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viernes, 1 de abril de 2016

Escuela, Estado y Mercado ante la lectura


Beneficios de la lectura
Escuela
(el saber)
Estado
(el poder)
Mercado
(el vender)
1
Otorga una llave para abrir el enorme tesoro del conocimiento acumulado en los libros a lo largo de los siglos
Ha de enseñar a discernir entre información y  conocimiento: el maestro-guía ahora es más necesario que antes
Fomenta la sociedad de la información, pero no puede enseñar a discernir
Promueve la digitalización. Para el mercado la lectura es un acto de consumo. Se interesa más por la cantidad, que por la calidad.
2
Proporciona un deleite intelectual, complementario de los placeres corporales
Puede enseñar a deleitarse con la lectura: un deleite más barato y saludable que otros que se presentan a los jóvenes.
El Estado de sociedades masificadas se ocupa más de la televisión como fuente de información y como espectáculo (concursos, series…) que de los libros.
Las televisiones privadas se han instalado en el todo vale para subir audiencia. Telebasura. Embrutecimiento.
3
Permite viajar a través del tiempo y entrar en comunicación con personas de otras épocas
La escuela ha de presentar a los alumnos textos contemporáneos y de las épocas anteriores, con criterio pero sin censura.
Suele promover textos sesgados en función de la ideología estatal o partidista. Dirigismo.
Le interesa hacer caja con libros actuales: best-sellers, promovidos con todos los resortes de la publicidad.
4
Saber leer constituye una escuela de diálogo
La lectura inteligente supone escuchar y entender a otro antes de emitir juicio alguno.
Los partidos suelen actuar como oligarquías que aspiran a imponerse. La negociación es un mal menor.
El mercado pone el foco en espectáculos sociales: deporte y conciertos de masas, con los que obtiene pingües beneficios.
5
Sirve de contrapeso al poder de las imágenes
Leer es ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen. Faculta para relativizar la fascinación icónica.
Busca el impacto inmediato a través de los medios de comunicación, particularmente de la televisión: prefiere el mundo de la imagen.
Desde el invento de la fotografía y después, de la televisión, ha fomentado una civilización de la imagen al servicio de sus intereses. Los estereotipos de belleza son nocivos por irreales.
6
Ofrece instrumentos conceptuales para la crítica política
A partir de la lectura de libros, la escuela puede enseñar a criticar los discursos del poder.
El Estado es propagandístico por definición.
Los partidos necesitan abultadas subvenciones que la banca y el mercado rentabilizará en favores políticos.
7
Mejora la capacidad discursiva
Los libros contienen discursos no reductivos que enseñan, convencen y emocionan.
Los mítines, espacio privilegiado del mensaje político, priman lo emocional sobre lo racional: frases breves, contundentes, no argumentadas y en tono elevado.
El mercado se sirve de las redes  sociales, donde el prototipo es el balbuceo verbal que representa twitter: ideas fragmentarias de un imposible discurso.


Muchas son las dimensiones que pueden abordarse en relación con la lectura. Voy a esbozar varias:

Libros y conocimiento. Lectura: llave del conocimiento.
El conocimiento humano se adquiere por dos vías: una inmediata (directa) y otra mediata (por intermediarios: padres, educadores, informadores, etc). La mediata puede ser oral o escrita.
La mayor parte de los conocimientos los adquirimos de modo mediato, no solo porque recibimos más información por el oído que por la vista, sino porque lo que vemos (un monumento, por ejemplo) precisa de una interpretación mediada (oral o escrita) para que su conocimiento sea más pleno.
Leer libros multiplica exponencialmente las posibilidades de ampliar nuestros conocimientos al permitirnos acceder a un sinnúmero de mediadores de información y de viajar a través del espacio y del tiempo de un modo insospechado.
Ahora bien, saber leer y leer de hecho no garantiza que ampliemos sustancialmente nuestro conocimiento, puesto que se pueden leer solo textos de ficción de poca calidad. Para que la lectura sea fructífera en la adquisición de conocimientos se precisan guías, orientadores. Al menos en una primera fase: infancia, adolescencia, juventud... es difícil que sin orientación ajena se hallen textos clave.




