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jueves, 21 de mayo de 2015

Aceptar la finitud

El ser humano es un ser finito, limitado. Limitación ontológica, existencial, vital.

De acuerdo con su teoría de las generaciones, Ortega y Gasset sitúa los treinta años como la edad en la que los humanos abandonamos la juventud. Madurez implica, entre otras cosas, tomar posesión de lo real. En este sentido, nunca terminamos de madurar, pues tampoco llegamos nunca a hacernos cargo de(l) todo. Ahora bien, hacerse cargo de la realidad, en la medida en que nos es posible, implica «reconocer los límites dentro de los cuales van a moverse nuestras posibilidades»1.
 


1 Ortega y Gasset, J. Meditaciones del Quijote, Cátedra, Madrid, 2012 (9ª ed.), 207.

José María Barrio:


LA BIOÉTICA HA MUERTO. ¡VIVA LA ÉTICA MÉDICA!


Cuadernos de Bioética XXVI 2015/1ª



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