Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por la Corte
La mayor infelicidad del mundo consiste en que es más crítico el más ignorante. Aquél juzga más, que conoce menos. Siempre el vulgo fue arbitrio irracional de todas las cosas; todas las pondera sin peso, las mide sin medida, las numera sin regla. Monstruo de muchas cabezas y sin tener alguna, mira por los anteojos de su aprehensión. Sin conocer las últimas diferencias y sin la proximidad del examen, desde su tiniebla quiere repartir luces; y conociendo las cosas de montón y calificándolas a bulto, desata la lengua para acusar lo inocente y canonizar lo vicioso.

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