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lunes, 10 de octubre de 2016

caballero y cortesano, explicado por don Quijote

El caballero es el gran personaje medieval, emparentado con el héroe homérico, pero diferente. El cortesano es un importante modelo renacentista, relacionado con el caballero pero diferente. La diferencia entre caballeros y cortesanos está bien trazada por don Quijote en su conversación con su sobrina en el capítulo 6 de la segunda parte del Quijote:

–Mira, amiga –respondió don Quijote–: no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber en el mundo; y, aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar en niñerías, ni en las leyes de los desafíos; si lleva, o no lleva, más corta la lanza, o la espada; si trae sobre sí reliquias, o algún engaño encubierto; si se ha de partir y hacer tajadas el sol, o no, con otras ceremonias deste jaez, que se usan en los desafíos particulares de persona a persona, que tú no sabes y yo sí. Y has de saber más: que el buen caballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas no sólo tocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dos grandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderosos navíos, y cada ojo como una gran rueda de molino y más ardiendo que un horno de vidrio, no le han de espantar en manera alguna; antes con gentil continente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir, y, si fuere posible, vencerlos y desbaratarlos en un pequeño instante, aunque viniesen armados de unas conchas de un cierto pescado que dicen que son más duras que si fuesen de diamantes, y en lugar de espadas trujesen cuchillos tajantes de damasquino acero, o porras ferradas con puntas asimismo de acero, como yo las he visto más de dos veces. Todo esto he dicho, ama mía, porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a otros; y sería razón que no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o, por mejor decir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sus historias, tal ha habido entre ellos que ha sido la salud no sólo de un reino, sino de muchos.



Tampoco los caballeros son del mismo valor. Sigue explicando el caballero en el mismo capítulo:

...no todos son corteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos. Ni todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo: que unos son de oro, otros de alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos; aquéllos se llevantan o con la ambición o con la virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones.


En Don Quijote frente a los caballeros de los tiempos modernos de Francisco Vivar (Ediciones Universidad de Salamanca, 2009), pág. 24 leemos:

Don Quijote sólo tiene como modelos de vida al guerrero y al santo, son los únicos que él se plantea seguir porque el caballero andante es santo y héroe. Sin embargo. El Cortesano publicado en 1528 o El Enquirídión (1503), dos libros situados en una época de transformación social, ponen en evidencia la decadencia de estas dos figuras: el caballero necesita adaptarse a las exigencias militares y religiosas del mundo moderno. Por lo tanto, el antiguo caballero o se transforma en cortesano y en hombre cristiano o, por el contrario, le será difícil encontrar su lugar social^. El individuo aparece en el Renacimiento, y según va pasando el tiempo se hace evidente que los ideales heroicos van a ser sustituidos por la felicidad personal que proporcionan los placeres cotidianos.
Como observamos ya claramente a mitad del siglo xix: el ideal heroico ha sido sustituido por el ideal burgués.
A lo que objeto que, a mi parecer, don Quijote tiene como modelo a los caballeros andantes, quienes, habiendo surgido en una era cristiana y estando relacionados con los modelos del santo y del mártir (véase el Libro del caballero de Llull), no se identifican con ellos. Ya hemos visto que hay diferentes tipos de caballero por boca del propio don Quijote. No veo esa identificación entre caballero, santo y mártir.  El caballero es un mito literario. El santo y el mártir son personajes reales que han entrado en la literatura con el consiguiente proceso de ficcionalización. Pero identificar los tres modelos no me parece exacto. Es verdad que el cortesano suplanta al caballero, pero la evolución no es primordialmente de tipo religioso. El cortesano tiene más base histórica que el caballero. Responde a una vida cortesana de unas monarquías en proceso de fortalecimiento, y en medio de una cultura humanista que humaniza las costumbres, y añade a lo heroico el cultivo de las letras y las artes.


 También es verdad que la burguesía medieval está hibridada de caballerosidad, ideal aristocrático que pierde el capitalista contemporáneo. ¿Convertir la prosa de cada día en verso heroico no significa recuperar el heroismo que anidaba en los modelos antropológicos precapitalistas y asentarlos en la vida cotidiana de los hombres anónimos?


Vivar describe bien el ideal heroico de don Quijote en la pág 36:

Sin embargo, para don Quijote lo importante son los ideales heroicos. Él vive atrapado en su memoria y en la voluntad que tiene de «recuperar» los valores de la caballería. Si don Diego vive en el presente porque no ve otra posibilidad de existencia sino acomodarse a la circunstancia, don Quijote no se doblega al presente y ajusta su destino de acuerdo con los ideales de la caballería.
Aunque viva en una «edad de hierro» cree que con su voluntad de héroe podrá instaurar los ideales de una «edad de oro».

Prefiere lo ideal a lo real. Este es su proyecto: acomodar la realidad a sus ideales e influenciar la realidad para transformarla. La manera más evidente de mostrar su proyecto a los demás es a través de la aventura. Esto es así, porque como señala Ortega y Gasset «la aventura quiebra como un cristal la opresora insistente realidad. Es lo imprevisto, lo impensado, lo nuevo. Cada aventura es un nuevo nacer del mundo, un proceso único». El héroe busca la aventura, la gente común la vida ordenada del presente.
La aventura frente al mundo repetitivo de los hechos humanos.
 
Vivar, 99: 

La libertad elegida por don Quijote [cuando decide abandonar el palacio de los duques] supone la victoria de la existencia sobre la actuación, de la autenticidad sobre el artificio. [...Los duques] No desean regresar a la opacidad de la rutina, prefieren el brillo de la fiesta.
 








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