desmorona en cuanto hay pasión colectiva. Rousseau lo sabía perfectamente. La pasión colectiva es un impulso al crimen y a la mentira infinitamente más poderoso que cualquier pasión individual. Los malos impulsos, en este caso, lejos de neutralizarse, se elevan mutuamente a la milésima potencia. La presión es casi irresistible si no se es un auténtico santo.

[...]

Si una sola pasión colectiva se apodera de todo un país, el país entero es unánime en el crimen. Si dos, cuatro, cinco o diez pasiones colectivas lo dividen, está dividido en varias bandas de criminales. Las pasiones divergentes no se neutralizan, como sucede en el caso de un sinfín de pasiones individuales fundidas en una masa; el número es demasiado pequeño, la fuerza de cada una es demasiado grande para que pueda darse la neutralización. La lucha las exaspera. Se entrechocan con un ruido verdaderamente infernal que hace imposible que se oiga, ni por un segundo, la voz de la justicia y de la verdad, siempre casi imperceptible.

Cuando hay pasión colectiva en un país, es probable que una voluntad particular cualquiera esté más cerca de la justicia y de la razón que la voluntad general, o más bien que lo que constituye su caricatura.

[...]

nunca hemos conocido nada que se asemeje, ni de lejos, a una democracia. En lo que nombramos con ese nombre, el pueblo no ha tenido nunca la ocasión ni los medios de expresar un parecer sobre un problema cualquiera de la vida pública; y todo lo que escapa a los intereses particulares se deja para las pasiones colectivas, a las que se alimenta sistemática y oficialmente.

[...]
Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva.
Un partido político es una organización construida de tal modo que ejerce una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros.
La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.
Debido a este triple carácter, todo partido político es totalitario en germen y en aspiración. Si de hecho no lo es, es solo porque los que lo rodean no lo son menos que él.

Estas tres características son verdades de hecho, evidentes para cualquiera que se haya aproximado a la vida de los partidos.

La tercera es un caso particular de un fenómeno que se produce allí donde el colectivo domina a los seres pensantes. Es la inversión de la relación entre fin y medio. En todas partes, sin excepción, todas las cosas generalmente consideradas como fines son, por naturaleza, por definición, por esencia, y de la manera más evidente, únicamente medios. Se podría citar tantos ejemplos como se quisiera en todos los campos. Dinero, poder, Estado, grandeza nacional, producción económica, diplomas universitarios; y muchos más.
Solo el bien es un fin. Todo lo que pertenece al dominio de los hechos es del orden de los medios. Pero el pensamiento colectivo es incapaz de elevarse por encima del dominio de los hechos. Es un pensamiento animal. Posee la noción de bien solo lo suficiente como para cometer el error de tomar tal o cual medio por el bien absoluto. Y eso es lo que sucede con los partidos: un partido es, en principio, un instrumento para servir a una cierta concepción del bien público.

[...]
Un hombre, aunque pase toda su vida escribiendo y examinando problemas de ideas, solo raramente tiene una doctrina. Una colectividad no la tiene jamás. No es una mercancía colectiva. Se puede hablar, cierto es, de doctrina cristiana, doctrina hindú, doctrina pitagórica, etc. Lo que se designa entonces con esa palabra no es ni individual, ni colectivo; es una cosa situada infinitamente por encima de este o aquel nivel. Es, pura y simplemente, la verdad.
La finalidad de un partido político es algo vago e irreal. Si fuera real, exigiría un esfuerzo muy grande de atención, pues una concepción del bien público no es algo fácil de pensar. La existencia del partido es palpable, evidente, y no exige ningún esfuerzo para ser reconocida. Así, es inevitable que de hecho sea el partido para sí mismo su propia finalidad.
En consecuencia hay idolatría, pues solo Dios es legítimamente una finalidad para sí mismo.