Palabra e imagen. Leer y ver. Libro frente a foto estática y dinámica.
Las palabras y las imágenes no son entes iguales. Las palabras son inteligibles; las imágenes, visibles. No es lo mismo leer que ver. El mundo es visible. Ver es inevitable. No se puede vivir (salvo que se sea invidente) sin ver; se puede vivir sin leer. No es que necesitemos ver, vemos aunque no lo pretendamos.
Puede definirse leer como ascender al monte de la abstracción desde el valle de la imagen. Aprender a leer es arduo, exige esfuerzo. Adquirido el hábito, se posee una facilidad, un dominio y un gozo en la actividad lectora, pero el proceso de adquisición de un hábito suele ser lento. La familia y la escuela son ámbitos primordiales para adquirir ese hábito. Sin embargo, el hábito lector es de muy diversa naturaleza, pues no hay un solo tipo de lectura, ni un solo tipo de libros. Puede gustar leer solo libros de ficción de fácil consumo, o leer libros de ficción de mayor enjundia, a además gustar de leer poesía y/o libros de ensayo...
La sociedad de consumo, al mercantilizar los libros ha creado un tipo de lectura-consumo: una tarea meramente lúdica, de entretenimiento, sedante, de evasión, que se alimenta de textos por lo general actuales, de fácil lectura, diseñados para penetrar de modo sencillo en el cerebro, a menudo con recursos propios del cine. La lectura-consumo no obtiene los frutos de la lectura no mercantilizada.
Sea lo que fuere, leer introduce en el mundo de la abstracción, diverso del icónico, del mundo del espectáculo. El lector, en principio, está más capacitado para contrarestar la fascinación inherente a las imágenes.

Lectura y discurso. Pensamos con palabras. Nos comunicamos con palabras. Cada hablante comparte la misma lengua con una población de hablantes. Pero cada hablante posee la lengua de un modo diverso: más o menos léxico, más o menos capacidad discursiva. La energía retórica suele facilitar el poder de convicción, el ascenso social. Las estrategias discursivas son importantes para acceder o permanecer en el poder, sea del tipo que sea: familiar, vecinal, laboral, municipal, estatal, etc.
En este sentido, no es lo mismo leer solo traducciones de libros de consumo que frecuentar también obras de autores en sentido etimológico, escritores que aumentan el mundo con su léxico, su interpretación, sus relatos, sus observaciones, sus descripciones. No es lo mismo leer a avezados narradores y ensayistas que solo textos de distracción.

Lectura y poder. Lectura y democracia. Se puede ser un mero ejecutor de instrucciones ajenas (homo habilis) o una persona que sabe, que piensa, que tiene ideas propias y sabe expresarlas (homo sapiens). Los gobernantes tiránicos gustan de regir ciudadanos habilidosos; los justos, respetuosos con la libertad, gustan de regir ciudadanos racionales y libres, con pensamiento propio. Excuso decir que la distinción entre tirano y justo no se corresponde necesariamente con un determinado sistema de gobierno. Se puede ser gobernante elegido en las urnas y poseer un talante tiránico.
El concepto de democracia no es unívoco. Escoger cada cuatro años entre un conjunto limitado de listas cerradas de individuos cuyo único mérito consiste en ser afecto a los que confeccionan las listas digamos que no es un sistema muy participativo. Una democracia así es más bien una partitocracia, una oligarquía, un club de socios que precisa un desorbitado apoyo financiero para darse a conocer y mantenerse a flote en una sociedad masificada.
El lector está más preparado que el no lector para hacer la crítica del poder. Un lector pensante está en más capacitado para denunciar el proceso icónico de divinización de magistrados y militares en el final de la República romana. Un lector pensante (los profesores de latín y griego, por ejemplo) estuvo más preparado para disentir del ascenso de Hitler en el poder.

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