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viernes, 1 de junio de 2018

Benditas sean las reglas métricas

Benditas sean las reglas métricas, que impiden las respuestas automáticas y nos obligan a pensarlo todo una vez más, libres de las ataduras del yo.
W.H. Auden

domingo, 8 de abril de 2018

re-creación inventiva

Colin Smith, ed., Poema de Mio Cid, Cátedra, Madrid, p. 73.

Se discute mucho sobre las fuentes literarias en que ha bebido el poeta tanto en general como en el detalle de esta maravillosa escena, y es seguro que las hay, pero nadie puede poner en duda la eficacia de su re-creación inventiva.

jueves, 22 de marzo de 2018

Hic auctor prosequitur propositum suum.

Noctis sub silentio tempore brumali
dedi me quodammodo sompno spiritali
corpus carens video spiritu vitali
de quo modo visio fit sub forma tali.

Dormitando paululum vigilando fessus
ecce quidam spiritus nouiter egressus
de predicto corpore, vitiis oppressus
qui carnis cum gemitu deplangit excessus.

Aquí el autor sigue su plan

En medio del silencio   en una noche invernal
me entregué a un sueño   un sopor espiritual
veo un cuerpo carente   de espíritu vital
del que surge una visión en forma tal.

Dormía un poco y me despertaba cansado
Entonces un espíritu de nuevo empieza a salir
de dicho cuerpo, por vicios acosado
que con gemido de su carne llora sus excesos.

Hic Anima loquitur Corpori.
Juxta corpus spiritus stetit et plorauit
et hiis verbis acriter carnem increpauit:
'O caro miserrima quis te sic prostrauit
quam mundus tam subito pridie ditauit.

Nonne tibi pridie mundus subdebatur
nonne te prouincia tota uerebatur?
quo nunc est familia que te sequebatur 
cauda tua florida iam nunc amputatur.

Entonces el alma habla al cuerpo
Junto al cuerpo el espíritu se detuvo y lloró
y con estas palabras con acritud increpó a la carne
O carne desgraciada ¿quién te ha postrado así  
a quien el mundo tan rápido anteayer te enriqueció?

¿Anteayer no se entregaba el mundo?
¿No te vereaba toda la provincia?
¿Dónde está ahora la familia que te seguía?
Tu cola florida ya ahora está amputada.
Non es nunc in turribus de petris quadratis
sed nec in palatio magne largitatis
iaces nunc in feretro parue quantitatis,
reponenda tumulo que minor est satis.

No estás ahora en torres de piedra cuadrada
ni en un palacio de gran generosidad
ahora yaces en un féretro de pequeño tamaño,
y has de ser reubicado en un túmulo bastante menor.

Quid tibi palacia prosunt atque edes
vix tuus iam tumulus capit septem pedes
quemquam falsum iudicans ammodo non ledes
est pro te nunc misera in inferno sedes.

De qué te sirven palacios y edificios
cuando apenas tu túmulo contiene siete pies
al juzgar en falso a alguien no le harás daño
hay para ti ahora una mísera habitación en el infierno

Ego que tam nobilis fueram creata
ad similitudinem domini formata
et ab omni crimine baptismo purgata
iterum criminibus sum coinquinata.
Yo que tan noble había sido creada
a semejanza del señor formada
y de todo crimen por el bautismo purgada
de nuevo de crímenes soy manchada.
Tu caro miserrima mecum es dampnata
si scires supplicia nobis preparata
vere posses dicere: heu quod fui nata!
utinam ex utero fuissem translata.
Tú carne desgraciada conmigo eres condenada
Si conocieses los suplicios preparados para nosotros
Verdaderamente podrías decir: ¡ay por qué he nacido!
Ojalá del útero hubiese sido transmutada.
Nec est mirum fateor quia dum vixisti
quicquam boni facere non me permisisti
sed ad rea scelera multum me traxisti
unde semper erimus in dolore tristi.

Y no sorprende confieso porque mientras viviste
No me dejaste hacer ningún bien
Sino que a culpables crímenes me arrastraste a menudo
Por lo que siempre estaremos en un triste dolor.
In penis miserrimis sum et semper ero
omnes lingue seculi non dicerent pro vero
unam penam minimam quam infelix fero
et habere (?) veniam amplius non spero.
En penas miserables estoy y siempre estaré
Todas las lenguas humanas no podrían decir
Una sola pena mínima que infeliz soporto
Y no espero tener más perdón.

jueves, 11 de enero de 2018

La dictadura de la fantasía

Hugo Friedrich: La estructura de la lírica moderna, Seix Barral, Barceloba 1974:
 
el tiempo inte­rior constituirá el refugio de una lírica que huye de la congoja de la realidad.

Rousseau logró también en muchas otras obras suyas esa supresión de la diferencia entre fantasía y realidad. Sólo la fantasía, dice en la  Nouvelle Hcloise, puede darnos la felicidad; la realización, en cambio, la mata. “El país de la ilusión es el único del mundo que merece ser habitado; es tal la nulidad de la naturaleza humana que sólo le resulta bello aquello que no es” (VI, S). A ello se añade el concepto de fantasía creadora, que partiendo de la disposición del sujeto, es capaz de crear lo no existente y aun de situarlo por encima de lo existente (Confessions, II, 9). Jamás se valorará como es debido la importancia semejante frases para la poesía futura. No obs­tante, Rousseau habla impulsado por un sentimen­talismo de la felicidad teñido de matices personales. Si lo eliminamos, veremos que la fantasía lia sido audazmente elevada a la categoría de potencia que, aun sabiendo lo engañosas que son sus cualidades,quiere por convicción que la nada —que Rousseau entiende todavía como negación cu el sentido moral — no permita otra actividad del espíritu que la imaginaria: sólo ésta satisface la necesidad de reve­lación de lo más íntimo. Con ello se suprime la obli­gación de medir los productos de la fantasía con la realidad. La fantasía se ha convertido en absoluta.

Y así la volveremos a encontrar en el siglo xix, exas­perada hasta erigirse en dictadora y definitivamente liberada de los matices sentimentales que tuviera en Rousseau.