La transición es fácil. Se pone como axioma que la condición necesaria y suficiente para que el partido sirva eficazmente a la concepción del bien público con vistas a la cual existe es que posea una gran cantidad de poder.
Pero ninguna cantidad finita de poder puede jamás, de hecho, ser mirada como suficiente, sobre todo una vez obtenida. El partido se encuentra, de hecho, debido a la ausencia de pensamiento, en un estado continuo de impotencia que atribuye siempre a la insuficiencia del poder de que dispone. Aun cuando fuera el dueño absoluto del país, las necesidades internacionales serían las que impondrían límites estrechos.
De este modo, la tendencia esencial de los partidos es totalitaria, no solo en lo que respecta a una nación, sino en lo que respecta al globo terrestre. Precisamente porque la concepción del bien público propia -de tal o cual partido es una ficción, algo vacío, sin realidad, es- por lo que impone la búsqueda del poder total. Toda realidad implica por sí misma un límite. Lo que no existe en absoluto no es jamás limitable.

Por eso es por lo que hay afinidad, alianza entre el totalitarismo y la mentira.


Mucha gente, cierto es, nunca piensa en el poder total; ese pensamiento les daría miedo. Es vertiginoso, se precisa una especie de grandeza para sostenerlo. Esa gente, cuando se interesa por un partido, se contenta con desear su crecimiento; pero como algo que no comporta ningún límite. Si este año hay tres miembros más que el año pasado, o si la colecta ha conseguido cien francos más, están contentos. Pero desean que eso continúe indefinidamente en la misma dirección. Jamás concebirían que su partido pudiera tener, en ningún caso, demasiados miembros, demasiados electores, demasiado dinero.
El temperamento revolucionario conduce a concebir la totalidad. El temperamento pequeño-burgués conduce a instalarse en la imagen de un progreso lento, continuo y sin límite. Pero en ambos casos el crecimiento material del partido deviene el único criterio respecto del cual se definen el bien y el mal de todas las cosas. Exactamente como si el partido fuera un animal al que hay que engordar, y como si el universo hubiera sido creado para hacerlo engordar.

No se puede servir a Dios y a Mammon. Si se tiene un criterio del bien distinto al bien, se pierde la noción del bien.

Desde el momento en que el crecimiento del partido constituye un criterio del bien, se sigue inevitablemente la existencia de una presión colectiva del partido sobre el pensamiento de los hombres. Esa presión se ejerce de hecho. Se muestra públicamente. Se confiesa, se proclama. Nos horrorizaría, de no ser porque la costumbre nos ha endurecido.
Los partidos son organismos públicos, oficialmente constituidos de manera que matan en las almas el sentido de la verdad y de la justicia.
Se ejerce la presión colectiva sobre el gran público mediante la propaganda. La finalidad confesada de la propaganda es persuadir y no comunicar luz. Hitler vio perfectamente que la propaganda es siempre un intento de someter a los espíritus. Todos los partidos hacen propaganda. El que no la hiciera desaparecería por el hecho de que los demás sí la hacen. Todos confiesan que hacen propaganda. Nadie es tan audaz en la mentira como para afirmar que se propone la educación del público, que forma el juicio del pueblo.

[...]

Es imposible examinar los problemas increíblemente complejos de la vida pública estando atento a la vez, por un lado, a discernir la verdad, la justicia, el bien público, y por otro, a conservar la actitud que conviene a un miembro de tal grupo. La facultad humana de la atención no es capaz simultáneamente de las dos preocupaciones. De hecho todos se quedan con una y abandonan la otra.

[...]

os partidos son un maravilloso mecanismo en virtud del cual, a lo largo de todo un país, ni un solo espíritu presta su atención al esfuerzo de discernir, en los asuntos públicos, el bien, la justicia, la verdad. El resultado es que —a excepción de un pequeño número de circunstancias fortuitas— solo se deciden y se ejecutan medidas contrarias al bien público, a la justicia, a la verdad. Si se le confiara al diablo la organización de la vida pública, no podría imaginar nada más ingenioso.

[...]

Casi en todas partes —e incluso, a menudo, debido a problemas puramente técnicos— la operación de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha substituido a la obligación de pensar. Se trata de una lepra que se ha originado a partir de los medios políticos y se ha extendido, a través de todo el país, a la casi totalidad del pensamiento.

