el amor es concebido como un culto y un servicio; este vasallaje espiritual dignifica al enamorado, apartándole de pensamientos viles e infundiendo en él ansias de superación

 


Empezaremos por lo que constituye el legado provenzal cuyo contenido muestran sin mayor variación los diversos herederos, incluyendo a Petrarca: el amor es concebido como un culto y un servicio; este vasallaje espiritual dignifica al enamorado, apartándole de pensamientos viles e infundiendo en él ansias de superación. La poesía explora, más o menos escolásticamente, las galerías del alma, subrayando los contrastes entre la razón y el deseo, entre la visión objetiva del mundo y el enfoque personal del individuo. Hijas de la lucha interior y del comportamiento esquivo de la amada son la tristeza y la inestabilidad de ánimo. Los enamorados se entregan a su dolor, gozan saboreando el sufrimiento y paladean con fruición las lagrimas vertidas. Sin embargo, este placer del martire no impide que cuenten pesarosos los años de servidumbre, reclamen la venida de la muerte libertadora y arrojen sobre sí duras execraciones. En presencia de la dama se conturban, y la lengua no acierta a descubrir el sentimiento. En el estilo abunda la oposición de «contrarios» en antítesis y paradojas, repitiéndose también ciertos otros clichés expresivos.

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Junto a la hipótesis de una dependencia generalmente vaga, cabe sostener la de un desarrollo autónomo que, progresando en madurez lirica, llevase a resultados parejos. De uno u otro modo hay comunidad de conceptos, posturas espirituales y maneras de sentir: como en el dolce stil nuovo, la amada es ser angelical cuya presencia se echa de menos en el Paraíso. Como en Petrarca, penetra la idea del amor ineludible, impuesto por una fuerza superior que sojuzga el albedrio humano; admitida así la intervención del destino, las protestas de firmeza sentimental toman carácter estoico. Menudean las miradas retrospectivas, llor4ndose el tiempo inútilmente gastado. Los poetas huyen de la gente, se refugian en la soledad y añoran días pasados mas placidos, nimbados ya en la memoria con un halo de lejanía. 
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Conceptismo 
 El fondo emocional de la poesía amorosa, elaborado por sutilezas intelectuales en auge, dio como resultado la floración de antítesis y paradojas que, según ya se ha dicho, abunda en toda la poesía de ascendencia trovadoresca. Pero este rasgo general, acaso bajo la sugestión del «Pace non trovo» de Petrarca, y de la canción «Tots temps aprench e desaprench ensemps» de Jordi de Sant Jordi, adquiere en Castilla extraordinario desarrollo. Desde Santillana y Mena, tres generaciones de poetas se entregan a la practica de contrastar «opósitos», como entonces se decía. En tal ambiente nacen el «que no vivo porque vivo / y muero porque no muero», aprovechado mas tarde por los místicos, y el «Ven, muerte, tan escondida», atractivo aún para Cervantes y Calderón. 
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Así el enamorado se asegura la no compartida posesión del dolor avaramente oculto, cerrando la puerta mas accesible para que se escape la recoleta intimidad de su alma. A solas con su pena, desconocida hasta para quien la causa, se recrea escrutando filones de sufrimiento, de donde extrae la materia poética. 
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Síntesis 
Los resultados de la serie de comparaciones que ante- cede pueden resumirse así: los cancioneros castellanos del siglo xv y principios del xvi añaden a su peculiar tradición lirica de origen trovadoresco rasgos que proceden del petrarquismo o coinciden con él, no solo en la concepción general del amor y en básicas actitudes vitales, sino también en temas literarios concretos. Pero divergen de Petrarca en el gusto por la improvisación y en un distinto sentido de la forma poética, apoyado en la posesión de una métrica propia, muy flexible y elaborada. Acentúan las notas intelectuales, con abundancia de alegorías y personificaciones mayor que en el maestro italiano. El conceptismo, muy intenso, tiene manifestaciones comunes, pero también preferencias diversas: característica de los trovadores españoles es la afición por los juegos a base de palabras reiteradas. Es esencial en nuestros poetas la reclusión en el propio espíritu; eluden retratar a la amada y no prodigan la contemplación de las cosas. La creación de paisajes imaginarios, frecuentemente alegóricos, prevalece sobre el delectamiento y efusión emotiva ante la naturaleza. Y son rasgos típicos el voluntarismo y la contención recatada, con insistencia en el silencio cortés. 

Comentarios

  1. Maestro Barnes, tiene pensado atender el teatro del siglo de oro o algunos otras obras del período. Es necesario que de continuidad a su excelente trabajo dentro del esquema hispano, necesitamos hombres como usted.

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