(…)

el genio — dice (Diderot)— tiene derecho a la brutalidad e incluso al extravío; precisamente los más sorprendentes y desagradables de éstos son los que arrebatan; el genio irradia erro­res que deslumbran; arrebatado por el vuelo de águi­la de sus ideas, el genio construye edificios a los que la razón no alcanzaría jamás; sus creaciones son combinaciones libres, que él ama como si fueran poe­mas; sus posibilidades van mucho más allá que el mero producir o descubrir, y por lo mismo “para el genio, los términos de verdad o mentira han dejado de tener valor preciso”. En los párrafos que extrac­tamos se recurre con frecuencia al concepto de fanta­sía, que es la fuerza motriz del genio. Lo que se con­cede a éste se concede también a aquélla: uno y otra son libres movimientos de las fuerzas espirituales, cuya calidad sólo se mide según las dimensiones de las imágenes creadas, según la eficacia de las ideas, segúu una dinámica pura ya no supeditada al contenido, que ha dejado tras sí las diferencias entre bien y mal, verdad y mentira. El paso que desde aquí ha­brá que dar para llegar a la fantasía como dictadora de la poesía posterior, tampoco será muy largo.
 
 

sábado, 30 de diciembre de 2017

Robert Jammes ha dicho en varias ocasiones que si alguien no es capaz de hablar de Góngora sin mencionar las palabras barroco, renacentista, manierista o culterano es que no ha entendido su poesía.

Fuente

Puede parecer que no es posible hablar de literatura sin insistir en estos términos o, al menos, sin frecuentarlos asiduamente, pero no sólo es posible, sino que se hace frecuentemente en otras tradiciones historiográficas, cuyos frutos son tan aceptables y de tanta calidad como los mejores. Así sucede, por ejemplo, en el hispanismo francés. El maestro de gongoristas y otras cuestiones Robert Jammes ha dicho en varias ocasiones que si alguien no es capaz de hablar de Góngora sin mencionar las palabras barroco, renacentista, manierista o culterano es que no ha entendido su poesía. 


Canón y "nomenclatura"

Antonio Pérez Lasheras


viernes, 29 de diciembre de 2017

...no sirve de mucho sustituir un tipo de identidad restrictiva (nacional, lingüística, genérica...) por otros tipos de identidad aún más restrictiva (confesional, sexual, racial, local, dialectal, política...)...

Fuente

Tal vez sea una maldición ancestral de los estudios literarios: cada poco tiempo nos inventamos un nuevo modo de huir de los textos. No deseo que mi discurso parezca conservador o retrógrado, entre otras cosas porque los filólogos no somos completamente inocentes de la situación. Sin embargo, no sirve de mucho sustituir un tipo de identidad restrictiva (nacional, lingüística, genérica...) por otros tipos de identidad aún más restrictiva (confesional, sexual, racial, local, dialectal, política...), que tienen un indudable interés, por decirlo así, a beneficio de inventario, pero que cada vez prescinden más descaradamente del gusto y del juicio, que es lo que, con sus aciertos y sus errores, con sus flujos y reflujos, ha ido dando a algunos libros y autores carta de naturaleza entre los «clásicos».  

EN TORNO A LOS CÁNONES (REFLEXIONES Y DESAFÍOS) José María MICÓ Universitat Pompeu Fabra



jueves, 28 de diciembre de 2017

La inquietud teórica de hoy arranca de una profunda insatisfacción (Claudio Guillén)

Fuente

De paso diré solamente que conviene no confundir la propiedad del término teoría con las ocasiones de emplear el adjetivo teórico. Hoy por hoy el adjetivo nos hace mucha más falta que el sustantivo. Es decir, la profusión de escritos teóricos que leemos −escritos que contienen, como objetos electrizados, una intensa carga teórica− es inversamente proporcional al número, realmente exiguo, de teorías que se producen o desarrollan. Lo que salta a la vista en la actualidad es la ingente cantidad de ensayos, artículos y libros que, sin proponer teorías coherentes y suficientes, sin iluminar el conjunto de principios básicos y criterios fundamentales sin los cuales no hay tal Poética, son, en grado considerable, de índole teórica. Y ello precisamente porque no proponen, de modo satisfactorio, teoría alguna. Se trata de una actividad reactiva. La inquietud teórica de hoy arranca de una profunda insatisfacción.


“La actividad científica resulta ser, con el correr del tiempo, una polifonía” (Lázaro Carreter)

Fuente


Y, en fin, en esa especie de visión de la convergencia de los logros que venían de lugares distantes, y aun irreconciliables, está también el que en el trabajo de 1968 Lázaro había dejado escrita su creencia en que “La actividad científica resulta ser, con el correr del tiempo, una polifonía” (1969: 38), lo que en tantas páginas de ayer y de hoy por suerte o por desgracia no se cumple y unas líneas más abajo se lee que en ciencia y, lo sea o no, en los estudios lingüísticos y literarios, “debemos abstenernos de creer que la última palabra es la palabra final”, frase que debería figurar en el frontispicio de la academia, de la institución literaria, de manera que la tuviera que leer todo aquel que se decidiera a entrar en ella.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Un Dios en los infiernos

CUANDO LLEGA TU AUSENCIA

 
 

CUANDO LLEGA TU AUSENCIA

Cuando llega tu ausencia
en cada Jueves Santo,
cuanto Te espero en vano,
cuando atalayo
desde el tiempo dolido de mi vida
la especiosa presencia de Tu nombre;
cuando ya has dado todo,
la sangre y la simiente,
y el tiempo se me ha vuelto
esa unidad perfecta del círculo infinito;
cuando desde mis labios surge la sed de Tu Vino
y de mi corazón la avidez de Tu Pan;
cuando ya nada queda por ser dicho
porque por fin Tu nombre es cuerpo y sangre,
porque por fin, Amado Mío,
te has entregado para siempre en mí;
entonces yo comprendo la dimensión estéril de mi nada
ante la más completa dación de Amor Divino,
y en la Cena Final, Tú me recuerdas
el polvo sideral del que has venido
para ser luz en Luz de Tu palabra
y verbo por Amor y redimido.


Cuando llega tu ausencia,
cuando siento como nunca el dolor de haber amado
porque el precio de amor es tan terrible
que ha aniquilado todos mis sentidos;
cuando llega la noche de Tu entrega,
cuando llega el momento de Tu huerto,
cuando Tu humana proyección se funde
al calor del amor
y Amor Divino
con llamarada llena Tu presencia;
cuando ya mueres sin morir y entregas
Tu Pan, mi corazón,
Vino, mi sangre;
cuando todo ya está porque ha pasado;
entonces, oh Innombráble, me deshago
y torno al polvo estéril
y soy hombre
y como arena del desierto tiemblo
al sentir Tu simiente fecundarme
y vuelvo a ser en mi
y entonces digo:
Señor, mi corazón, si Te me has dado
es porque polvo, arena, tierra, yo, mi nada
somos lo azul y eterno en Tu mirada.



