En el Canto XXIV de la Ilíada, Aquiles, conmovido por fin ante el espec- táculo de su quebrantado enemigo Príamo, pronuncia la trágica mo- raleja de todo el poema : “Porque los dioses han tejido el hilo de la desgraciada humanidad de tal suerte que la vida del Hombre tiene la que ser dolor, mientras ellos viven exentos de cuidado”. Y sigue con famosa figura de las dos tinajas, de las cuales Zeus saca sus do- nes buenos y malos. A algunos hombres se los da mezclados, a otros sólo rra, los malos, de modo que vagan atormentados por la faz de la tie- “olvidados de los dioses y de los hombres” *, En cuanto al bien puro y sin mezcla, hemos de suponer que es una porción reservada a dioses. Las tinajas no tienen nada que ver con la justicia ; en otro caso la moraleja resultaría falsa. Porque en la Ilíada, el heroís- mo no trae la felicidad ; su única y suficiente recompensa es la fama. Sin a embargo, a pesar de todo, los príncipes de Homero cabalgan atrevidamente sobre su mundo ; temen a los dioses sólo como temen sus señores humanos, y no se sienten oprimidos por el futuro ni aun cuando, como Aquiles, saben que entraña una muerte cada vez. más cercana. 

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