En esta última ciudad [Burgos] recibió las nociones elementales de aquella instrucción humanística que la pedagogía renacentista había puesto en auge, y de la que fueron corifeos en España, Lucio Marineo Sículo y Pedro Mártir de Anglería.
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»Un abismo separa toda la teología española anterior a Francisco de Vitoria de la que él enseñó y profesaba; y los maestros que después de él vinieron valen tanto más o me nos según se acercan o se alejan de sus ejemplos y de su doctrina. Todo el asombroso florecimiento de nuestro si glo xvr, todo ese interminable catálogo de doctores egregios que abruma las páginas del Nomenclator Litterarius de Hurter convirtiéndole casi en una bibliografía espailola, está contenido en germen en la doctrina del Sócrates alavés; su influencia está en todas partes...» (Menéndez Pelayo).

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