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lunes, 6 de febrero de 2012

Antígona en el siglo XXI

En el preludio de Antígona Siglo XXI se trae a colación la Ley de Memoria Histórica. Bien traído esté: "Y así, probablemente, todo esto de la universalidad de los textos clásicos sonará menos casual, más cercano, si pensamos en el conflicto socio-político creado a raíz de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica. Para unos, las Antígonas contemporáneas,  es imprescindible, para que todos los españoles se sientan igual ante el tribunal de la Historia. Para otros, es una forma de buscar la división de la unidad del Estado. Lo que es bueno para unos, los que no consiguieron enterrar los restos de sus muertos, es malo para otros que, habiendo enterrado a los suyos, teniéndoles presentes hasta en el callejero de sus ciudades y pueblos y en los muros de sus iglesias, entienden que buscar y desenterrar a los desaparecidos es algo así como reabrir heridas. Es probable que teman que los muertos hablen. Como Creonte".

Veo la Ley de Memoria Histórica como una tardía y anacrónica revancha de uno de los partidos contendientes -y, por tanto, parciales- en la Guerra Civil. La historia deben hacerla los historiadores, no los gobiernos, porque si no, la historia de convierte en propaganda, en damnatio memoriae.

En cualquier caso, me parece interesante debatir sobre nuestro tiempo desde la Antígona de Sófocles, dejando claro, bien es verdad, que el núcleo de la obra no es la dialéctica hombre-mujer (presente, indiscutiblemente, en la obra), sino aquella que se prodice entre las leyes no escritas y las escritas.

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