Es dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata sin antes suprimir los partidos políticos.

jueves, 19 de enero de 2017

Providencia en el Quijote

El marco de la providencia cristiana supone una inteligibilidad que no exige una comprehensión. El mundo es presidido por un Dios Uno y Trino cuya segunda Persona es el Logos, "por quien todo fue hecho". O sea, no es el caos o el azar quien preside el mundo, sino un Logos. Un logos que es amor: Deus caritas est, escribe San Juan.
Al mismo tiempo, el providencialismo cristiano exige la libertad del hombre. ¿Cómo conciliar Providencia y Libertad? Porque el gobierno de Dios, en terminología aristotélica, no es despótico, sino político. Dios gobierna el mundo, pero el hombre es el protagonista, el primer actor, de la historia. Dios gobierna el mundo suaviter, a veces fortiter (golpes de timón), pero nunca priva de su libertad a una criatura que ha creado a su imagen y semejanza.
He dicho que el mundo es inteligible pero no comprehensible. Quiero decir que el hombre puede comprender a Dios, al hombre y al mundo, pero no comprehenderlo, no encerrarlo en un algoritmo, no agotar su inteligibilidad. Con Marcel decimos que el hombre (y con mucho más motivo, Dios), es misterio, no problema. Si la mente del hombre abarcara a Dios, el hombre sería Dios. Pero tampoco el hombre comprehende al hombre y al mundo.
La providencia cristiana conlleva que el marco existencial humano no está presidido por un destino ciego e implacable, sino por un Dios sabio y bueno. A este propósito, afirmar que el cristianismo es el inventor del sentido de culpa es un error. El sentido de culpa es inherente al ser humano porque es consciente, posee conciencia, y sabe que hay bien y mal, también en su vida. Sentido de culpa es lo que hay en la tragedia griega. Un desesperante sentido de culpa. El cristianismo, al ampliar la libertad, amplía las posibilidades de culpa, al tiempo que amplía las posibilidades de gozo por la virtud. Pero introduce el perdón y la misericordia. El cristiano sabe que siempre puede obtener el perdón de Dios, idea ajena al pensamiento griego.
El marco existencial de La metamorfosis de Kafka es el absurdo, el sinsentido. Ni siquiera aparece la pregunta: ¿por qué? ¿Por qué he amanecido convertido en un insecto?
El marco existencial del Quijote no es el absurdo, sino la providencia. El "cada uno es artífice de su propia ventura", caro a Cervantes, y procedente de Apio Claudio el Ciego, no es incompatible con la providencia. Pues si Dios ha creado al hombre libre, ¿cómo no va a ser este artífice de su propia ventura?
El mundo quijotesco no es absurdo. Don Luis conquista a doña Clara. Su causa es justa. Marcela recibe la ayuda de don Quijote; Basilio casa con Quiteria. Fernando se reconcilia con Dorotea. Cardenio recupera a Luscinda. El cautivo se marcha con Zoraida. ¿Son estos desenlaces absurdos, nihilistas, mostradores de una suerte ciega y arbitraria? En la mayoría de las historias quijotescas triunfa lo justo sobre el gusto, pero casi siempre se satisface también el gusto, que no es injusto.
¿Y la historia de don Quijote? ¿Es nihilista? En absoluto. Él reivindica su derecho a imaginar gigantes a los molinos, y los molinos, simplemente, ofrecen la resistencia de sus muros a las embestidas quijotescas. La imaginación no tiene límites, pero la realidad impone los suyos.
¿No es providencial la compañía-amistad de Sancho? ¿No es providencial la acción del "gremio de la discreción", los eclesiásticos para reducir a dom Quijote a su condición de hidalgo? ¿O es que sería más providencial un don Quijote preso por la Santa Hermandad?
Don Quijote busca a su amada virtual, y no la encuentra. Y busca a un escudero, y se encuentra a un amigo. ¿Qué es más providencial, la búsqueda o el encuentro?
La imaginación de los hermeneutas, como la de don Quijote, no tiene límites, pero el factum y la littera es que don Quijote acaba cuerdo, confesado y muerto entre los suyos (y abjurando de los libros de caballerías).
No veo el Quijote ajeno a la providencia. Y estas son unas notas a vuelapluma pensando sobre ello.




lunes, 16 de enero de 2017

"El amor, al haberse convertido en dios, se vuelve un demonio"

C. S. Lewis. Los cuatro amores. Rialp. Madrid, 2008.

p. 68: Si se hace del afecto el amor absoluto de la vida humana, la semilla del odio germinará; el amor, al haberse convertido en dios, se vuelve un demonio.

p. 83: La amistad es innecesaria, como la filosofía, como el arte, como el universo mismo, porque Dios no necesitaba crear. No tiene valor de supervivencia; más bien es una de esas cosas que le dan valor a la supervivencia.


sábado, 14 de enero de 2017

"La mente humana sólo en muy raras ocasiones es capaz de retener algo que se presenta completamente inconexo"

Hannah Arendt, Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, Península, Barcelona, 2003.