TU SOLEDAD, LA MIA

Desde la burda altura de esa cruz
formada por maderos
mira Tu soledad. Está es la mía.
Allí donde Tu muerte espera su momento
y desde donde miras
está el principio del silencio,
está la angustia original,
la desasida dimensión del tiempo.
Y allí te quiero.
Allí mi corazón se vuelve tuyo
y el alarido del lanzazo torna
a perforar la carne de mi carne
y a manar como lágrima de hielo
y a ser nuevo milagro de tu sangre.


Desde esa soledad ya sin medida,
entre un cielo preñado de tormentas
y una tierra reseca,
suspendida, como un trozo de carne declinante,
está Tu Cuerpo.
Y en mi dolor ardido,
está la Forma que quisiste darme.
Un cadáver de Hombre, un odioso cadáver que es el mío,
una tremenda muerte,
una agorera ausencia,
un cansancio de piedra,
una burla siniestra
y la Palabra muda, envuelta en el sudario
y silenciosa
y nadie que comprenda Tu misterio,
ni el Centurión Cegado,
ni el Discípulo Puro
ni la Dolida Madre.
Sólo yo lo comprendo,
porque soy el cadáver de ese cuerpo
y su negruzca y coagulada sangre.


Allí te quiero, Dios, así, patibulario,
allí te encuentro en mí,
allí te temo.


Allí sé que el amor no es la sonrisa
ni la fresca ventura de las horas
sino el dolor sin fondo del que nace,
por fin, ese otro Amor, que está en nosotros,
en Tu muerte de Dios, de pobre reo,
en Tus llagas que afrentan la alegría,
en Tu sien dolorosa,
en Tu mirada,
eterna y por la muerte transformada.


Allí, Tu soledad,
Señor, la mía.
Allí la fuerza inerme que me lleva;
y nuevamente en viernes de agonía,
soy Tu dolor que en Hombre se transforma,
y soy testigo solo que se yergue,
y sabe que Tu Amor es Cruz, no llanto
de Niño enternecido de Pesebres.



SEÑOR, HASTA MI INFIERNO

Ha llegado la muerte  Está la Muerte.
Bajo la piedra el Cuerpo es la materia muerta.
Ya ha pasado el proceso. Ya han matado la forma,
solo la Muerte vela, bajo la dura piedra.
Sábado de tristeza, de ausencia, de ignominia.
Junto a la piedra lloro la muerte de ese Reo.
Convulso dejo el llanto sobre la piedra y muero
también con esa muerte de silencioso hielo.


Pero la forma es cuerpo,
polvo perecedero.
Y el espíritu rompe sus límites de tiempo
y en su terrible abismo se sumerge
y desciende
veloz a los infiernos.
Desciendes hacia mí,
desciendes a mi nada.
Con la mirada obsesa desciendes a mis muertos.
Oh Dios estremecido de Amor, Divino Orfeo,
abraza el abrazante delirio de mi fuego.
Desciende a los infiernos
del hombre y la fatiga,
desciende a los infiernos colmados de injusticias,
desciende a la pobreza y al maltrato masivo,
desciende hasta tu tierra,
doloroso Judío.


Cuando tu Cuerpo ha Muerto
recuerdas el infierno,
el que nos quema el alma con furia cotidiana,
el que rompe los huesos de los niños hambrientos
y enriquece los vientres
henchidos de codicia.


Recuerdas el Infierno.
Recuerdas lo que somos.
Recuerda la penuria de los que son mandados
en rebaños oscuros de pálida obediencia.


Recuerda a tus mortales,
desciende sobre ellos
y borra con tu diestra
el cáncer de los siete
pecados capitales.


Y el sábado más triste de todas las edades
es cripta de silencio sobre la piedra extraña.
La cruz es un madero vacío y desbordado
del cuerpo que le diera
eternidad y gracia.
Qué silencioso Sábado de Muerte es este día.
El Cuerpo, bajo piedra, deleznable materia,
y el espíritu hendiendo las entrañas del tiempo
para besar el polvo doliente de los muertos.


Un Dios en los infiernos.
Un Dios entre nosotros.
Y el Amor como antorcha de delicioso fuego
es la materia única y es la esencia del Todo.
Solo un Dios embriagado de divina locura
puede hacer lo que has hecho,
oscuro nazareno.
Y el sábado se impregna de luces, a destiempo,
porque por fin llegaste, Señor,
hasta mi infierno.



DOMINGO DE REGRESO

La muerte tiene significado y fuerza
cuando deshoja el alma y pudre la materia
y entonces es camino que hiende los misterios
y es el anuncio oscuro y el lacerante fuego
para reatar la vida.


Así cuando la espada flamígera del ángel
rompió en la madrugada los sellos y la piedra
por fin, desde el Pecado, te hiciste testimonio
y tus llagas marcadas de claudicante reo
adquirieron la fuerza de la Antorcha Encendida
y fuiste en la mañana el verbo Resurrecto.


Ay, que tibia alegría, qué anhelado contento,
qué regreso esperado, qué amor por fin saciado,
qué entrega manifiesta, qué delicioso beso
el del Domingo intenso.


Y todos los cadáveres que pueblan nuestra tierra,
los millones de muertos que exhiben sus heridas,
los hombres que a diario matamos y morimos
los que con nuestra frente humilladas de orgullo
hablamos de la vida sin saber que hemos muerto
levantamos de pronto la loza funeraria
y cual Lázaros llenos de esperanzas y anhelos
o Tomases incrédulos
comprobamos que es cierto.


Después de estos tres días en que lloro tu ausencia
caigo por fin rendido a tus pies, Nazareno,
y sin otra palabra que mis lágrimas, creo,
y sé que la Escritura ha dicho su palabra
porque has llegado a mi desde todos mis muertos.
Sólo resta el silencio y el abrazar callado
tus pies que me han devuelto
la Forma de tu Cuerpo.


Y nada más. Que la intensa alegría
sella el labio y asume su sonrisa con lágrimas
el Domingo es un canto y la Cruz el misterio
que proclama a los hombres que sólo por la muerte
se llega Basta el Regreso.



SEÑOR, LLEGA TU TIEMPO

Señor, llega tu tiempo y esta vez has querido
que tenga ajena el alma y el amor prometido
ha llegado hasta mi con la fuerza esperada
que enciende su perfil en cada madrugada.


He venido por fin, y quiero agradecerte
ese don que me has dado, precursor de la muerte.


Me has hecho conocer la moneda del Templo
y avaro soy de ella cuanto más la contemplo;
avaro de minutos que marcan su presencia
y pródigo de horas enmarcadas de ausencia.


Si amor es plenitud, Tú me lo has dado todo
y tiemblo de temores, si siguiendo tu modo
me lo arrancas y matas
lo que me diste hoy y mañana arrebatas.


