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jueves, 13 de diciembre de 2012

Decálogo `rusoniano` del buen alumno


1) El alumno es bueno por naturaleza; el profesor es sospechoso por definición. Por ello, durante todo el proceso educativo, el alumno contará con la presencia de su abogado.

2) Lo primero es el confort del alumno. Un psicólogo paliará los efectos dañinos de las bajas calificaciones y otras agresiones educativas.

3) Evítense las palabras que inspiran temor como investigación, trabajo o examen.

4) No es que los alumnos suspendan: es que los profesores fracasan en su docencia y en su evaluación. Un suspenso es más indicativo de los prejuicios del profesor que de la ignorancia del alumno.

5) En caso de conflicto, el alumno es la víctima; y el profesor, el verdugo. El alumno es frágil como la porcelana, y las manazas del profesor -máxime las de un docente que investiga y publica- pueden quebrarlo.

6) La obtención de un título no debe ser entorpecida por la exigencia del profesor. Sonrisas aquiescentes, no ampliación de horizontes es lo que necesita el alumno.

7) Es el profesor quien debe adaptarse al alumno; no el alumno el que debe aprender del profesor. Si el alumno incumple la normativa, se le puede advertir, siempre que la corrección se envuelva en océanos de disculpas.

8) El alumno es el protagonista; el profesor, un auxiliar del proceso educativo. No se trata tanto de que el alumno aprenda, como de que el profesor comprenda.

9) Nada debe provocar tensión, miedo o frustración en el alumno. Ha de evitarse todo debate. Lo importante es el método: el cómo, no los qués, ni los porqués. Los qués y los porqués pueden romper la convivencia democrática.

10) Los profesores deben ser educados, humildes, delicados y correctos en el porte; los profesores deben sonreír a los alumnos maleducados, pedantes, groseros y de pantalones caídos.

2 comentarios:

  1. Bueno, yo creo que la esencia de esta ironía educativa radica en un `principio en la confusión del "tú" como forma inapropiada de dirección discursiva en un entorno de aprendizaje con menores. Cuando la madurez educativa está asimilada, no existe confusión (o no debe existir) entre nombramiento y cualificación tutorial.

    Pero también es cierto que la propia historia evolutiva de los profesores demuestra que también han sido alumnos... enseñas lo que aprendiste.

    Un buen profesor nunca debería dejar de ser alumno, pues si no es capaz de aprender también de ellos no evolucionará en su conocimiento vital.

    Otra cuestión es, tal y como se refleja en el post, que cambiemos los valores de las cosas. Ni la culpa de que uno no estudie la tiene el profesor, ni el concepto "auctoritas" puede caer en tan profundo abismo como el actual.

    Padre-hijo, profesor-alumno; ni mi hijo es mi amigo ni mi profesor un colega. Mi hijo es mi hijo y mi profesor es mi profesor. Cada cual en su papel y la relación cordial no quita el amor a mi hijo y el respeto y cariño a mi profesor por lo que me hace madurar.

    No me imagino a Alejandro Magno diciéndole a Aristóteles cómo dar las clases.

    Un saludo cordial Antonio, (no me hace falta poner el "D.", porque tengo bien claro quién es quien).

    Miguel.

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  2. Comparto lo que dices. Soy consciente, por otra parte, de que puedo pecar de ironía, pero a veces hay que pasarse un poco para tomar perspectiva... Un abrazo y gracias.

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