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sábado, 3 de octubre de 2015

"sacrificar a la retórica lo que se debe a la verdad"

p. 144: cuán poco valen los dones más brillantes del ingenio, las más felices disposiciones de la naturaleza, cuando no las acompaña aquella severa e inflexible disciplina intelectual, tan atenta a lo pequeño como a lo grande, sin la cual degenera la erudición en fárrago impertinente y la agudeza mental en curiosidad pueril o en vano juego de la fantasía.

p. 145: Hay en el libro de Los Infantes una teoría completa, que no se funda en vagas generalidades, sino en la comprobación experimental y minuciosa de un caso que vale por muchos.

p. 145: a ligereza en que suelen incurrir los hombres de genio sintético cuando tratan de cosas que no les son familiares



p. 156: Tal es el libro del señor Menéndez Pidal por lo que toca a su materia y contenido; pero lo que no puede resumirse en pocas líneas, lo que hay que estudiar en cada página de la obra misma, es el método preciso, severo, verdaderamente científico que la informa. Ni declamaciones, ni vaguedades: el autor se ciñe sobriamente a su asunto, y llega a apurarle; pero como tiene el don de ver lo general en lo particular, ilustra de paso y con gran novedad y discernimiento ya la teoría histórica de nuestra epopeya, ya los puntos más oscuros de nuestra primitiva versificación, ya las instituciones y costumbres a que se alude en los poemas, ya las frases de dudosa interpretación que en ellos ocurren.

p. 159: cátedra que, mientras la ocupe tal profesor, no ha de ser un nuevo foco de vanidad y palabrería, sino verdadero laboratorio en que se forme y adiestre una legión de trabajadores

p. 159-160: El señor Menéndez Pidal se ha librado hasta ahora, y gracias a su método y a su carácter se librará [p. 160] siempre, de escribir ninguna palabra ociosa, de sacrificar a la retórica lo que se debe a la verdad, de proceder por aproximaciones y tanteos y no por vista real y sincera de la cuestión que se estudia, de afirmar temerariamente cuando se debe dudar, de abstenerse tímidamente cuando se debe afirmar. Une a la valentía de pensamiento y a la sabia moderación del estilo, el más nimio escrúpulo de la exactitud y el desinterés científico más absoluto, que en modo alguno ha de confundirse con la indiferencia, pues sin particular vocación, sin amor entrañable al asunto, sin el fervoroso amor de patria que es el genio latente de todas estas empresas, ¿quién iba a imponerse en la edad más floreciente de la vida, trabajos tan arduos, tan pertinaces, tan duros, tan inamenos, que bastarían para quebrantar una organización de hierro, a no sostenerla aquel sobrenatural poder que proporciona sabiamente los medios a los fines y nunca desampara al artífice de una obra honrada, hasta que la ve dignamente cumplida?
 

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