Perdóname, Señor, pero es que quiero tanto
lo que Tú me otorgaste y es hoy gozo y quebranto
que te ruego, intranquilo, porque la ofrenda es grande,
que no hagas que el camino de dicha lo desande.


Dame ese hueco tibio de Tu mano serena
y hazme rústico albergue tuyo en la Nochebuena.
Y desde entonces Tú, Señor, por el bien que me has dado
tendrás no solamente a Tu humilde criado
sino a mi corazón completo y rebosante
tendido hacia tu amor de llamas, como amante.
 .
Enlace:

 
Poesías de
 
 
Libro Paraguayo del mes.
 
Año 1 – Nº 9 – Junio 1981,
 
Ilustraciones: ADOLFO DÍAZ
 
Ediciones NAPA,
 
Asunción-Paraguay, 1981 – 142 páginas.

 
 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Una defensa medieval de la dignidad de la mujer

No hay que esperar a la Marcela cervantina (1605) para encontrar una defensa cerrada de la libertad de la mujer para contraer matrimonio con quien quiera y si quiere. La novela Cárcel de amor (1492) de Diego de San Pedro ofrece no solo un personaje semejante, sino una batería de argumentos en pro de la mujer (no solo en este aspecto de la libertad).
La libertad de la mujer frente a la pasión del hombre es más nítida aún en la novela medieval pues Leriano no solo está enamorado apasionadamente de Laureola, sino que le llega a salvar la vida, lo que hace más plausible la "obligación" de la mujer de corresponder a su amante. Leriano muere de tristeza, y pese a ello ni Laureola se ablanda ni, lo que es más difícil, el amante deja de defender la libertad de su amada. En el lecho de muerte, Leriano despliega un torrente retórico contra los que maldicen de las mujeres. Aquí va. Léase y júzguese... No todo el monte es orégano ni todo es misoginia en la Edad Media.


 

Da Leriano veinte razones por que los hombres son obligados a las mujeres

Tefeo: pues has oído las causas por que sois culpados tú y todos los que opinión tan errada seguís, dejada toda prolijidad, oye veinte razones por donde me proferí a probar que los hombres a las mujeres somos obligados. De las cuales la primera es porque a los simples y rudos disponen para alcanzar la virtud de la prudencia, y no solamente a los torpes hacen discretos, mas a los mismos discretos más sutiles, porque si de la enamorada pasión se cautivan, tanto estudian su libertad, que avivando con el dolor el saber, dicen razones tan dulces y tan concertadas que alguna vez de compasión que les han se libran de ella. Y los simples, de su natural inocentes, cuando en amar se ponen entran con rudeza y hallan el estudio del sentimiento tan agudo que diversas veces salen sabios, de manera que suplen las mujeres lo que naturaleza en ellos faltó.
La segunda razón es porque de la virtud de la justicia tan bien nos hacen suficientes que los penados de amor, aunque desigual tormento reciben, hanlo por descanso, justificándose porque justamente padecen. Y no por sola esta causa nos hacen gozar de esta virtud, mas por otra tan natural: los firmes enamorados, para abonarse con las que sirven, buscan todas las formas que pueden, de cuyo deseo viven justificadamente sin exceder en cosa de toda igualdad por no infamarse de malas costumbres.
La tercera, porque de la templanza nos hacen dignos, que por no serles aborrecibles, para venir a ser desamados, somos templados en el comer, en el beber y en todas las otras cosas que andan con esta virtud. Somos templados en el habla, somos templados en la mesura, somos templados en las obras, sin que un punto salgamos de la honestidad.
La cuarta es porque al que fallece fortaleza se la dan, y al que la tiene se la acrecientan: hácennos fuertes para sufrir, causan osadía para cometer, ponen corazón para esperar. Cuando a los amantes se les ofrece peligro se les apareja la gloria, tienen las afrentas por vicio, estiman más la alabanza de la amiga que el precio del largo vivir. Por ellas se comienzan y acaban hechos muy hazañosos, ponen la fortaleza en el estado que merece. Si les somos obligados, aquí se puede juzgar.
La quinta razón es porque no menos nos dotan de las virtudes teologales que de las cardinales dichas. Y tratando de la primera, que es la fe, aunque algunos en ella dudasen, siendo puestos en pensamiento enamorado creerían en Dios y alabarían su poder, porque pudo hacer a aquella que de tanta excelencia y hermosura les parece. Junto con esto los amadores tanto acostumbran y sostienen la fe, que de usarla en el corazón conocen y creen con más firmeza la de Dios. Y porque no sea sabido de quien los pena que son malos cristianos, que es una mala señal en el hombre, son tan devotos católicos, que ningún apóstol les hizo ventaja.
La sexta razón es porque nos crían en el alma la virtud de la esperanza, que puesto que los sujetos a esta ley de amores mucho penen, siempre esperan: esperan en su fe, esperan en su firmeza, esperan en la piedad de quien los pena, esperan en la condición de quien los destruye, esperan en la ventura. Pues quien tiene esperanza donde recibe pasión, ¿cómo no la tendrá en Dios, que le promete descanso? Sin duda haciéndonos mal nos aparejan el camino del bien, como por experiencia de lo dicho parece.
La séptima razón es porque nos hacen merecer la caridad, la propiedad de la cual es amor: esta tenemos en la voluntad, esta ponemos en el pensamiento, esta traemos en la memoria, esta firmamos en el corazón... Y como quiera que los que amamos la usemos por el provecho de nuestro fin, de él nos redunda que con viva contrición la tengamos para con Dios, porque trayéndonos amor a estrecho de muerte, hacemos limosnas, mandamos decir misas, ocupámosnos en caritativas obras porque nos libre de nuestros crueles pensamientos. Y como ellas de su natural son devotas, participando con ellas es forzado que hagamos las obras que hacen.
