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miércoles, 18 de julio de 2012

La gitanilla: discreta, honesta y hermosa

Para una sociedad de la emotividad en la que "me apetece" es un argumento decisivo, La gitanilla, una de las Novelas Ejemplares de Cervantes, debe ser muy sorprendente. Porque la protagonista es una chica de quince años discreta, honesta y hermosa. 
Discreto en el español actual no tiene la misma fuerza ni casi el mismo sentido que en el Siglo de Oro. Discreto significaba prudente, sensato, cuerdo, adjetivos bastante desprestigiados por una cultura, como la nuestra, de la voluntad y el sentimiento. El DRAE señala que discreción es 1: "Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar" y 2: "Don de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad"; no obstante, en el español actual se suele emplear más con el sentido 3: "Reserva, prudencia, circunspección". Prudente puede sonar a timorato. En realidad, y en Cervantes, el discreto, el prudente es el que gobierna su propia vida, desde su yo inteligente y racional. Hoy se prestigia que la propia vida la decida el yo emotivo-sentimental. Por eso, quizás, en la actualidad, se puede entender mejor si decimos que la Gitanilla de las Novelas Ejemplares era inteligente, aunque debemos precisar que nos estamos refiriendo a la inteligencia práctica. Porque no es tanto que la joven cuente con un gran coeficiente intelectual, sino que posee el hábito de pensar qué es lo mejor aquí y ahora, y ejecuta sus decisiones, sin dejarse llevar por impulsos. (Por cierto, esto del coeficiente intelectual es otro acoso del espíritu geométrico al espíritu de finura, como diría Pascal. Es decir, se trata de medir la inteligencia con una ecuación, siendo así que lo más relevante de la vida humana -verdad, amor y belleza- se encuentra en una dimensión a la que ni por asomo alcanzan las matemáticas).
La Gitanilla es honesta. ¿Cómo lo diríamos hoy, cuando "cada uno tiene su código", que viene a significar "sálvese quien pueda porque no sabemos qué es lo bueno y lo malo"?
Si las palabras dejan de usarse es porque lo que significan está en desuso, o desprestigiado, o se han cambiado por otras. De honesto dice el DRAE:  
1. adj. Decente o decoroso.
2. adj. Recatado, pudoroso.
3. adj. Razonable, justo.
4. adj. Probo, recto, honrado.
Quizás honrado sea el adjetivo más adecuado a nuestros oídos. Si bien razonable y justo son muy apropiados para entender el texto de Cervantes, donde entre el ser, el pensar y el deber ser no hay divorcio.
¿Y hermosa? En principio, no habríamos de tener especiales problemas. Pero la palabra sexy ("que tiene atractivo físico y sexual", según el DRAE), se ha interpuesto. Sexy es un reduccionismo. Hermoso es más amplio. En Cervantes hermosa está más próximo a lo que sobre la hermosura nos dice la acepción 3 del DRAE: "Proporción noble y perfecta de las partes con el todo; conjunto de cualidades que hacen a una cosa excelente en su línea".
De modo que la Gitanilla, en plena adolescencia, es inteligente, honrada y hermosa. Hermosa, en tercer lugar, porque es la característica menos meritoria, la más genética, diríamos hoy. La inteligencia (práctica), en cambio, y la honradez sí dependen de su obrar libre.
La suma hermosura de la Gitanilla despierta pasiones, pasiones que encienden el amor, amor que "todo lo vence", como escribió Virgilio. Frente a esa dinámica pasional, difícilmente reductible, se sitúan la cordura, la discreción, la sensatez, el dominio de sí de la Gitanilla. Libertad frente al instinto, pero una libertad inteligente. Sin cordura, la libertad es un barco a la deriva.
El nervio de la historia lo protagoniza un joven noble que se enamora perdidamente de la Gitanilla, y se muestra dispuesto a hacerse gitano para casarse con ella. Pero ella, discreta, piensa y pone sus condiciones: si en dos años él persevera en su propósito, viviendo como gitano entre gitanos, ella será suya. Pero no antes. Quiere comprobar que, más allá de la pasión, hay una voluntad perseverante y un conocimiento suficiente.
Esta es la Gitanilla y su actitud ante las pasiones que despierta.
Las Novelas Ejemplares se publican en 1613, y aunque ya Lutero había dicho que la razón es una prostituta, Cervantes, postridentino, no es de tal parecer. Estamos en el siglo XVII. Todavía no ha dicho Kant que la inteligencia solo conoce lo fenoménico, o sea, todavía no está hundida la razón en beneficio de una irracional voluntad de poder. 
Estamos en el siglo XVII. Todavía no ha llegado el mayo del 68 consagrando la espontaneidad instintiva como maximum de la bondad.
Estamos en el siglo XVII, en el barroco, un espíritu que puede adjetivarse, según Ignacio Arellano como "razonable, nada sentimental, sólido y de seria doctrina".
Cuando el pensamiento es débil, la ética también lo es. La ética o la moral se transforman en un vestido muy intercambiable y consensuable. Pero para la Gitanilla la honestidad no tiene nada que ver con el puritanismo victoriano ni tampoco con una externo código moral de usar, tirar o cambiar. Para la Gitanilla, la honestidad está plenamente conectada con la discreción, prudencia y sensatez, porque la honestidad es razonada y razonable. Por eso, en La Gitanilla se habla más de discreción (27 veces) que de honestidad (21).
La sensatez de la Gitanilla se pone especialmente de manifiesto si la contraponemos con la Carducha, personaje que se enamora del novio de la Gitanilla, que no refrena su pasión y que acaba mintiendo y provocando un homicidio.
La Gitanilla de Cervantes es, como toda su obra, un elogio de la cordura. El final es feliz, prueba de la recompensa que se obtiene al obrar con sensatez.
La novela rezuma amor a la libertad -una libertad inteligente que recuerda el aristotélico "libre es quien es dueño de sus actos", que se escenifica también en el ambiente gitano, con su interesantísimo discurso sobre el vivir gitano. La novela se puede leer también en clave de menosprecio de corte y alabanza de aldea, de Beatus ille, de elogio a la vida retirada de Fray Luis.
La anagnórisis final, el reconocimiento de la Gitanilla como hija de nobles, hay que entenderlo, opino, como un deus ex machina que permita una boda imposible según los cánones de la época. Pero en el texto, de labios de la Gitanilla, había quedado clara la igualdad radical de los seres humanos:


Si las almas son iguales,
podrá la de un labrador
igualarse por valor
con las que son imperiales.
De la mía lo que siento
me sube al grado mayor,
porque majestad y amor
no tienen un mismo asiento.


Una vez más, Cervantes es un genio. 

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