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lunes, 1 de abril de 2013

El asno de oro y el Quijote

Cualquier parecido entre El asno de oro de Apuleyo y el Quijote la veo como pura coincidencia... Ciertamente, en ambas novelas -que novelas son...-, hay una metamorfosis: de Lucio en asno (y vuelta), y de Alonso Quijano en don Quijote (y vuelta). Pero Lucio es un personaje plano, un narrador observador, que no evoluciona; una voz que cuenta lo que ve: un espectáculo a menudo desolador, un espacio de crueldad y de pillaje, unas relaciones humanas cargadas de desafecto.
El Quijote, en cambio, nos presenta personajes vivos. Los protagonistas evolucionan, ofrecen diversas facetas -particularmente el caballero.
Me llama la atención la estrechez del espacio existencial de El asno de oro. Machaconamente asiste una Fortuna caprichosa, ciega e implacable, que solo suelta sus siniestras riendas en el final del relato. El Quijote pinta un mundo completamente diverso, con una anchura inconmensurable. Hay un Dios, providente, que no aplasta al ser humano. Hay un espacio mucho mayor de libertad, donde cabe que cada uno se forje su propia fortuna, pensamiento, por cierto, procedente de los labios de Apio Claudio el Ciego y que supone una de las principales claves interpretativas de la obra cervantina.
Sí, los odres que combate don Quijote pueden proceder de Apuleyo; y algunos detalles más: rasgos cómicos, ciertas expresiones... Pero creo que son obras pertenecientes a universos muy diferentes.

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