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jueves, 4 de abril de 2013

Escaso teatro medieval


Leo en una historia de la literatura española que la escasez de obras teatrales medievales se debe a la acción de la Iglesia, que no ve con buenos ojos el género, al menos tal como se había desarrollado en la antiguedad griega y romana. El teatro que, según este autor, había sido una importante diversión para los antiguos, está prácticamente desaparecido en la Edad Media.

Estas reflexiones me parecen, de entrada, bastante reductivas. Porque una cosa es el teatro popular, véanse farsas, mimos, representaciones de cualquier índole... que existen siempre en cualquier sociedad, y otra bien diversa es el teatro compleja y verbalmente elaborado y representado de un Sófocles o un Plauto.

Este tipo de teatro no puede nacer ni desarrollarse en cualquier sociedad. De hecho, en Grecia, encontró un humus favorable en Atenas, tras largos siglos de épica, lírica, fábulas, fiestas y procesiones religiosas, filosofía, retórica... La tragedia y comedia griega nacieron en una ciudad amplia y populosa, con un gobierno fuerte, y unos recursos suficientes también para la edificación del recinto.
El teatro romano también precisó de determinadas condiciones.

Alborg, en su manual de Historia de la Literatura explica que:

a) el teatro fue decayendo a lo largo del Imperio Romano
b) paralelamente fueron aumentando representaciones de tipo más rudimentario y tono frecuentemente lascivo contra las que se pronunció la Iglesia en la antigüedad tardía.
c) son las celebraciones litúrgicas medievales las que impulsan el desarrollo del primer drama europeo (adviértase que tanto el teatro griego como el europeo poseen orígenes religiosos).

Alborg, que menciona cómo las partidas alfonsíes fustigan determinados abusos dramáticos, no menciona que la Iglesia vetara la representación de obras teatrales grecolatinas durante la Edad Media.

¿En qué medida se conocían? ¿Las hubiera entendido el pueblo? En sus lenguas originales evidentemente, no. ¿Respondían a la sensibilidad medieval? Lo dudo.

Al final de la Edad Media, en el Renacimiento y, sobre todo, en el Barroco, resurge de nuevo con fuerza el género teatral con obras semejantes en envergadura a las antiguas. Pero surge un teatro nuevo acorde a unas sociedades nuevas. ¿Es que la Iglesia no tiene peso en el Renacimiento y en el Barroco?

Lope, Tirso, Calderón, Shakespeare, Moliere... crean nuevas obras, con mayores o menores influencias grecolatinas, pero nuevas. El siglo XVII muestra una madurez cultural semejante a la del siglo V griego, tras una intensa producción literaria renacentista, tras unos escarceos cultos y populares del drama, y en medio de un movimiento estético tremendamente propicio a la escenografía y al drama.
Si el teatro griego es deudor de la épica homérica y de la lírica griega, de la mitología y de la filosofía; el teatro europeo es deudor de una sociedad cristiana, y está henchido de leyendas medievales. No casa ese antagonismo per se entre Iglesia y teatro cuando la iglesia triunfante tridentina y barroca ve nacer uno de los momentos cumbre del teatro universal.
Por lo demás, en nuestro suelo, la relación de Lope, Tirso o Calderón con la Iglesia no parece haber sido demasiado hostil... los tres abrazaron el estado clerical.

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