La octava razón, porque nos hacen contemplativos, que tanto nos damos a la contemplación de la hermosura y gracias de quien amamos, y tanto pensamos en nuestras pasiones, que cuando queremos contemplar la de Dios, tan tiernos y quebrantados tenemos los corazones que sus llagas y tormentos parece que recibimos en nosotros mismos, por donde se conoce que también por aquí nos ayudan para alcanzar la perdurable holganza.
La novena razón es porque nos hacen contritos, que como siendo penados pedimos con lágrimas y suspiros nuestro remedio, acostumbrados en aquello, yendo a confesar nuestras culpas, así gemimos y lloramos que el perdón de ellas merecemos.
La decena es por el buen consejo que siempre nos dan, que a las veces acaece hallar en su presto acordar lo que nosotros cumple largo estudio y diligencia buscamos. Son sus consejos pacíficos sin ningún escándalo: quitan muchas muertes, conservan las paces, refrenan la ira y aplacan la saña. Siempre es muy sano su parecer.
La oncena es porque nos hacen honrados: con ellas se alcanzan grandes casamientos con muchas haciendas y rentas. Y porque alguno podría responderme que la honra está en la virtud y no en la riqueza, digo que tan bien causan lo uno como lo otro. Pónennos presunciones tan virtuosas que sacamos de ellas las grandes honras y alabanzas que deseamos, por ellas estimamos más la vergüenza que la vida, por ellas estudiamos todas las obras de nobleza, por ellas las ponemos en la cumbre que merecen.
La docena razón es porque apartándonos de la avaricia nos juntan con la libertad, de cuya obra ganamos las voluntades de todos, que como largamente nos hacen depender lo que tenemos, somos alabados y tenidos en mucho amor, y en cualquier necesidad que nos sobrevenga recibimos ayuda y servicio. Y no sólo nos aprovechan en hacernos usar la franqueza como debemos, mas ponen lo nuestro en mucho recaudo, porque no hay lugar donde la hacienda esté más segura que en la voluntad de las gentes.
La trecena es porque acrecientan y guardan nuestros haberes y rentas, las cuales alcanzan los hombres por ventura y consérvanlas ellas con diligencia.
La catorcena es por la limpieza que nos procuran, así en la persona como en el vestir, como en el comer, como en todas las cosas que tratamos.
La quincena es por la buena crianza que nos ponen, una de las principales cosas de que los hombres tienen necesidad. Siendo bien criados usamos la cortesía y esquivamos la pesadumbre, sabemos honrar los pequeños, sabemos tratar los mayores. Y no solamente nos hacen bien criados, mas bien quistos, porque como tratamos a cada uno como merece, cada uno nos da lo que merecemos.
La razón dieciséis es porque nos hacen ser galanes: por ellas nos desvelamos en el vestir, por ellas estudiamos en el traer, por ellas nos ataviamos de manera que ponemos por industria en nuestras personas la buena disposición que naturaleza algunos negó. Por artificio se enderezan los cuerpos, puliendo las ropas con agudeza, y por el mismo se pone cabello donde fallece, y se adelgazan o engordan las piernas si conviene hacerlo. Por las mujeres se inventan los galanes entretales, las discretas bordaduras, las nuevas invenciones. De grandes bienes por cierto son causa.
La diecisiete razón es porque nos conciertan la música y nos hacen gozar de las dulcedumbres de ella: ¿por quién se sueñan las dulces canciones?, ¿por quién se cantan los lindos romances?, ¿por quién se acuerdan las voces?, ¿por quién se adelgazan y sutilizan todas las cosas que en el canto consisten?
La dieciochena, es porque crecen las fuerzas a los braceros, la maña a los luchadores, y la ligereza a los que voltean, corren, saltan y hacen otras cosas semejantes.
La diecinueve razón es porque afinan las gracias: los que, como es dicho, tañen y cantan por ellas, se desvelan tanto, que suben a lo más perfecto que en aquella gracia se alcanzan. Los trovadores ponen por ellas tanto estudio en lo que trovan, que lo bien dicho hacen parecer mejor, y en tanta manera se adelgazan, que propiamente lo que sienten en el corazón ponen por nuevo y galán estilo en la canción, invención o copla que quieren hacer.
La veintena y postrimera razón es porque somos hijos de mujeres, de cuyo respeto les somos más obligados que por ninguna razón de las dichas ni de cuantas se puedan decir.
Diversas razones había para mostrar lo mucho que a esta nación somos los hombres en cargo, pero la disposición mía no me da lugar a que todas las diga. Por ellas se ordenaron las reales justas, los pomposos torneos y las alegres fiestas; por ellas aprovechan las gracias y se acaban, y comienzan todas las cosas de gentileza. No sé causa por que de nosotros deban ser afeadas. ¡Oh culpa merecedora de grave castigo, que porque algunas hayan piedad de los que por ellas penan, les dan tal galardón! ¿A qué mujer de este mundo no harán compasión las lágrimas que vertemos, las lástimas que decimos, los suspiros que damos?, ¿cuál no creerá las razones juradas?, ¿cuál no creerá la fe certificada?, ¿a cuál no moverán las dádivas grandes?, ¿en cuál corazón no harán fruto las alabanzas debidas?, ¿en cuál voluntad no hará mudanza la firmeza cierta?, ¿cuál se podrá defender del continuo seguir? Por cierto, según las armas con que son combatidas, aunque las menos se defendiesen, no era cosa de maravillar, y antes deberían ser las que no pueden defenderse alabadas por piadosas que retraídas por culpadas.
 

