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lunes, 18 de junio de 2012

Cuestionar y cuestionarse

He leído hoy esta frase de George Carlin. Y creo que pasa demasiado rápido de leer a cuestionar. En primer lugar, hay que aprender a entender lo que se lee. Leer no es solo decodificar unos signos, sino recibir el mensaje del autor del texto, tarea nada fácil. Leer precisa un aprendizaje, un conocimiento del léxico, un manejo del diccionario, una capacidad de reflexión. Y, sobre todo, un respeto al autor y al texto. Porque tendemos a leernos a nosotros mismos cuando leemos a otros.

¿Por qué en la cadena comunicativa: ÉL (autor) - MENSAJE (texto) - YO (lector), el yo ha de ser el protagonista, el juez implacable del autor y del texto? ¿Por qué leer ha de ser, como primera medida, juzgar?

Leer es más bien ir al encuentro de otro (intendere), saber interpretar (intellegere), quitar lo superfluo (putare), reagrupar lo disperso (cogitare), sopesar (pensare).

Pues para cuestionar, primero hay que saber. ¿Qué va a cuestionar el ignorante? Si cuestionar es "controvertir un punto dudoso, proponiendo las razones, pruebas y fundamentos de una y otra parte", forma parte del proceso de lectura. Pero si cuestionar es "poner en duda lo afirmado por alguien", para dudar de algo conviene primero entenderlo, pensarlo y saborearlo, o sea, saber. Hay que saber; si no, la crítica se hará desde la ignorancia, desde un yo que aplasta compulsivamente al él (el autor del texto).

Cuestionar, ¿desde qué marco? No se cuestiona desde el vacío. La nada no existe. El pensamiento no es neutro. Quien critica, sea consciente o no, lo hace desde un marco (Lakoff), desde una visión del mundo.

¿Cuál es mi visión del mundo? ¿aristotélica? ¿nihilista? ¿marxista? ¿freudiana? ¿platónica? ¿voluntarista? ¿emotivista?

Leer es entender lo leído, y responder al mensaje. La respuesta no tiene que ser, de inicio, una duda. Cuestionemos, pero cuestionémonos más aún a nosotros mismos.

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