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domingo, 9 de septiembre de 2012

Humanismo y cristianismo

Se me antoja un tanto pobre la definición que de humanismo ofrece el DRAE: 

humanismo.
1. m. Cultivo o conocimiento de las letras humanas.
2. m. Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos.
3. m. Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos.

"Restaurar los valores humanos" es tan vago como impreciso. El humanismo es un movimiento complejo con un primario componente estético, de recuperación del estilo latino antiguo, de más belleza que el escolástico. Y, efectivamente, tras la letra viene el espíritu. A grandes rasgos podemos decir que el humanismo se traslada al mundo grecolatino -más latino que greco- y busca en ese mundo una sabiduría que no contrapone a aquella cristiana. Petrarca lo afirma: Cicerón, si hubiese conocido a Cristo, se habría convertido al cristianismo.
"Restaurar los valores humanos" puede inducir a pensar que los imperantes eran los valores "inhumanos". Nada más lejos. En no pocos aspectos, la modernidad supone abismos de inhumanidad. De hecho, las inquisiciones son instrumento de los nacientes estados-nación, de un "todo el poder para el rey" desconocido en el medievo, donde el rey era mucho más un primus inter pares.
Normalmente se piensa en el humanismo como en aquella concepción donde el hombre adquiere una posición central. Y si es así, el humanismo no es un invento del Renacimiento, sino de la Biblia judía -asumida por los cristianos- y de la Biblia cristiana (el llamado Nuevo Testamento).
En efecto, ya desde el Génesis (cuya comparación con la Teogonía hesiódica es del más alto interés) conocemos una dignidad humana única en la creación:


Imagen y semejanza de Dios, a la cabeza de los vivientes marítimos, aéreos y terrestres. A imagen de Dios. A imagen de Dios. Tres veces se repite, como si una no fuera suficiente. Hombre y mujer. Desde el inicio: hombre y mujer, seres humanos, a imagen de Dios. Es extremadamente sucinto y claro.
La Biblia judía presenta al hombre como imagen de Dios y cabeza del mundo.
El Génesis de la Biblia cristiana -el llamado prólogo del Evangelio de San Juan- nos presenta al Verbo de Dios haciéndose carne. Por tanto Cristo es imagen visible de Dios invisible, y la imagen visible es una carne humana, un rostro humano. El rostro de Dios es humano. No cabe mayor dignidad humana. No es una apariencia humana -como la de los dioses olímpicos- es una verdadera carne humana.
No es el humanismo -en sentido amplio- un invento renacentista; sin la concepción bíblica no puede llegarse al humanismo renacentista. El mundo grecolatino no era suficiente.
 

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