Prueba por ejemplos la bondad de las mujeres

Para que las loadas virtudes de esta nación fueran tratadas según merecen hubiese de poner mi deseo en otra plática, porque no turbase mi lengua ruda su bondad clara, como quiera que ni loor pueda crecerla ni malicia apocarla, según su propiedad. Si hubiese de hacer memoria de las castas y vírgenes pasadas y presentes, convenía que fuese por divina revelación, porque son y han sido tantas que no se pueden con el seso humano comprender. Pero diré de algunas que he leído, así cristianas como gentiles y judías, por ejemplificar con las pocas la virtud de las muchas. En las autorizadas por santas por tres razones no quiero hablar. La primera, porque lo que a todos es manifiesto parece simpleza repetirlo. La segunda, porque la Iglesia les da debida y universal alabanza. La tercera, por no poner en tan malas palabras tan excelente bondad, en especial la de Nuestra Señora, que cuantos doctores, devotos y contemplativos en ella hablaron no pudieron llegar al estado que merecía la menor de sus excelencias. Así que me bajo a lo llano donde más libremente me puedo mover.
De las castas gentiles comenzaré en Lucrecia, corona de la nación romana, la cual fue mujer de Colatino, y siendo forzada de Tarquino hizo llamar a su marido, y venido donde ella estaba, díjole: «Sabrás, Colatino, que pisadas de hombre ajeno ensuciaron tu lecho, donde, aunque el cuerpo fue forzado, quedó el corazón inocente, porque soy libre de la culpa; mas no me absuelvo de la pena, porque ninguna dueña por ejemplo mío pueda ser vista errada». Y acabando estas palabras acabó con un cuchillo su vida.
Porcia fue hija del noble Catón y mujer de Bruto, varón virtuoso, la cual sabiendo la muerte de él, aquejada de grave dolor, acabó sus días comiendo brasas por hacer sacrificio de sí misma.
Penélope fue mujer de Ulises, e ido él a la guerra troyana, siendo los mancebos de Ítaca aquejados de su hermosura, pidiéronla muchos de ellos en casamiento; y deseosa de guardar castidad a su marido, para defenderse de ellos dijo que la dejasen cumplir una tela, como acostumbraban las señoras de aquel tiempo esperando a sus maridos, y que luego haría lo que le pedían. Y como le fuese otorgado, con astucia sutil lo que tejía de día deshacía de noche, en cuya labor pasaron veinte años, después de los cuales venido Ulises, viejo, solo, destruido, así lo recibió la casta dueña como si viniera en fortuna de prosperidad.
Julia, hija del César, primer emperador en el mundo, siendo mujer de Pompeo, en tanta manera lo amaba, que trayendo un día sus vestiduras sangrientas, creyendo ser muerto, caída en tierra súbitamente murió.
Artemisa, entre los mortales tan alabada, como fuese casada con Manzol, rey de Icaria, con tanta firmeza le amó que después de muerto le dio sepultura en sus pechos, quemando sus huesos en ellos, la ceniza de los cuales poco a poco se bebió, y después de acabados los oficios que en el acto se requerían, creyendo que se iba para él matose con sus manos.
Argia fue hija del rey Adrastro y casó con Pollinices, hijo de Edipo, rey de Tebas. Y como Pollinices en una batalla a manos de su hermano muriese, sabido de ella, salió de Tebas sin temer la impiedad de sus enemigos ni la braveza de las fieras bestias, ni la ley del emperador, la cual vedaba que ningún cuerpo muerto se levantase del campo. Fue por su marido en las tinieblas de la noche, y hallándolo ya entre otros muchos cuerpos llevolo a la ciudad, y haciéndole quemar, según su costumbre, con amargas lágrimas hizo poner sus cenizas en una arca de oro, prometiendo su vida a perpetua castidad.
Hipo la greciana, navegando por la mar, quiso su mala fortuna que tomasen su navío los enemigos, los cuales, queriendo tomar de ella más parte que les daba, conservando su castidad hízose a la una parte del navío, y dejada caer en las ondas pudieron ahogar a ella, mas no la fama de su hazaña loable.
No menos digna de loor fue su mujer de Admeto, rey de Tesalia, que sabiendo que era profetizado por el dios Apolo que su marido recibiría muerte si no hubiese quien voluntariamente la tomase por él, con alegre voluntad, porque el rey viviese, dispuso de matarse.
De las judías, Sara, mujer del padre Abraham, como fuese presa en poder del rey Faraón, defendiendo su castidad con las armas de la oración, rogó a Nuestro Señor la librase de sus manos, el cual, como quisiese acometer con ella toda maldad, oída en el cielo su petición, enfermó el rey. Y conocido que por su mal pensamiento adolecía, sin ninguna mancilla la mandó liberar.
Débora, dotada de tantas virtudes, mereció haber espíritu de profecía y no solamente mostró su bondad en las artes mujeriles, mas en las feroces batallas, peleando contra los enemigos con virtuoso ánimo. Y tanta fue su excelencia que juzgó cuarenta años al pueblo judaico.
Ester, siendo llevada a la cautividad de Babilonia, por su virtuosa hermosura fue tomada para mujer de Asuero, rey que señoreaba a la sazón ciento veintisiete provincias, la cual por sus méritos y oración libró los judíos de la cautividad que tenían.
Su madre de Sansón, deseando haber hijo, mereció por su virtud que el ángel le revelase su nacimiento de Sansón.
Elisabel, mujer de Zacarías, como fuese verdadera sierva de Dios, por su merecimiento hubo hijo santificado antes que naciese, el cual fue san Juan.
De las antiguas cristianas, más podría traer que escribir, pero por la brevedad alegaré algunas modernas de la castellana nación.
Doña María Cornel, en quien se comenzó el linaje de los Corneles, porque su castidad fuese loada y su bondad no oscurecida, quiso matarse con fuego, habiendo menos miedo a la muerte que a la culpa.
Doña Isabel, madre que fue del maestre de Calatrava don Rodrigo Téllez Girón y de los dos condes de Hurueña, don Alonso y don Juan, siendo viuda enfermó de una grave dolencia, y como los médicos procurasen su salud, conocida su enfermedad hallaron que no podía vivir si no casase; lo cual, como de sus hijos fuese sabido, deseosos de su vida, dijéronle que en todo caso recibiese marido, a lo cual ella respondió: «Nunca plega a Dios que tal cosa yo haga, que mejor me es a mí muriendo ser dicha madre de tales hijos que viviendo mujer de otro marido». Y con esta casta consideración así se dio al ayuno y disciplina, que cuando murió fueron vistos misterios de su salvación.
Doña Mari García, la Beata, siendo nacida en Toledo del mayor linaje de toda la ciudad, no quiso en su vida casar, guardando en ochenta años que vivió la virginal virtud, en cuya muerte fueron conocidos y averiguados grandes milagros, de los cuales en Toledo hay ahora y habrá para siempre perpetuo recuerdo.
Oh, pues de las vírgenes gentiles que podría decir. Eritrea, sibila nacida en Babilonia, por su mérito profetizó por revelación divina muchas cosas advenideras, conservando limpia virginidad hasta que murió. Palas o Minerva, vista primeramente cerca de la laguna de Tritonio, nueva inventora de muchos oficios de los mujeriles y aun de algunos de los hombres, virgen vivió y acabó. Atalante, la que primero hirió el puerco de Calidón, en la virginidad y nobleza le pareció. Camila, hija de Matabo, rey de los bolsques, no menos que las dichas sostuvo entera virginidad. Claudia vestal, Cloelia, romana, aquella misma ley hasta la muerte guardaron. Por cierto, si el alargar no fuese enojoso, no me fallecerían de aquí a mil años virtuosos ejemplos que pudiese decir.
En verdad, Tefeo, según lo que has oído, tú y los que blasfemáis de todo linaje de mujeres sois dignos de castigo justo, el cual no esperando que nadie os lo dé, vosotros mismos lo tomáis, pues usando la malicia condenáis la vergüenza.
 

viernes, 3 de noviembre de 2017

La especialización científica cierra el espíritu a toda cultura humana

Roger Vernaux sobre Comte en Historia de la Filosofía contemporánea, Herder, Barcelona, 1989.
 
