el amor es concebido como un culto y un servicio; este vasallaje espiritual dignifica al enamorado, apartándole de pensamientos viles e infundiendo en él ansias de superación
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Junto a la hipótesis de una dependencia generalmente
vaga, cabe sostener la de un desarrollo autónomo que,
progresando en madurez lirica, llevase a resultados parejos. De uno u otro modo hay comunidad de conceptos, posturas espirituales y maneras de sentir: como en
el dolce stil nuovo, la amada es ser angelical cuya presencia se echa de menos en el Paraíso. Como en Petrarca, penetra la idea del amor ineludible, impuesto por
una
fuerza superior que sojuzga el albedrio humano;
admitida así la intervención del destino, las protestas de
firmeza sentimental toman carácter estoico. Menudean
las miradas retrospectivas, llor4ndose el tiempo inútilmente gastado. Los poetas huyen de la gente, se refugian en la soledad y añoran días pasados mas placidos,
nimbados ya en la memoria con un halo de lejanía.
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Conceptismo
El fondo emocional de la poesía amorosa, elaborado por sutilezas intelectuales en auge, dio como resultado la floración de antítesis y paradojas que, según ya
se ha dicho, abunda en toda la poesía de ascendencia trovadoresca. Pero este rasgo general, acaso bajo la sugestión del «Pace non trovo» de Petrarca, y de la canción
«Tots temps aprench e desaprench ensemps» de Jordi de
Sant Jordi, adquiere en Castilla extraordinario desarrollo. Desde Santillana y Mena, tres generaciones de poetas
se
entregan a la practica de contrastar «opósitos», como
entonces se decía. En tal ambiente nacen el «que no
vivo porque vivo / y muero porque no muero», aprovechado mas tarde por los místicos, y el «Ven, muerte,
tan
escondida», atractivo aún para Cervantes y Calderón.
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Así el enamorado se asegura la no compartida posesión del dolor avaramente oculto, cerrando la puerta
mas accesible para que se escape la recoleta intimidad
de su alma. A solas con su pena, desconocida hasta
para quien la causa, se recrea escrutando filones de sufrimiento, de donde extrae la materia poética.
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Síntesis
Los resultados de la serie de comparaciones que ante-
cede pueden resumirse así: los cancioneros castellanos
del siglo xv y principios del xvi añaden a su peculiar
tradición lirica de origen trovadoresco rasgos que proceden del petrarquismo o coinciden con él, no solo en la
concepción general del amor y en básicas actitudes vitales, sino también en temas literarios concretos. Pero
divergen de Petrarca en el gusto por la improvisación
y en un distinto sentido de la forma poética, apoyado
en
la posesión de una métrica propia, muy flexible y
elaborada. Acentúan las notas intelectuales, con abundancia de alegorías y personificaciones mayor que en el maestro italiano. El conceptismo, muy intenso, tiene
manifestaciones comunes, pero también preferencias diversas:
característica de los trovadores españoles es la
afición por los juegos a base de palabras reiteradas. Es
esencial en nuestros poetas la reclusión en el propio
espíritu;
eluden retratar a la amada y no prodigan la contemplación de las cosas. La creación de paisajes imaginarios, frecuentemente alegóricos, prevalece sobre el
delectamiento y efusión emotiva ante la naturaleza.
Y son rasgos típicos el voluntarismo y la contención
recatada, con insistencia en el silencio cortés.
Maestro Barnes, tiene pensado atender el teatro del siglo de oro o algunos otras obras del período. Es necesario que de continuidad a su excelente trabajo dentro del esquema hispano, necesitamos hombres como usted.
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