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miércoles, 1 de febrero de 2017

Toda pasión, sin duda, confina con el caos

p. 33: Toda pasión, sin duda, confina con el caos, y la pasión del coleccionista confina con el caos de los recuerdos.

p. 38-39: Quien pide prestados libros en cantidad, tal como lo consideramos aquí,  se revela como un coleccionista inveterado, no sólo por el ardor con el que vela el tesoro acumulado de este modo, haciendo oídos sordos a todas las admoniciones judiciales, sino también, y sobre todo, por el hecho de que tampoco lee los libros. Si quieren creer en mi experiencia, son más los casos en los que se me ha devuelto un libro prestado sin leerlo, que aquellos en los que se ha leído. ¿Será entonces ésa –se preguntarán ustedes- la marca propia de los coleccionistas? ¡No leer! Esto sí que es nuevo. Bien, pues no. Los expertos confirmarán que es, al contrario, algo muy antiguo, y me limitaré a citar la respuesta que Anatole France, por su parte, tenía reservada y dispuesta para cuando algún individuo corto de miras, tras admirar su biblioteca, le soltase finalmente la pregunta inevitable: “¿Y usted ha leído todo eso, señor France?” “No, ni la décima parte. ¿O es que tal vez usted cenaría todos los días con su vajilla de Sèvres?

Walter Benjamin. Desembalo mi biblioteca. El arte de coleccionar. José J. de Olañeta. 2015.



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