Edición de 1996.

pág. 17: "...el recuerdo, que - si bien una de las más importantes- no es más que una forma de pensamiento, está desvalido fuera de una estructurade referencia preestablecida, y la mente humana sólo en muy raras ocasiones es capaz de retener algo que se presenta completamente inconexo".

p. 18: Tocqueville: "Toda vez que el pasado dejó de arrojar su luz sobre el futuro, la mente del hombre vaga en la oscuridad".

p. 21: ...otra generación, algo mayor, se había vuelto hacia la política en busca de soluciones para sus perplejidades filosóficas, había procurado huir del pensamiento pasando a la acción.

...en las circunstancias del siglo XX, los así llamados intelectuales --escritores, pensadores, artistas, hombres de letras y ese tipo de personas-- sólo podían entrar en el campo público en tiempos revolucionarios, la revolución vino a desempeñar, tal como advirtiera cierta vez Malraux (en La condición humana), "el papel que en otra época desempeñó la vida eterna: salva a quienes la hacen".


Pág. 50: Las distorsiones destructivas de la tradición provinieron, todas, de hombres que habían experimentado algo nuevo y, casi instantáneamente, procuraron superarlo y reducirlo a algo viejo. El salto de Kierkegaard de la duda a la fe era una inversión y una distorsión de la relación tradicional entre razón y fe. Fue la respuesta a la falta moderna de fe, no sólo en Dios, sino también en la razón, que era inherente en el «de omnibus dubitandum est» cartesiano, con su sospecha subyacente de que las cosas pueden no ser lo que aparentan y de que un espíritu maligno, maliciosamente y para siempre, podría ocultar la verdad al entendimiento humano. El salto de Marx de la teoría a la acción y de la contemplación al trabajo llegó después de que Hegel hubiera transformado la metafísica en una filosofía de la historia y hubiera convertido al filósofo en el historiador a cuya mirada retrospectiva, si acaso, al fin de los tiempos, el significado de la conversión y del movimiento, no el del ser y la verdad, se revelaría por sí mismo. El salto de Nietzsche desde el reino trascendente no sensual de las ideas y dimensiones al reino sensual de la vida, su «platonismo invertido» o «transvaloración de los valores», como él mismo diría, fue la última tentativa de apartarse de la tradición y su éxito se redujo a ponerla cabeza abajo.

p. 122-123:  La convicción de la época moderna de que el hombre puede saber sólo lo que él mismo ha hecho parece estar de acuerdo con una glorificación del hacer, antes que con la actitud básicamente contemplativa del historiador y de la conciencia histórica en general.

De modo que una de las razones por las que Hobbes rompió con la filosofía tradicional fue que, mientras todas las metafísicas previas habían seguido a Aristóteles y aceptaban que el cuestionamiento de las causas primeras de todas las cosas es la tarea principal de la filosofía, por el contrario, él sostuvo que la tarea de la filosofía consistía en señalar fines y objetivos y establecer una razonable teleología de la acción. (...)

Se puede decir que la transformación hegeliana de la metafísica en una filosofía de la historia vino precedida por un intento de desembarazarse de la metafísica a favor de una filosofía de la política.

p. 126: ni la libertad ni ningún otro significado pueden ser jamás el producto de una actividad humana en el mismo sentido en que una mesa es, sin duda, el producto final de la actividad del carpintero.

p. 127: Lo que diferencia la teoría de Marx de todas las demás que aceptaron la noción de ”hacer la historia» es el hecho de que sólo él comprendió que si se aceptaba que la historia es el objeto de un proceso de fabricación o del hacer, debe llegar un momento en que ese «objeto» esté terminado y en que, si se imagina que es posible «hacer historia», no se puede ignorar la consecuéncia de que la historia tendrá un fin. Cuando oímos hablar de objetivos grandiosos en política, como el de establecer una sociedad nueva en la que la justicia esté garantizada para siempre, el de declarar una guerra que termine con todas las guerras o el de hacer que todo el mundo sea democrático, nos movemos en el campo de esta clase de pensamiento.

