quedando suspendidos en un estadio intermedio entre fósiles y máquinas




 La Singularidad Radical Mane Tatulyan



Borramos al humanismo de la historia con el revisionismo, y a los humanos con los robots, quedando suspendidos en un estadio intermedio entre fósiles y máquinas. 

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El clon fósil del progreso hizo creer que radicalmente liberadas las cosas funcionan mejor, pero terminó resultando en una sociedad que perdió el criterio por haber perdido la crítica (que es el primer síntoma de aniquilación de la Modernidad), que por falta de referencias se condenó a un dualismo insoportable: zen pero positivista, tribal pero cyborg, vegan pero tech, liberal sexual pero dogmática, revisionista pero escéptica. Quién diría que el progreso terminaría siendo un tipo de involución o, peor aún, una parálisis (de la historia y, en última instancia, del pensamiento).

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Tampoco es casualidad que nuestra época sea la Era Digital. Incluso las mismas pantallas, secretamente, están siempre reflejando nuestra imagen fantasmagórica, nuestro clon holográfico del más allá cibernético. El holograma no es una sombra, un retrato o un espíritu. El holograma es la radiación del sujeto que se desintegra ante la técnica, es su un clon lumínico y artificial que se pixela en la pantalla del ordenador. Lo más interesante es que ese doble virtual siempre esta ahí, pero nunca logramos verlo porque se pierde ante el blanqueamiento lumínico de la información. Nuestra propia imagen se borra frente a nosotros, solo sobrevive el clon fantasmal de la realidad virtual. Somos visibles para la máquina, pero hologramas para nosotros mismos. A lo mejor esta era la función de la tecnología, recordarnos nuestra propia desaparición; y es precisamente porque la máquina ha reemplazado al hombre por lo que tratamos de convertirnos en máquinas (para no perdernos en el olvido). 

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