38. Antes quiero probar fortuna, y ver si soy en este asunto tan feliz como lo han sido muchos autores honrados en otros diferentes, persuadidos a la verdadera máxima de Horacio, de que
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Esto es, que muchas veces, o las más, ha sido más poderoso para corregir las costumbres el medio festivo y chufletero de hacerlas ridículas, que el entonado y grave de convencerlas disonantes: echaron por este camino y lograron su intento con felicidad; y por lo mismo, dice un sabio académico de París, hizo Molière más fruto en Francia con sus Preciosas ridículas, con su Tartufa, con su Paisano caballero, con su Escuela de los maridos y de las mujeres y con su Enfermo imaginario, que cuantos libros se escribieron y cuantas declamaciones se gritaron contra los vicios, ya morales, ya intelectuales y ya políticos que se satirizaban en estas graciosas comedias. Todas las tropas unidas de los mayores y de los mejores filósofos modernos, contra los ingeniosos y específicos sueños de Renato Descartes, no le hicieron perder tanto terreno como el graciosísimo e ingeniosísimo Viaje al mundo de Descartes, escrito en francés por el padre Gabriel Daniel, y harto bien traducido en castellano. ¿Qué nos cansamos? Hasta que Miguel de Cervantes salió con su incomparable Historia de Don Quijote de la Mancha no se desterró de España el extravagante gusto a historias y aventuras romanescas, que embaucaban inutilísimamente a innumerables lectores, quitándoles el tiempo y el gusto para leer otros libros que los instruyesen, por más que las mejores plumas habían gritado contra esta rústica y grosera inclinación, hasta enronquecerse. Pues, ¿por qué no podré esperar yo que sea tan dichosa la Historia de fray Gerundio de Campazas como lo fue la de Don Quijote de la Mancha, y más siendo la materia de orden tan superior, y los inconvenientes que se pretenden desterrar de tanto mayor bulto, gravedad y peso?
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