p. 151: la memoria y la profundidad son lo mismo, o mejor aún, el hombre no puede lograr la profundidad si no es a través del recuerdo.

p. 184: ...lo que Sócrates temía y trató de evitar en la pólis fue esa dicotomía entre pensamiento y acción.


p. 197:  Al contrario de nuestro concepto de crecimiento, que coloca el proceso en el futuro, los romanos consideraban que el crecimiento se dirigía hacia el pasado. Si se quiere relacionar esta actitud con el orden jerárquico establecido por la autoridad y visualizar esta jerarquía en la imagen familiar de la pirámide, es como si el vértice de la pirámide no se proyectara hasta la altura de un cielo en la tierra (o, como dicen los cristianos, más allá de ella) , sino hasta las honduras de un pasado terrenal.

 p. 203-204: Desde entonces se ha visto -y el hecho habla de la estabilidad de la amalgama- que cada vez que se dudaba de uno de los elementos de la trinidad romana religión-autoridad-tradición o se lo eliminaba, los dos restantes ya no estaban firmes. Fue, pues, un error por parte de Lutero pensar que ese desafío a la autoridad temporal de la Iglesia y su apelación al juicio individual y no guiado podía dejar intactas la tradición y la religión. También se equivocaron Hobbes y los teóricos políticos del siglo XVII al suponer que la autoridad y la religión se podían salvar sin la tradición. Por último, también fue un desacierto el de los humanistas que pensaron que sería posible mantenerse dentro de una tradición intacta de la civilización occidental sin religión y sin autoridad.

p. 224-225:

Sea como sea, las revoluciones, a las que por lo común vemos como una ruptura radical con la tradición, aparecen en nuestro contexto como acontecimientos en los que las acciones de los hombres aún están inspiradas por los orígenes de esa tradición, de los que también reciben su mayor impulso. Se diría que son la única salvación que esta tradición romana occidental se dio para los casos de emergencia. El hecho de que no sólo las diversas revoluciones del siglo xx sino todas las habidas desde la francesa hayan terminado mal, en la restauración o en una tiranía, parece señalar que incluso esos últimos medios de salvación brindados por la tradición perdieron su eficacia. La autoridad tal como la conocimos en tiempos, nacida de la experiencia romana de la fundación y entendida a la luz de la filosofía política griega, no se restableció en ningún caso, ni a través de las revoluciones ni por medios de restauración menos prometedores, y menos aún mediante todas las actitudes y tendencias conservadoras que una y otra vez invaden la opinión pública. Vivir en un campo político sin autoridad y sin la conciencia paralela de que la fuente de autoridad trasciende al poder y a los que están en el poder, significa verse enfrentado de nuevo -sin la fe religiosa en un comienzo sacro y sin la protección de las normas de comportamiento tradicionales y, por tanto, obvias- con los problemas elementales de la convivencia humana.

pp. 230-231:
No existe preocupación por el tema de la libertad en toda la historia de la gran filosofía desde los presocráticos hasta Plotino, el último filósofo antiguo. La libertad hizo su aparición primera en nuestra tradición filosófica cuando la experiencia de la conversión religiosa -primero la de Pablo y después la de Agustín- le dio lugar.

p. 232:

Ni el corazón ni tampoco la mente, sino la interioridad como espacio de libertad absoluta dentro del propio yo fue lo que se descubrió a fines de la Antigüedad, por obra de quienes no tenían lugar propio en el mundo y, por consiguiente, carecían de una condición mundana a la que, desde tiempos remotos hasta casi mediados del siglo XIX, todos consideraron como requisito previo para la libertad.

martes, 10 de enero de 2017

Himno al ser humano (Antígona y Salmo 8)

El famoso coro de la tragedia Antígona de Sófocles sobre el dominio humano del mundo tiene muchas concomitancias con el Salmo bíblico número 8. Lo suyo sería comparar los dos textos en griego (el original trágico con la versión bíblica de los 70). Pero aquí voy a comparar dos versiones latinas. Porque además de la versión latina de la Biblia (la vulgata es la más conocida ahora devenida en neovulgata), el poeta inglés Thomas Watson (1555-1592) tradujo Antígona al latín y la publicó en 1581 (lo que me parece fascinante).

