el inglés Hugh Blair, en su célebre tratado sobre las bellas letras, llega a usar las matemáticas como ejemplo al definir su concepto de la belleza: La palabra belleza —dice— se aplica a varias disposiciones de la mente, mejor dicho, a varios objetos de la ciencia abstracta. Hablamos con frecuencia de un bello árbol o flor, de un bello poema, de un bello carácter, y de un bello teorema matemático. «De un bello poema» —dice Blair— pero «de un bello teorema matemático» también. Es que la ciencia es poesía en el XVIII. Mas a la vez la poesía es ciencia. Veamos, a este último efecto, otro pasaje, en el que el doctor Samuel Johnson habla de los sermones del ya citado Blair: Me gustan los sermones de Blair: su doctrina es la mejor definida, la mejor expresada, y hay en ella el mayor ardor sin fanatismo y el mayor rapto racional. Rapto racional: ¡qué combinación más curiosa de substantivo y adjetivo! Rapto sugiere entusiasmo, sueños, poesía; racional sugiere pensamiento, filosofía, ciencia. La ciencia es poesía; y la poesía es ciencia.

***

Todo este fenómeno de la Ilustración, tanto su par- te de adorno como su parte práctica, entra también en España, y bastante antes de lo que suele creerse. Si, como se dice, la literatura es el espejo de la vida, el grado de novedad que se ha conseguido en las ideas y reformas sociales en España durante el siglo XVII podrá servirnos de medida del grado de novedad que era posible en la literatura española en esa centuria. Veamos, por tanto, unos ejemplos de la Ilustración en la vida dieciochesca española.

 Feijoo vulgariza las ideas científicas de Bacon en España en 1726; Voltaire no las vulgariza en Francia hasta 1734. (Incluso Torres Villarroel conoce la «filosofía inductiva» de Bacon hacia 1726.) En España, Isla conoce el sistema sensualista de Locke en 1727; Luzán cita a Locke en su Poética de 1737; e incluso la Inquisición había examinado la obra de Locke en 1736. Pero en 1751, en sus Memorias literarias de París, Luzán informa que todavía allí «de Locke no se hace mucho caso». En 1726, Feijoo explica que ha dejado el uso del latín en obras científicas, porque «para escribir en el idioma nativo no se ha menester más razón que no tener alguna por hacer lo contrario» (Teatro crítico, tomo 1). En 1752, un cuarto de siglo más tarde, espíritu mucho menos moderno que Feijoo en este aspecto, D'Alembert, en el Discurso pre- liminar de la Encyclopédie, propone lo siguiente: El uso de la lengua latina no podría ser sino muy útil en las obras filosóficas, en las que la claridad y la precisión deben ser los principales méritos y para las que no hace falta sino una lengua universal y convencional. Sería así de desear que se restableciera este uso. Madrid y Barcelona tienen periódicos diarios veinte años antes que París: Madrid y Barcelona inauguran sus primeros diarios respectivamente en 1758 y 1763. París tendrá que esperar hasta 1779. (Incluso mi ciudad del Nuevo Mundo, Filadelfia, tiene un diario antes que París, el cual se lanza en 1771.) Ilustración siempre significa ilustración del pueblo para su comodidad y beneficio, y la fecha de primera aparición de la prensa diaria en un país determinado es un importante indicio de la eficacia de la Ilustración de ese país. España tiene su Banco Nacional (el Banco Nacional de San Carlos) dieciocho años antes de fundarse el Banco Nacional de Francia. El de España se establece en 1782, el de Francia en 1800. España realiza su primer censo completo en 1787, quince años antes que Francia contara a todos sus habitantes, en 1802. Madrid tiene aceras al final del siglo XVIII; París no las tendría hasta el XIX. La nueva erudición histórica y filológica posibilitada por la Ilustración lleva en España a la publicación del cantar de gesta nacional, el Poema del Cid, en 1779; iban a transcurrir cincuenta y ocho años más antes de que se publicase por primera vez la epopeya nacional de Francia, la Chan- son de Roland, en 1837.

Comentarios