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jueves, 19 de marzo de 2015

"El mundo es vasto y nos espera siempre"

Soy muy cercana a sor Juana, a la virgen María como presencia manifiesta, a María Zambrano, a santa Teresa y a san Juan de la Cruz, con quienes celebro mi escritura porque voy hacia ellos. Igualmente me dirijo a Catulo y a Marcial, que son exquisitos de majaderos, soeces y sublimes. Siguiendo a Heidegger, somos nosotros los que pasamos, el tiempo es el mismo. Para mí, Cayo Valerio Catulo es un junior contemporáneo cuya pasión no son los coches de carreras, la ropa de marca o el futbol, sino la poesía. Y mira hace cuánto que vivió. Yo frecuento a Homero como si fuera mi vecino. De verdad que a veces me digo, ¿qué hago en este mundo?, si mis amigos reales están allá, tan lejos, pero los vivo muy cerca, de manera entrañable, a veces me los sé de memoria, y en ellos encuentro la verdad. La poesía puede estudiarse desde la historia de la literatura, pero hay que recordar que importantes poemas que hoy son textos sagrados, como el Cantar de los cantares o el Libro de los muertos alguna vez fueron simple y llanamente poemas. Entonces, no me interesa la nacionalidad ni la época, me interesa la posibilidad de lograr el registro del ámbito mítico en el poema, ese aliento de culto y de misterio, ese plano en el que animales y hombres conviven sin pesar. Por otra parte, me encanta mi país, me gusta mucho la poesía de mi país, de toda Hispanoamérica, me siento viva en este entorno que me nutre profundamente, como también hondo me ha alimentado la poesía española. El mundo es vasto y nos espera siempre.

Minerva Margarita Villarreal aquí.



Yo escribo demorándome en el ritmo, depurando, lijando, como si se tratara de una escultura o de un baile cuyos pasos afinara cada día. Así se desata la fuerza en la palabra, por invocación, con insistencia.

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