Empezaremos por lo que constituye el legado provenzal cuyo contenido muestran sin mayor variación los diversos herederos, incluyendo a Petrarca: el amor es concebido como un culto y un servicio; este vasallaje espiritual dignifica al enamorado, apartándole de pensamientos viles e infundiendo en él ansias de superación. La poesía explora, más o menos escolásticamente, las galerías del alma, subrayando los contrastes entre la razón y el deseo, entre la visión objetiva del mundo y el enfoque personal del individuo. Hijas de la lucha interior y del comportamiento esquivo de la amada son la tristeza y la inestabilidad de ánimo. Los enamorados se entregan a su dolor, gozan saboreando el sufrimiento y paladean con fruición las lagrimas vertidas. Sin embargo, este placer del martire no impide que cuenten pesarosos los años de servidumbre, reclamen la venida de la muerte libertadora y arrojen sobre sí duras execraciones. En presencia de la dama se conturban, y la lengua no acierta a descubrir el sentimiento. En el estilo abunda la oposición de «contrarios» en antítesis y paradojas, repitiéndose también ciertos otros clichés expresivos.

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