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sábado, 9 de enero de 2016

A orillas del Duero



Voy a la librería Neblí, en la calle Serrano, y me topo con el escritor Luis Ramoneda y con su nuevo libro. Lo compro. Se titula A orillas del Duero (diario de un idealista, 1970), Fundación González, Madrid, 2015.
Lo leo. Prosa tersa. Un diario desnuda un alma. Si el alma es honda, llega; si el alma es turbia, pues... Pero el alma de Luis es honda. Aparecen palabras nuevas para mí: mohedas, empereza, encisos, amurados, breñal, esquilas, tenadas, forsicias, grisura, hornija...
Y bellas metáforas:

despertador, verdugo del encanto de la noche
he sentido mi fragilidad abierta como un abismo
rescoldo de insuficiencia
un día demasiado adolescente

El muchacho autor del diario es un chico sensible, nostálgico, que conecta con personas del presente y del pasado -"un silencio que me trae otras ausencias"-, amante de las letras. Se palpa el influjo paterno y materno. Su padre "era un idealista"; "he visto a mis padres leer algún rato todos los días". Su madre servía "de cauce de la alegría".

Y una pregunta interesante emerge en el libro: "¿Cervantes, ha sido más beneficioso para la humanidad por su participación en la batalla de Lepanto o por el Quijote?".

(Lo que sucede (respondo yo) es que sin las intensas vivencias cervantinas en Lepanto y en su cautiverio en Argel, es probable que el Quijote carecería de su hondura...).

¿Estamos ante un diario con sensibilidad machadiana, a orillas del Duero?


Honos, non onus, care Ludovice, mihi fuit tuum librum legere.

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