He aquí el famoso coro sofocleo, ubicado en el acto II, traducido por Watson:


Multa diserta, nil tamen bluespacer335
Homine extat sapientius.
Undas, flante humdo Noto,
blue
Ille trans reflui maris
Verrit valido truces re-
motum impetu fluctus, spacer340
Deumque nobilissimam terram
blue
Assiduam, solidam,
Subigit, terit vomere vulnifico,
Equorum genere auda-
ci colens quotannis. spacer345
Pennigeras quoque alitum
blue
Turmas illaqueans capit,
Agrestem et pecudum gregem.
Ponti et maritimum genus
blue
Solers homo sinuosis spacer350
Laqueorum orbibus
Et belluas technis frementes
blue
Montivagas superat,
Et equum superat iuba superbum im-
posito iugo, et agres- spacer355
tem taurum ferocem.
Sermonem homo, atque variam
blue
Prudentiam, tum civium
Motus docuit. Glaciale frigus,
blue
Penetrabileque spacer360
Vitare fulmen Iovis. Cuncta potest,
Ineptus aggreditur nihil. ,,
Mortis rigida pellere ,,
Fata nescit impotens. ,,
Morbis tamen teterrimis
bluespacer365
Scit mederi.
Acumine praeditus, artes
blue
Quod parit egregias
Nunc se ad malas, nunc bona fert vicissim.
Civis bonus, patriae ,, spacer370
Colensque divum sacram iusticiam. ,,
Improbus, honestas cui deest, ,,
Scelus malum qui fovet.
Nec mihi domesticus
Fiat, nec unquam congruat spacer375
Ista patrans.
Mens ob monstrum hoc stupet horribile:
blue
Quomodo cernens contradicam,
Non Antigonem hanc esse puellam?
O infoelix infoelicis spacer380
Gnata Oedipidi. Quid iam? Nunquid
Publica regni
Iura adducunt te violantem, et
Facinus conscire repertam?


Y aquí trascribo la versión latina del salmo 8, de la Biblia publicada en la página de la Santa Sede:

PSALMUS 8

 1 Magistro chori. Ad modum cantici " Torcularia... ". PSALMUS. David.
2 Domine, Dominus noster,
quam admirabile est nomen tuum in universa terra,
quoniam elevata est magnificentia tua super caelos.
3 Ex ore infantium et lactantium perfecisti laudem
propter inimicos tuos,
ut destruas inimicum et ultorem.
4 Quando video caelos tuos, opera digitorum tuorum,
lunam et stellas, quae tu fundasti,
5 quid est homo, quod memor es eius,
aut filius hominis, quoniam visitas eum?
6 Minuisti eum paulo minus ab angelis,
gloria et honore coronasti eum
7 et constituisti eum super opera manuum tuarum.
Omnia subiecisti sub pedibus eius:
8 oves et boves universas,
insuper et pecora campi,
9 volucres caeli et pisces maris,
quaecumque perambulant semitas maris.
10 Domine, Dominus noster,
quam admirabile est nomen tuum in universa terra!


Los dos textos destacan el dominio humano sobre los animales:

 
Pennigeras quoque alitum blue
Turmas illaqueans capit,
Agrestem et pecudum gregem.
Ponti et maritimum genus
blue
Solers homo sinuosis   350
Laqueorum orbibus
Et belluas technis frementes
blue
Montivagas superat,
Et equum superat iuba superbum im-
posito iugo, et agres- 
  355
tem taurum ferocem.


Omnia subiecisti sub pedibus eius:
8 oves et boves universas,
insuper et pecora campi,
9 volucres caeli et pisces maris,
quaecumque perambulant semitas maris.


El texto sofocleo es más explícito, distinguiendo entre la caza de pájaros, la domesticación, la pesca, la caza de animales salvajes, el empleo de los animales para la agricultura. El salmo da a entender también la distinción entre animales domésticos (oves et boves) y salvajes (pecora campi), pero distingue claramente entre animales terrestres, volátiles y marinos.