En primer lugar, por lo que concierne a la teoría del conocimiento científico, Meyerson ha demostrado con todo detalle que ninguna ciencia se desarrolla según el esquema positivista. La ciencia implica una referencia a la realidad, a una «cosa en sí» que no se reduzca a puros fenómenos. Y la ciencia persigue una explicación que, aunque no es metafísica, sin embargo no se detiene en las relaciones constantes de Comte; es una búsqueda de las causas.
En lo que concierne al progreso, éste es evidente tanto en el plano científico como en el técnico. Pero es muy dudoso en el plano humano, moral y social. El progreso de las técnicas, como ha subrayado Gabriel Marcel, parece acarrear un envilecimiento del hombre que se encuentra sujeto a las máquinas que ha creado; y la especialización científica cierra el espíritu a toda cultura humana.
En lo que concierne a la metafísica, Kant veía más claro que Comte cuando afirmaba que era una tendencia natural del espíritu humano que la crítica puede combatir, pero no desarraigar. La ciencia no tiene, no puede tener, respuestas para todo; los problemas esenciales se le escapan porque son de «otro orden», y por más que adelante, no los resolverá.
 
 


La civilización y la barbarie se juegan en el control del sentido

Ricardo Piglia: El último lector, Anagrama, Barcelona, 2005.

p. 31: Bastaría pensar en don Quijote y Sancho, en la decisión milagrosa de Cervantes que, luego de la primera salida, hace entrar al que no lee. «Pues a fe mía que no sé leer», respondió Sancho (I, 31). Ese encuentro, ese diálogo, funda el género. Habría que decir que en esa decisión, que confronta lectura y oralidad, está toda la novela.

p. 32: La civilización y la barbarie se juegan en el control del sentido, en los distintos modos de acceder al sentido. Pero nada es nunca tan esquemático.

p. 67-68: La máquina de escribir separa históricamente la escritura artesanal y la edición. Cambia el modo de leer el original, lo ordena. De hecho, fue inventada para copiar manuscritos y facilitar el dictado, pero rápidamente se convirtió en un instrumento de producción. Con todas sus particularidades. (Y el poeta norteamericano Charles Olson ha hecho un análisis muy sutil de la escritura a máquina y de sus efectos en el estilo poético. Lo mismo, desde luego, podríamos decir hoy sobre los ordenadores de textos). Kafka está en el momento de paso de la escritura a mano, en cuadernos, a la escritura a máquina que se ha comenzado a difundir en esos años, ligada básicamente al comercio y al mundo militar. En ese sentido, tiene clara la distancia entre escribir de una forma o de otra. «El inconveniente de escribir a máquina es que uno pierde el hilo», le dice Kafka a Felice en su primera carta del 20 de septiembre. La máquina de escribir no es para escribir, produce una deriva, se pierde la línea, la continuidad, la mano se aleja del cuerpo, se mecaniza («la mano que en estos momentos está pulsando las teclas», observa Kafka en tercera persona en esa carta a Felice). Antes que la claridad de la grafía, interesa el ritmo corporal de la escritura, muy ligado para Kafka a la respiración, a los órganos internos, a los ritmos del corazón. Incluso a una extraña relación con la velocidad. «Discúlpeme si no escribo a máquina, pero es que tengo una enorme cantidad de cosas que decirle, la máquina está allá en el corredor […] además la máquina no me escribe lo suficientemente veloz», le dice una semana después. La máquina de escribir no le sirve a Kafka para la escritura personal. La asocia con la burocracia, con los textos legales (dictámenes, informes, legajos), con una escritura despersonalizada y anónima. «Por eso me siento tan atraído por la máquina de escribir en todos los asuntos relacionados con la oficina pues su trabajo — realizado además por la mano del mecanógrafo— es tan anónimo» (carta del 20 de diciembre de 1912). Kafka también está ligado a una nueva práctica que surge en esos tiempos y que ejercita en la oficina: el dictado (ya sabemos lo que Roa Bastos ha sido capaz de hacer con esa figura en Yo, el supremo: el dictador, el que dicta). Dictar es «mi principal ocupación», dice Kafka al referirse a su trabajo, «cuando, en casos excepcionales, no escribo yo mismo a la máquina» (carta del 2 de noviembre de 1912). Podríamos decir que —a diferencia de Henry James— la idea de dictar sus propios textos escapa totalmente a la órbita de Kafka. Muchos han visto en el estilo del último Henry James la marca de los textos dictados a una mujer. Pero la máquina de escribir y el dictado están ligados para Kafka al mundo de la oficina.

viernes, 27 de octubre de 2017

Incapaces de ser "alguien" por sí mismos, confían, sin embargo en ser "algo" por su número.

Por cobardía ante la existencia quieren los hombres de hoy fundirse en la masa. Incapaces de ser "alguien" por sí mismos, confían, sin embargo en ser "algo" por su número.

Roger Vernaux, glosando a Kierkegaard en Historia de la filosofía contemporánea, Herder, Barcelona, 1989.

 

martes, 24 de octubre de 2017

El culto de la acción crece como un gran río hasta salirse de madre (Antonio Machado)

Esta guerra europea es el fruto maduro de la superstición ochocentista. El siglo XIX, bajo sus dos modos ideológicos: romanticismo y positivismo, ha sido esencialmente un siglo activista, pragmático. La razón se hace mística o agnóstica, todo menos racional, y ya no vuelve a levantar cabeza. El culto de la acción crece como un gran río hasta salirse de madre. Goethe formuló con la anticipación propia del genio, la fe de nuestros días: en el principio era la acción. El homúnculo activo, salido de las redomas de Wagner, el estudiantón, es el soldado de esta guerra grande, un gran creyente  en la Diosa Acción y en la radical acefalía del mundo.

Antonio Machado: Obras completas (II), RBA-Instituto Cervantes, Barcelona, 2006, 1174.



viernes, 13 de octubre de 2017

"El objeto de la literatura es enseñarnos a leer". (Paul Claudel)

2001

Un monolito, una enorme losa de cristal que apareció en su territorio es lo que los primates miran con mirada boba en 2001. Odisea del espacio, de Arthur C. Clarke. Sin que lo sepan siquiera, ese monolito les va dando carácter humano. Parecen aquellos parroquianos que desde el bar miran el único árbol de la plaza con la copa llena, ahora, de loros.
La tribu, podríamos decir, no se transforma. Simplemente se “modifica”, recibe su “modo” humano o se hace más humana en contacto con esa losa que no significa nada para nadie.
Con ojos perplejos, los parroquianos del bar tampoco saben que ese árbol los está modificando, les está dando una manera de mirar desde la barra (del signo). Igual que la mirada de los lectores cuando leen una literatura que no significa nada para nadie, y sin embargo se dejan hacer por ella, se hacen, créase o no, más lectores.
El pescador aquel que ahora está lanzando su enorme red en altamar no necesita saber cuáles son las proporciones de agujeros y de hilo en esa red.
Asimismo no es necesario saber leer para sentarse frente a un libro.
En el ghetto, el analfabeto no está antes del proceso de lectura sino al final –otra vez Claudel–. Recién después que adivino la literatura, él empieza (aprende) a leer.


