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jueves, 15 de noviembre de 2012

Elogio de la honradez (también intelectual)

Cuando se firma un texto, se está diciendo que todo lo escrito pertenece al firmante, es cosecha propia, lo ha pensado él. Ciertamente, nuestro pensamiento ha sido abonado por cientos (ojalá) de lecturas, por miles de horas de clase, por muchas ideas que a lo largo de la vida han ido llegando a nuestro cerebro. Todo esto constituye nuestro acervo digamos "inconsciente". Pero existen (y ahora mucho más con internet, donde copiar y pegar es facilísimo) las fuentes conscientes. Esos textos que hemos leído para hacer nuestro trabajo. Toda fuente utilizada para conformar nuestro escrito, debe ser citada; de lo contrario, nos estamos apropiando de ideas y/o textos que no son nuestros. Quien no cita, es un falsario, un deshonesto, un ladrón, un desaprensivo. Si es un estudiante o profesor, el plagiario es indigno de llamarse estudioso o intelectual. No se trata de no documentarse, pues quien no se documenta es un indocumentado. Se trata de no robar ninguna idea o frase ajena. Si se copia un texto, hay que entrecomillarlo y citar al autor. Si se traslada una idea, hay que citar la fuente.

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