los humanistas consideran a Jesucristo el modelo perfecto de hombre

 El humanismo es un movimiento característico del Renacimiento y del inicio de la Edad Moderna que busca la dignidad del ser humano remontándose a la Antigüedad clásica, no tanto para imitar dicha dignidad cuanto para santificarla a través del cristianismo, porque los humanistas consideran a Jesucristo el modelo perfecto de hombre, cuya santidad es comunicable e imitable. Esto implicaba un dominio de los autores griegos y latinos y un continuo acudir a las fuentes originales del cristianismo primitivo —ad fontes era su lema—, comenzando por las Sagradas Escrituras y continuando por los Santos Padres, como San Agustín y San Jerónimo. Por este camino intelectual algunos humanistas se quedaron en la Antigüedad, porque no vieron necesario llegar hasta la revelación divina (los ciceronianos) otros dieron un paso al frente a través de la denominada Philosophia Christi, que era un anhelo de lo espiritual, con una concepción platónica del cuerpo como cárcel del alma y sobre todo como peregrinos hacia la nueva Jerusalén. Estos no crearon un cuerpo doctrinal del humanismo como si fuera una ciencia, sino que ellos mismos, con su obra y sobre todo con su vida ejemplar, servían de vehículo para que el tránsito de lo medieval o lo moderno resultara lo menos traumático posible. De entre estas eminentes figuras destacan dos sabios de la «república de las letras», hombres de afanosa creación intelectual que con sus obras impregnaron la sociedad de una ejemplaridad y una sabiduría eficaz transformadora de las personas y de las instituciones, porque de la elevación de su alma hablan sus propios escritos. Me refiero a Juan Luis Vives y a Tomás Moro.



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