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lunes, 1 de agosto de 2016

"Menos la Luna y yo", de Jesús Cotta

Si según Luis Cernuda hay tres tipos de poesía: "cuando lenguaje hablado y lenguaje escrito coinciden, como ocurre en las Coplas de Manrique; cuando lenguaje hablado y lenguaje escrito comienzan a diverger, como ocurre en Garcilaso; y cuando lenguaje hablado y lenguaje escrito se oponen, como ocurre en Góngora"; los poemas de Jesús Cotta los incluyo en el primer grupo.

El verso de Cotta posee la naturalidad del lenguaje hablado y la belleza del lenguaje poético. Sus estrofas son sencillas pero métricas. Su lenguaje es asequible pero poético. 





A mi modo de ver, la clave de la poesía de Cotta está en que él es un vir bonus peritus dicendi. Tiene pericia en la escritura, pero es un hombre bueno (un hombre bueno es el que quiere serlo). Cotta no se esconde detrás del lenguaje, no es artificioso, no quiere parecer lo que no es. Cotta habla desde el alma, por eso su poesía es auténtica. Posee la rara facilidad de la sencillez. No sé si detrás de sus versos hay mucho trabajo, pero la sensación que ofrece es que su palabra, como la de Machado, mana de un manantial sereno; pero mana, fluye

Los temas de su poesía son los temas de su vida y, por tanto, de la vida: el amor, la muerte, sus hijas, Dios...
Cotta, como yo (somos estrictamente compañeros), es filólogo clásico, profesor de griego, y se nota. Los mitos grecolatinos fluyen de su pluma con la naturalidad del que los ha leído, traducido, sentido, amado. El mito clásico no es para Cotta un prurito de erudición, un ornato poético. No. Los mitos en su palabra están vivos.


¿Con qué poema me quedo de su poemario Menos la Luna y yo? No sé. Todos me gustan. No veo ninguno estentóreo. Los he disfrutado de un tirón. Pero aquí va uno (página 59).


LA GOLONDRINA

                                                                             A mi hermana Antonia

                      Loco de amor perdido estaba Dios
       cuando se le ocurrió la golondrina.
                      Cómo tembló cuando la echó a volar.
       Y cómo vuela desde entonces. Mírala.
                      Mira la gracia remontar el vuelo,
       lanzarse al sol, pastorear la brisa,
       rasgar el vendaval con alas negras,
       el pecho rojo de quitar espinas.
                      Audacia favorita de los vientos,
       acrobacia nocturna en pleno día,
       golondrina de Dios, yo te celebro,
       porque eres la cometa de mi vida,
       llevaste al cielo el alma de mi padre,
       y un día llevarás también la mía.


Jesús, gracias por tu libro.

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