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miércoles, 23 de enero de 2013

Quizás dejen de odiar cuando dejen de ignorar

Decía Tertuliano que "desinunt odisse cum desinunt ignorare": "dejan de odiar cuando dejan de ignorar".
La universidad europea, o sea, la universidad, surgió junto a una iglesia, un claustro, una biblioteca, y un aula. Los profesores tomaban su libro de la biblioteca, pasaban por el claustro, lo llevaban al aula, y allí leían y comentaban el libro ante sus alumnos. El profesor volvía, pasaba por el claustro, dejaba su libro en la biblioteca. Los alumnos charlaban entre ellos y con los profesores en el claustro. ¿Y la iglesia? En la iglesia se rendía culto a Dios, y a Cristo: "Camino, verdad y vida". Si Cristo era la verdad, existía la verdad, y se podía buscar: con la mente y en los libros, y enseñar, desde la biblioteca, por los claustros, y hasta las aulas.
Si había un libro sagrado, los libros, en cierta medida, gozaban de sacralidad.
La universidad nació como una reunión en torno a los libros, bajo el aliento de Dios desde su iglesia.

Esta historia, al parecer, la desconoce el rector Carrillo, de la Complutense, y, según comentan, desea suprimir las capillas de la universidad. Le sobran las capillas. ¿Le sobrarán los claustros, las bibliotecas, los libros, los profesores y los alumnos? ¿Dejará de odiar si deja de ignorar?

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