Héctor Libertella: El árbol de Saussure. Una Utopía, Adriana Hidalgo editora, Córdoba (Argentina), 2000, pp. 53-54.

 

jueves, 5 de octubre de 2017

R. Verneaux: Historia de la filosofía contemporánea, Herder, Barcelona, 1989.

p. 14: (Para Lenin" "las ciencias naturales, que reflejan el mundo en la experiencia humana, son las únicas que están en situación de darnos la verdad objetiva". Así el relativismo, para evitar la caída en el escepticismo, desemboca en el cientismo. No hay duda de que Lenin es, en este punto, el fiel intérprete de Engels.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Papini: el futuro no existe como futuro, sólo es una creación y una parte del presente, soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida dolorosa, por este futuro que de día en día huye y se aleja, es la estupidez más dolorosa de esa estupidísima vida.

Fuente


―El señor Hombre (usted, aquí presente, ante mí) ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el porvenir, consagran perpetuamente todos los hoy a los mañanas que tienen que llegar. Todo hombre sólo vive para aquello que prevé, que espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto sabe que ese instante prepara un instante sucesivo; cada hora, otra hora que llegará; cada día, otro día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de esperanzas; todo su presente está hecho de pensamientos sobre su futuro. Todo lo que es, que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros solamente nos consolamos pensando que todo este presente no es más que un prefacio, un largo y fastidioso prefacio a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven por esta fe. Si de repente se les dijera que dentro de una hora tienen que morirse, todo lo que hacen y han hecho no tendría para ellos ningún gusto, ningún sabor, ningún valor. Sin el espejo del futuro, la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que hace esperar en los desquites, en las victorias, en las ascensiones, en los ascensos y en los aumentos, en las conquistas y en los olvidos, los hombres no querrían vivir. Sin el lejano perfume del mañana, no querrían comer el negro pan de hoy.

―Pensad, pues, en estos hombres detenidos de repente, que ya no pueden actuar, pero que todavía piensan. Pensad en estos hombres aprisionados en un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué deben de pensar estos hombres? ¡Qué dolor debe roer sus entrañas y desgarrar sus nervios! Inmóviles en sus actitudes vergonzosas y delictuosas, tristes e idiotas, sin posibilidad de esperanza, sin luz de ensueños, sin dulzura de proyectos, con las alas cortadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de esclavos miguelangelescos ceñidos por los lazos de su vida mezquina, asquerosa, por los lazos de esa vida que toleran solamente con la esperanza de vidas más bellas y mayores, estos condenados a la perpetua inacción reconocerán, con infinita rabia, toda la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que sacrificaban todo el presente a un futuro que a su vez se convertiría en presente y a su vez sería sacrificado a otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy residía en el mañana, y el mañana valía solamente por otro mañana, y se llegaba ahí hasta el último hoy, el hoy definitivo, y así toda la vida transcurría para preparar, de día en día, de hora en hora, de momento en momento, lo que no llega nunca. Y descubrirán esa tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro sólo es una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida dolorosa, por este futuro que de día en día huye y se aleja, es la estupidez más dolorosa de esa estupidísima vida.

―Hombres, nosotros perdemos la vida por la muerte, nosotros consumimos lo real por lo imaginario. Nosotros valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de llevarnos a otros día semejantes a ellos… Hombres, toda vuestra vida es un fraude atroz que vosotros mismos tramáis en perjuicio vuestro, y sólo los demonios pueden reír fríamente de vuestra carrera hacia el espejo que huye.


jueves, 14 de septiembre de 2017

La primera vez que aparece Dios en la poesía borgiana lo hace relacionado estrechamente con un Tiempo con mayúscula "esa inmortalidad infatigable / que anonada con silenciosa culpa las razas / y en cuya herida siempre abierta / que el último dios habrá de restañar el último día, / cabe toda la sangre derramada". Al propio Rosas "Ya Dios lo habrá olvidado / y es menos una injuria que una piedad / demorar su infinita disolución / con limosnas de odio".
Parece que el mal y el dolor se diluyen en un devenir cósmico en que se pierde todo recuerdo, pues los humanos nos disolvemos infinitamente tras la muerte y Dios olvida, con un olvido cognitivo, no misericordioso. Poco después sigue insistiendo Borges en la muerte del muerto: el muerto no es un muerto: es la muerte. Como el Dios de los místicos / de Quien deben negarse todos los predicados, no es sino la perdición y ausencia del mundo.
Dios nace en la poesía borgiana con un claro sesgo filosófico, orientación que el poeta explicita al confesar reviví la tremenda conjetura / de Schopenhauer y de Berkeley / que declara que el mundo / es una actividad de la mente, / un sueño de las almas, / sin base ni propósito ni volumen. Aun así, al frente de ese entramado fantasmagórico aparece Dios, quien puede "matar del todo Su obra".
En este primer poemario borgiano aparece no obstante el Dios de las religiones, es este caso el islámico, un Dios que vive en soledad.
En Luna de enfrente (1925) encontramos tres veces a Dios. Dios habrá de ver a la mujer amada, desbaratada la ficción del Tiempo, sin el amor, sin mí. ¿Es Dios un ojo que todo lo ve, puro conocimiento, sin amor? La vida es sueño, ficción. Nuestras imágenes son ensueños. Si el tiempo es ficción, ¿es Dios lo único real? Si somos ficción, ¿por qué ha de vernos Dios? ¿O es que el vernos significa simplemente que somos un punto en su mente?
Sin embargo en "Mi vida entera" Dios cae de todo solio, ya que el poeta cree que mis jornadas y mis noches / se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de todos los hombres. ¿Está aquí el Deus sive substantia sive natura spinoziano?
No siempre el Dios borgiano es una abstracción filosófica, una explicación del devenir del mundo. En ocasiones se vislumbra un Dios personal que se relaciona con los hombres. Su amor a los lugares de su infancia trasfigurados en poesía son un modo de devolver  "a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos". Versos que concluyen Luna de enfrente.

Un gran salto nos lleva a El hacedor (1960), y los primeros versos del primer poema, el "Poema de los dones" vuelve a incidir en la retribución divina personal:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
                                                                      
Dios ha dado al poeta el inmenso don de los libros, pero al tiempo le ha privado de la vista. Ironía, contradicción.
Todo es apariencia, también la libertad. Por eso el juego del ajedrez es adecuada metáfora de una cadena de determinismos:

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?
 
El poeta, piensa, conjetura, duda.
 
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.


la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
será para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.